- ¿Dónde estamos parados?
- En estos últimos 10 o 15 años hemos trabajado mucho para incorporar nuevos sectores sociales al sistema: el secundario hasta fines de 2002 era casi exclusivo para clase media y sectores urbanos; a partir de 2006, con la ley de Educación nacional, se hizo obligatorio. Y en 2003, con la EGB3 en Tucumán, se permitió el acceso masivo al ciclo básico de la secundaria de los sectores históricamente excluidos. Así que para nosotros comenzó ahí el proceso de inclusión al sistema educativo de los sectores más vulnerables. Pero ahora se requiere el riesgo y la voluntad política de adecuar la estructura de un sistema educativo del siglo XIX a los requerimientos del siglo XXI.
- ¿Qué hay que cambiar?
- Muchos aspectos, desde la estructura edilicia de las escuelas hasta la condición laboral del docente. Todas las escuelas tienen que tener no sólo aulas, sino laboratorios, espacios para trabajo en equipo, para elaborar material, hacer actividades artísticas, lab media (conectividad indispensable para todas las escuelas). Y los estudiantes no debieran tener más de seis u ocho asignaturas simultáneas. Es pesadísimo para un alumno del secundario cursar hasta 15 materias simultáneas, que lo desconcentra y lo lleva a la fragmentación del conocimiento.
- ¿Y en cuanto a los educadores?
- Debe haber docentes de tiempo completo, comprometidos con una comunidad educativa. Porque hoy sólo se les paga para dar clases. Tiene que cambiar tanto la condición salarial como la pedagógica. El docente tiene que construir su pertenencia e identidad en una comunidad educativa, conocer y seguir las trayectorias escolares de sus alumnos. El ministro Bullrich se ha comprometido a trabajar la carrera docente. Hoy, la única forma que tiene un docente para cambiar de jerarquía es pasar a ser director, o supervisor. Pero hay muchas otras funciones muy necesarias, que debieran implicar una mejora salarial y/o de status para su carrera profesional: ejemplo, ser coordinador de nivel o de un área de estudio, atender a los chicos con problemas de aprendizaje, acompañar los centros de estudiantes, organizar olimpíadas, viajes de estudios, elaborar material didáctico, hacerse cargo de la comunicación interna de la escuela con la comunidad.
- Es otra clase de escuela...
- Una escuela flexible, que tienda a reducir las clases expositivas con una propuesta de trabajo en torno a proyectos que favorezcan el aprendizaje experiencial y cooperativo, en los que el estudiante tenga un papel más activo y autónomo. La “nueva escuela” debe priorizar otros modos de comunicación, la motivación y la necesidad de movimiento. Los chicos tienen que aprender y disfrutar. Y en esa “nueva escuela” juega un rol fundamental el liderazgo del director.
- ¿Es mito o realidad que la educación pública ha caído en la Argentina?
- Antes, la educación pública era para pocos. Hoy es para todos. Entonces, la variable del sector socio económico que ingresa es fundamental, más que nada porque traen otro bagaje cultural de la casa. Hoy tampoco podemos decir que la escuela privada esté mucho mejor que la pública, sino que los chicos que acceden a la escuela privada llegan con más capital cultural a la escuela, hay menos ausentismo docente, más control. Y está el tema del liderazgo del director. En la escuela pública estatal, cada dos años un director puede cambiarse. Y ese es un tema a analizar; creo que un equipo directivo y docente debería permanecer cuatro o cinco años en un mismo establecimiento para concretar un proyecto institucional. Si no, se produce cierta erosión.
-¿Hay que cambiar el estatuto del docente?
- Sí. Y el Consejo Federal es el ámbito privilegiado para la discusión y para alcanzar algunos acuerdos a nivel nacional. Un docente de la secundaria que tiene 36 o 42 horas cátedra, y en algunas provincias hasta 72 horas cátedra, se hace cargo de no menos de 500 alumnos. Entonces, conocerlos y acompañarlos, preparar material, corregir, se torna una tarea que produce mucho estrés. Si tengo un profesor que va el lunes, otro el miércoles, otro el jueves, es muy difícil armar proyectos. Habría que implementar en forma gradual, por ejemplo, a partir del año próximo, que haya un 40% de docentes de tiempo completo. Eso permitiría que los docentes de las distintas áreas puedan reunirse y articular su labor en torno a proyectos que permitan el trabajo activo, en equipo, impulsor de la creatividad. Y un programa con materias obligatorias y optativas, porque en esta época, con las Tics, con las redes sociales, no podemos tener estructuras rígidas. A partir de todo esto surgen interrogantes que no estaba previstos en las materias clásicas.
- ¿Se puede tener calidad educativa habiendo tanta pobreza?
- En este operativo de evaluación, 1.200 escuelas de sectores muy vulnerables han superado la media. Sí se puede, pero necesita un buen acompañamiento, un buen director, una comunidad que apoye , un buen equipo docente. Y por supuesto, docentes comprometidos.
- ¿La ha sorprendido el resultado del operativo Aprender?
- No totalmente. De todos modos, la prueba es un indicador más, no el único. En el Instituto Nacional de Formación Docente tenemos dos proyectos de investigación de los que está participando Tucumán. Uno está estudiando las prácticas educativas en primaria y secundaria en las cuatro áreas básicas. Van a ir a observar clases, ver cómo enseñan los docentes, cómo interactúan con los chicos. Son grupos mixtos de profesores de los Institutos de Formación Docente y de la UNT preparados para hacer un trabajo de campo, un análisis cualitativo. A partir de los resultados se llevará a cabo una reflexión pedagógica para analizar qué cosas no interpretan los chicos, lo que no resuelven bien, para buscar mejores estrategias para la enseñanza.
- ¿Por qué deja el chico la secundaria?
- Hay muchas razones, hay chicos que trabajan y hacen crisis; si no han aprendido a leer bien, a comprender un texto, a interpretarlo, a producirlo, la frustración se vuelve insostenible. Después, sienten que la escuela no les va a cambiar el futuro. Y yo digo que la mayor inequidad es que a todos les den lo mismo. El alumno tiene que poder elegir, porque las inteligencias en la vida son múltiples. Esa es la forma en que todos se desarrollen de acuerdo a sus posibilidades… Y deben tener oportunidades de inserción laboral.
- En estos últimos 10 o 15 años hemos trabajado mucho para incorporar nuevos sectores sociales al sistema: el secundario hasta fines de 2002 era casi exclusivo para clase media y sectores urbanos; a partir de 2006, con la ley de Educación nacional, se hizo obligatorio. Y en 2003, con la EGB3 en Tucumán, se permitió el acceso masivo al ciclo básico de la secundaria de los sectores históricamente excluidos. Así que para nosotros comenzó ahí el proceso de inclusión al sistema educativo de los sectores más vulnerables. Pero ahora se requiere el riesgo y la voluntad política de adecuar la estructura de un sistema educativo del siglo XIX a los requerimientos del siglo XXI.
- ¿Qué hay que cambiar?
- Muchos aspectos, desde la estructura edilicia de las escuelas hasta la condición laboral del docente. Todas las escuelas tienen que tener no sólo aulas, sino laboratorios, espacios para trabajo en equipo, para elaborar material, hacer actividades artísticas, lab media (conectividad indispensable para todas las escuelas). Y los estudiantes no debieran tener más de seis u ocho asignaturas simultáneas. Es pesadísimo para un alumno del secundario cursar hasta 15 materias simultáneas, que lo desconcentra y lo lleva a la fragmentación del conocimiento.
- ¿Y en cuanto a los educadores?
- Debe haber docentes de tiempo completo, comprometidos con una comunidad educativa. Porque hoy sólo se les paga para dar clases. Tiene que cambiar tanto la condición salarial como la pedagógica. El docente tiene que construir su pertenencia e identidad en una comunidad educativa, conocer y seguir las trayectorias escolares de sus alumnos. El ministro Bullrich se ha comprometido a trabajar la carrera docente. Hoy, la única forma que tiene un docente para cambiar de jerarquía es pasar a ser director, o supervisor. Pero hay muchas otras funciones muy necesarias, que debieran implicar una mejora salarial y/o de status para su carrera profesional: ejemplo, ser coordinador de nivel o de un área de estudio, atender a los chicos con problemas de aprendizaje, acompañar los centros de estudiantes, organizar olimpíadas, viajes de estudios, elaborar material didáctico, hacerse cargo de la comunicación interna de la escuela con la comunidad.
- Es otra clase de escuela...
- Una escuela flexible, que tienda a reducir las clases expositivas con una propuesta de trabajo en torno a proyectos que favorezcan el aprendizaje experiencial y cooperativo, en los que el estudiante tenga un papel más activo y autónomo. La “nueva escuela” debe priorizar otros modos de comunicación, la motivación y la necesidad de movimiento. Los chicos tienen que aprender y disfrutar. Y en esa “nueva escuela” juega un rol fundamental el liderazgo del director.
- ¿Es mito o realidad que la educación pública ha caído en la Argentina?
- Antes, la educación pública era para pocos. Hoy es para todos. Entonces, la variable del sector socio económico que ingresa es fundamental, más que nada porque traen otro bagaje cultural de la casa. Hoy tampoco podemos decir que la escuela privada esté mucho mejor que la pública, sino que los chicos que acceden a la escuela privada llegan con más capital cultural a la escuela, hay menos ausentismo docente, más control. Y está el tema del liderazgo del director. En la escuela pública estatal, cada dos años un director puede cambiarse. Y ese es un tema a analizar; creo que un equipo directivo y docente debería permanecer cuatro o cinco años en un mismo establecimiento para concretar un proyecto institucional. Si no, se produce cierta erosión.
-¿Hay que cambiar el estatuto del docente?
- Sí. Y el Consejo Federal es el ámbito privilegiado para la discusión y para alcanzar algunos acuerdos a nivel nacional. Un docente de la secundaria que tiene 36 o 42 horas cátedra, y en algunas provincias hasta 72 horas cátedra, se hace cargo de no menos de 500 alumnos. Entonces, conocerlos y acompañarlos, preparar material, corregir, se torna una tarea que produce mucho estrés. Si tengo un profesor que va el lunes, otro el miércoles, otro el jueves, es muy difícil armar proyectos. Habría que implementar en forma gradual, por ejemplo, a partir del año próximo, que haya un 40% de docentes de tiempo completo. Eso permitiría que los docentes de las distintas áreas puedan reunirse y articular su labor en torno a proyectos que permitan el trabajo activo, en equipo, impulsor de la creatividad. Y un programa con materias obligatorias y optativas, porque en esta época, con las Tics, con las redes sociales, no podemos tener estructuras rígidas. A partir de todo esto surgen interrogantes que no estaba previstos en las materias clásicas.
- ¿Se puede tener calidad educativa habiendo tanta pobreza?
- En este operativo de evaluación, 1.200 escuelas de sectores muy vulnerables han superado la media. Sí se puede, pero necesita un buen acompañamiento, un buen director, una comunidad que apoye , un buen equipo docente. Y por supuesto, docentes comprometidos.
- ¿La ha sorprendido el resultado del operativo Aprender?
- No totalmente. De todos modos, la prueba es un indicador más, no el único. En el Instituto Nacional de Formación Docente tenemos dos proyectos de investigación de los que está participando Tucumán. Uno está estudiando las prácticas educativas en primaria y secundaria en las cuatro áreas básicas. Van a ir a observar clases, ver cómo enseñan los docentes, cómo interactúan con los chicos. Son grupos mixtos de profesores de los Institutos de Formación Docente y de la UNT preparados para hacer un trabajo de campo, un análisis cualitativo. A partir de los resultados se llevará a cabo una reflexión pedagógica para analizar qué cosas no interpretan los chicos, lo que no resuelven bien, para buscar mejores estrategias para la enseñanza.
- ¿Por qué deja el chico la secundaria?
- Hay muchas razones, hay chicos que trabajan y hacen crisis; si no han aprendido a leer bien, a comprender un texto, a interpretarlo, a producirlo, la frustración se vuelve insostenible. Después, sienten que la escuela no les va a cambiar el futuro. Y yo digo que la mayor inequidad es que a todos les den lo mismo. El alumno tiene que poder elegir, porque las inteligencias en la vida son múltiples. Esa es la forma en que todos se desarrollen de acuerdo a sus posibilidades… Y deben tener oportunidades de inserción laboral.







