Las relaciones cambiantes con el Fondo

02 Octubre 2016

Después de 10 años y 8 meses de alejamiento, y a 60 años de su incorporación al Fondo Monetario Internacional (FMI), la Argentina recibió a los representantes de ese organismo para que auditen sus cuentas públicas y, hacia noviembre próximo, emitan sus observaciones. El FMI fue fundado el 22 de julio de 1944 en Bretton Woods, por representantes de 44 países -entre los que no estaba la Argentina- y comenzó a funcionar el 27 de diciembre de 1945 en Nueva York con sólo 29 Estados miembros. En aquel tiempo, en la Argentina, Edelmiro Julián Farrell ejercía la Presidencia en un marco de alejamiento entre el avance de la influencia estadounidense en América Latina y el nacionalismo argentino imperante.

La creación del FMI y la del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), hoy Banco Mundial (BM), que comenzó a operar luego de su aprobación en 1944, fue resultado de los acuerdos a los que llegaron los Estados Unidos y el Reino Unido. Derrocado Juan Domingo Perón por el golpe de estado de 1955, el efímero presidente de facto Eduardo Ernesto Lonardi solicitó un análisis de la situación del país al economista Raúl Federico Prebisch quien, a la sazón, actuaba como secretario general de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), instrumento regional de la ONU. Prebisch, que había rechazado un pedido similar que le hiciese Perón, aceptó la propuesta de Lonardi pero como éste sólo estuvo dos meses en funciones cuando entregó sus tres trabajos técnicos, incluyó, en uno de ellos, la conveniencia de cambiar la estrategia de distanciamiento del FMI.

Ese distanciamiento llevaba ya 10 años y algunos meses y Prebisch recomendó su incorporación al FMI, lo que se concretó el 1 de agosto de 1956 siendo presidente de facto el general Pedro Eugenio Aramburu. Así como la Argentina tardó una década en incorporarse al FMI, durante otra década, la última, a partir de la presidencia de Néstor Kirchner, tampoco hubo relaciones, más allá de la formalidad de la pertenencia. Tras la decisión de Aramburu, y durante el medio siglo restante, las relaciones fueron muy activas salvo en los breves períodos correspondientes a la presidencia del radical Arturo Umberto Illia, entre 1963 y 1966; los gobiernos de Héctor José Cámpora, Raúl Alberto Lastiri y Juan Domingo Perón entre 1973 y 1974, y la primera etapa de la gestión de Raúl Ricardo Alfonsín entre 1983 y 1985, ya que, en todos estos casos, las negociaciones no existieron o fueron por demás ríspidas.

El primer acuerdo de los llamados “stand-by” se firmó el 29 de diciembre de 1958, siendo presidente Arturo Frondizi.

Entre 1976 y 1983 hubo numerosos acuerdos pero a pesar de las concesiones del ministro José Alfredo Martínez de Hoz y sus sucesores, el FMI no logró que se avanzara hacia privatizaciones ya que las Fuerzas Armadas no lo autorizaron. Por esto es que la política de privatizaciones se retomó durante la última etapa de la gestión de Raúl Alfonsín, ya sin Grinspun, y se concretó durante la Presidencia de Carlos Menem.

Las relaciones de la Argentina con el FMI prosiguieron durante toda la Presidencia de Carlos Menem y la de su sucesor, Fernando De la Rúa, en el marco de la convertibilidad “uno a uno”, entre el peso y el dólar estadounidense, que fue resistida por el FMI, en 1991, pero que subsistió 10 años.

En 2003, Kirchner, y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, iniciaron un proceso de desendeudamiento. El 3 de enero de 2006 canceló la deuda con el FMI (U$S 9.530 millones), con pagos hasta 2009, para cortar de inmediato la relación con el Fondo, interrupción que se extendió por 10 años y 8 meses, hasta el arribo de esta delegación movilizada por el nuevo encuadre de la política de financiamiento externo dispuesta por el actual presidente Mauricio Macri. (Télam)

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