El primer mes del ciclo lectivo siempre está dedicado al repaso de lo aprendido en el año anterior. Pero a veces un mes no basta. Los chicos llegan al curso con serias falencias básicas que inexplicablemente pasaron invisibilizadas para los profesores de los años que aprobó. Estudiar matemática es un proceso, una práctica y un ejercicio de razonamiento. Tres objetivos a los que al adolescente le cuesta llegar, porque generalmente le falta constancia, paciencia y cultura del esfuerzo.
Marina Beverina, profesora de Matemática del Colegio Huerto (secundaria) se sorprende por lo mucho que les cuesta a los chicos de hoy la concentración y la sistematización de los conocimientos. “Los chicos creen que matemática puede ser igual que historia, que se pueden sentar toda la noche y a la mañana siguiente saber todo. En las ciencias duras, como matemática, no ocurre ese tipo de cosas. Pueden quedarse toda la noche estudiando matemática, pero al día siguiente no van a saber porque necesitan un proceso… Les falta sistematización en el estudio: dedicarle más horas al día y tener quién les explique para sentarse en su casa a practicar. ¡Con entender no basta, hay que practicar!”, afirma la docente, que también es directora de Estudios del Huerto.
Beverina propone comunicarse con el alumno en un lenguaje básico: “si bien la matemática tiene una terminología especial, yo creo que al principio, el profesor debería hablarle a los chicos en un lenguaje básico y accesible hasta que logre que les guste y entiendan. Hay que hacérsela entendible y lógica… Hay que usar términos que los chicos puedan entender”.
Es necesario que el profesor sea el primer entusiasta para que los chicos se entusiasmen. Para ello propone comenzar con un lenguaje sencillo, e ir aumentando de nivel de complejidad a medida que se avanza en los conocimientos. “Lo ideal es que se empiece dando cosas sencillas, que los chicos puedan resolver, que se sientan poderosos viendo que pueden y de a poquito ir llevándolos para que puedan hacer cosas más complicadas. Hay que motivarlo demostrándole que es capaz”, dice la profesora.
José Gómez, docente del Instituto privado San Gabriel, de Aguilares, reconoce que la tecnología aún no está incorporada en las escuelas y eso trae muchos problemas. “Hoy, más que motivar al chico, la tecnología se viene en contra, porque dispersa al alumno y no lo deja concentrarse”, lamenta. Los docentes necesitan capacitarse pero falta una oferta variada, dice.
Gómez entiende que la matemática es un proceso que requiere un estudio sistematizado. Por eso sostiene que la nivelación de los alumnos antes de comenzar el programa es fundamental. A veces requiere más tiempo, por eso trabaja en talleres en contraturno para poder nivelarse y recién comenzar todos juntos a aprender los nuevos contenidos. “A veces la nivelación lleva dos o tres meses y cuando uno se demora a fin de año resulta que sólo ha cumplido con el 60% de la planificación”, advierte.
Para la docente Miriam Romano, que trabaja en escuelas secundarias rurales, las operaciones básicas de matemática son el principal escollo con el que se encuentra. “Como matemática se relaciona con las otras áreas, los problemas también están ligados a las falencias en comprensión de texto y escritura. El docente tiene que partir de que no todos los alumnos tienen el mismo nivel. Por eso, a comienzo de año les pido que escriban un texto y que hagan operaciones básicas. Esto me sirve para ver cuáles son las falencias y fortalezas para empezar la nivelación”, explica.
Para motivarlos, Romano lleva cartulina y goma Eva y les pide que corten figuras geométricas. Eso les gusta. Además un toque de humor en la clase es su pócima mágica para atraer la atención de los chicos.
CONCLUSIONES

Dificultad para dedicarle tiempo
La matemática requiere tiempo y mucha práctica, pero la falta de la cultura del esfuerzo impide a los jóvenes ejercitarse. Esto juega en contra de la sistematización de los conocimientos.

Falta de concentración
La dispersión es la principal causa de la falta de constancia de los adolescentes a la hora de aprender matemática. Por eso los chicos fallan muchas veces en las operaciones más sencillas.
Ausencia de motivación
Las nuevas tecnologías nunca fueron incorporadas a la clase de matemática. Con ello se pierde una oportunidad para motivar a los alumnos con herramientas que ellos manejan.







