En el Cementerio del Norte (avenida Juan B. Justo y México) nadie puede descansar en paz. José Luis Chávez envió un mensaje con foto a LA GACETA en Whatsapp, en el que exhibió el triste estado del camposanto. “Hay un matorral donde se acumulan víboras y ratas. También lo pueden usar para esconderse los delincuentes”, señaló.
Con la pala en mano y la transpiración en el rostro, Gerónimo Tapia desmaleza la tumba de su primo y la de su padre. “Si no lo hago yo, acá no lo hace nadie. Nunca cortan el pasto por aquí. Hace 16 años que vengo y este lugar está así”, protestó.
Al lado de la tumba de su padre, hay un sendero barroso. Tapia se quejó porque es terreno fértil para mosquitos y porque por allí no pueden circular los vehículos. “Yo puedo caminar, soy joven. Pero los más viejos o los que tienen dificultades para caminar no pueden acceder a esta parte del cementerio”, aseveró.
Al igual que Tapia, Ariel Díaz y su esposa, Marisa Cabrera, tuvieron que desmalezar y arreglar el sepulcro de su hija. Díaz tuvo que llevar su máquina de cortar el césped. “Es mi herramienta de trabajo y tuve que traerla porque si no los pastos tapan la lápida. No se puede ni caminar”, afirmó.
Nancy y Alejandra Molina disfrutaban de unos mates en la sombra de un árbol. Recién terminaban de desmalezar la sepultura de su padre. “Hace 16 años que hacemos esto aunque pagamos mantenimiento”, se quejó Alejandra. Las hermanas explicaron que si no cortan el pasto, el lugar atrae alimañas. “Una vez dejamos de limpiar durante una semana. Volvimos a la siguiente y encontramos alacranes debajo de la lápida”, relató Nancy.
Los familiares dijeron que les cobran $ 250 por mantenimiento. Pero el precio es mucho más alto ya que deben pagar $ 400 a otras personas para que corten las malezas.
Además de la falta de limpieza, los familiares padecen problemas de inseguridad. Cabrera comentó que deben reemplazar constantemente los regalos que hacen a su hija. “Saltan la tapia y se llevan todos los juguetitos que le dejamos. Tampoco te podés quedar mucho tiempo porque te asaltan acá adentro. No se está seguro en ningún lado”, lamentó.
LA GACETA charló con dos empleados del cementerio. No quisieron dar sus nombres ya que temían por su empleo, pero ambos afirmaron que también padecen las malas condiciones del cementerio. “No tenemos agua en el baño. Yo trabajo 12 horas acá y no lo puedo usar; es inhumano”, se quejó. Su compañero relató que al trabajar de noche siente que arriesga su vida por la creciente inseguridad de la zona.
Con la pala en mano y la transpiración en el rostro, Gerónimo Tapia desmaleza la tumba de su primo y la de su padre. “Si no lo hago yo, acá no lo hace nadie. Nunca cortan el pasto por aquí. Hace 16 años que vengo y este lugar está así”, protestó.
Al lado de la tumba de su padre, hay un sendero barroso. Tapia se quejó porque es terreno fértil para mosquitos y porque por allí no pueden circular los vehículos. “Yo puedo caminar, soy joven. Pero los más viejos o los que tienen dificultades para caminar no pueden acceder a esta parte del cementerio”, aseveró.
Al igual que Tapia, Ariel Díaz y su esposa, Marisa Cabrera, tuvieron que desmalezar y arreglar el sepulcro de su hija. Díaz tuvo que llevar su máquina de cortar el césped. “Es mi herramienta de trabajo y tuve que traerla porque si no los pastos tapan la lápida. No se puede ni caminar”, afirmó.
Nancy y Alejandra Molina disfrutaban de unos mates en la sombra de un árbol. Recién terminaban de desmalezar la sepultura de su padre. “Hace 16 años que hacemos esto aunque pagamos mantenimiento”, se quejó Alejandra. Las hermanas explicaron que si no cortan el pasto, el lugar atrae alimañas. “Una vez dejamos de limpiar durante una semana. Volvimos a la siguiente y encontramos alacranes debajo de la lápida”, relató Nancy.
Los familiares dijeron que les cobran $ 250 por mantenimiento. Pero el precio es mucho más alto ya que deben pagar $ 400 a otras personas para que corten las malezas.
Además de la falta de limpieza, los familiares padecen problemas de inseguridad. Cabrera comentó que deben reemplazar constantemente los regalos que hacen a su hija. “Saltan la tapia y se llevan todos los juguetitos que le dejamos. Tampoco te podés quedar mucho tiempo porque te asaltan acá adentro. No se está seguro en ningún lado”, lamentó.
LA GACETA charló con dos empleados del cementerio. No quisieron dar sus nombres ya que temían por su empleo, pero ambos afirmaron que también padecen las malas condiciones del cementerio. “No tenemos agua en el baño. Yo trabajo 12 horas acá y no lo puedo usar; es inhumano”, se quejó. Su compañero relató que al trabajar de noche siente que arriesga su vida por la creciente inseguridad de la zona.







