La prohibición de usar el celular mientras se maneja

Por LA GACETA 04 Marzo 2017
Desde tiempo inmemorial, los gobiernos municipales han ido sancionando ordenanzas para organizar el funcionamiento de la ciudad y la conducta de sus habitantes en ella. Con mayor o menor acierto, todas han tendido a que se haga más fácil la convivencia y se aseguren la higiene, el transporte, el tránsito y mil rubros más, todos vinculados a la vida diaria en una ciudad donde hay cada vez más gente, más automotores y más edificios.

Proporcionaría interesantes resultados, sin duda alguna, un estudio minucioso, asentado sobre estadísticas, que esclarezca cuáles normas municipales se cumplen efectivamente en un número mayoritario de casos, y cuáles, en la práctica, no son acatadas nunca, o muy rara vez. Hay buenas razones para conjeturar que la cantidad de estas últimas superaría apreciablemente a de las primeras.

Esto por la singular resistencia que el vecindario de nuestra capital levanta, desde tiempo inmemorial, frente a toda norma que tienda a encarrilar su conducta y sus procedimientos en parámetros diferentes a los que su real gana le dicte. Por cierto que no ocurre lo mismo en otras ciudades argentinas. Hay en ellas porcentajes muy alto de acatamiento a las ordenanzas; así lo puede comprobar cualquier forastero que las visite. Son urbes donde se han logrado realidades de ordenamiento urbano que los tucumanos estamos muy lejos de conseguir. Se prefiere aquí una actitud rebelde, de constante desacato. Sus resultados negativos resultan claramente perceptibles, y no podía ser de otra manera.

Entre esas normas rara vez observadas, puede decirse que hay algunas cuya importancia se destaca de manera muy notoria. Por ejemplo, la que prohíbe, a quien conduce un automotor, operar su teléfono celular mientras se halle al volante. Queremos detenernos en este punto.

Parecería obvio abundar sobre las razones en que se basa la prohibición. Resulta imaginable que, quien está al comando de un vehículo, pierde la concentración que el manejo exige, sí está utilizando simultáneamente el celular. Y que esa pérdida de la concentración puede desencadenar muy serios accidentes. La Municipalidad insiste, justificadamente, en la necesidad de observar la norma referida. Incluso, recuerda explícitamente su vigencia, entre las indicaciones que, en varias arterias, proporcionan esos grandes carteles con letras luminosas, que por lo altos y visibles los percibe todo conductor.

Sin embargo, basta una mirada, aún distraída, al interior de los automotores que colman nuestras calles y avenidas, para advertir cuán numéricamente significativa es la cantidad de de conductores que aferran el celular y lo aplican a la oreja, mientras con la otra mano operan el volante. Nadie puede dudar que, en alguna de las múltiples situaciones imprevistas que se presentan en la calle (y donde es imprescindible maniobrar con rápidos reflejos), ese conductor se encuentra imposibilitado de ponerse a la altura de tales circunstancias. Ni qué decir que las consecuencias de la desatención pueden ser -y en muchos casos lo son- realmente graves para el conductor y para terceros.

Nos parece que la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, en este asunto, debe ponerse verdaderamente rigurosa. Un control estricto de la infracción que nos ocupa y multas muy fuertes que la sancionen, parece ser el único camino para sacar esta norma del cementerio de las que no se cumplen y hacerla realmente vigente.

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