El detenido por el crimen de Cipolletti sería un encubridor

Lo que mostró la autopsia. Tras el examen forense,los cadáveres de las tres mujeres fueron devueltos a la ciudad en la que fueron asesinadas por un homicida que usó ácido, un arma de fuego y otra blanca.

DOLOR. Familiares de  una de las asesinadas, la bioquímica Mónica García ,ingresan a la sala velatoria.
DOLOR. Familiares de una de las asesinadas, la bioquímica Mónica García ,ingresan a la sala velatoria.
26 Mayo 2002
CIPOLLETTI, Río Negro.- El autor del triple crimen de Cipolletti utilizó un arma de fuego para reducir a sus víctimas dentro del consultorio, según se desprende de la autopsia realizada a los cuerpos de las tres mujeres que fueron asesinadas el jueves. La autopsia determinó que la bioquímica Mónica García tenía un balazo en la parte izquierda de su cabeza.
El único detenido hasta el momento sigue siendo Orlando "El clavo" Sandoval, aunque los investigadores se inclinan por la hipótesis de que este sólo habría ayudado a esconderse al responsable de los asesinatos.
La casa de Sandoval, en el barrio Pichi Nahuel, fue la primera en ser allanada luego del fatídico hecho, el jueves por la noche, y hacia allí también se dirigieron los perros de la Policía que persiguieron el rastro de ácido acético con el que habían sido rociados los cuerpos de las víctimas durante el ataque.
Hasta la tarde de ayer, allegados a la investigación sólo habían confirmado la presencia de una bala en el cráneo de la bioquímica García (28 años).
Con el recuerdo vivo de otro asesinato múltiple acontecido en 1997, los cipoleños continuaron ayer exigiendo justicia a las autoridades. Luego de la autopsia realizada en la morgue judicial de General Roca, los cuerpos de las víctimas fueron enviados de regreso a la ciudad rionegrina más próxima a Neuquén.
Según los primeros datos recogidos por los pesquisas, la paciente de la psicóloga (Carbajales) habría muerto casi en el acto. Su cadáver fue hallado en el jardín del laboratorio, degollado. La bioquímica García murió más tarde, pasadas las 23 del jueves, tras una agonía de casi tres horas en el hospital local: tenía quemaduras de ácido y tres puñaladas. Por su parte, la psicóloga Marcovecchio falleció poco después, víctima de al menos doce puñaladas.
La cuarta víctima del ataque fue Ketty Bilbao, una mujer de más de 70 años que había entrado al consultorio a pedir un turno mientras su hija y sus nietos la esperaban en la puerta, sin saber que dentro del laboratorio se estaba cometiendo un asesinato múltiple. Ayer, Bilbao se encontraba fuera de peligro y se recuperaba en una sala de terapia intensiva del nosocomio cipoleño.
A diferencia de los otros asesinatos ocurridos en la ciudad, en este caso hay una testigo: la hija de Bilbao, Bettina, que, inquieta porque su madre no salía del laboratorio, decidió ir a buscarla y se topó con el criminal y hasta cruzó un par de palabras con él. (DyN)

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