Mucho ruido y pocas nueces en el superclásico

River intentó más que Boca, pero el cero no se movió, porque el local perdonó ante una zaga que hizo de todo. Resumen del partido.

INFRACCIÓN Y AMARILLA. El tucumano Sebastián Palacios intenta rematar ante el cierre tardío y desesperado de un Ezequiel Mammana que se llevó la tarjeta amarilla tras bajar al delantero del “Xeneize”. dyn INFRACCIÓN Y AMARILLA. El tucumano Sebastián Palacios intenta rematar ante el cierre tardío y desesperado de un Ezequiel Mammana que se llevó la tarjeta amarilla tras bajar al delantero del “Xeneize”. dyn
07 Marzo 2016

Marcelo Androetto - Especial para LG Deportiva

River no supo, Boca no quiso (o no pudo). Es un lugar común, pero se ajusta a la realidad de un superclásico que no tuvo nada de súper, desteñido como esas prendas viejas a las que uno les tiene cariño por lo que representa, por su historia, sólo eso.

Puestos a contar, el empate en el Monumental le cae menos amargo a Boca que a River. O mejor dicho, a Guillermo. Porque Barros Schelotto, quien con apenas un par de entrenamientos encima, salvó la ropa por segundo partido consecutivo, con otro cero a cero (al igual que contra Racing, pero en La Ribera).

A Gallardo y al “Millo” le queda la bronca por haber estado más cerca en esa bola a la que no llegó Iván Alonso y que Agustín Orion le sacó luego a Rodrigo Mora, y antes en esa otra que el palo le dijo no al uruguayo, y las definiciones fallidas de Leonardo Ponzio y Gabriel Mercado, en definitiva, suerte para Boca, no las tuvo en su poder Lucas Alario, aunque el ex Colón, como fuera, no tuvo su tarde. Y ni hablar esa que Sebastián Driussi tiró afuera en el amanecer del complemento, cuando la defensa de Boca tuvo un black out y se oscureció de golpe.

Dominador sin gol

Desde el principio, con transiciones rápidas, River fue rico en bienes raíces: se adueñó del terreno y tuvo algunas ideas, pero no encontró las maneras de canjear dominio y juego por gol.

¿Boca? Tuvo igual o menos fútbol que en su versión Arruabarrena, pero quizá el modelo “Mellizo” mostró algo del viejo oficio para sacar resultados en las malas.

Tal vez por eso, el Monumental se paralizó en ese final con falta a pocos metros del área, hasta que Marcelo Barovero descolgó el centro: hasta el nucazo de Hugo Romeo Guerra en la década del 90 se paseó por Núñez, salvando distancias de tiempos y de calidades.

Ausentes los eventuales generadores de fútbol -Nicolás Lodeiro, Carlos Tevez, Rodrigo Bentancur-, Boca fue una usina cerrada por derribo. Y no hubo demolición total porque Daniel Díaz y Juan Manuel Insaurralde fueron puntales. Y porque Orion se quedó con la pelota del partido, aquella ante Mora. Y porque Marcelo Meli aportó desde el banco y porque Sebastián Palacios se hizo notar por su velocidad. “Carlitos”, en cambio, es una caricatura del que hace un año deslumbraba en Turín y zonas aledañas.

A falta del toque final

El “Muñeco” Gallardo esta vez no tuvo suerte en el casino, sus apuestas no acertaron un pleno. Quizá con Andrés D’Alessandro hubiera sido distinto, porque él es un distinto. “Pity” Martínez aportó lo suyo, Alonso se perdió el gol que hubiera revivido el grito de décadas, el que inmortalizó el “Beto” . Y “Lucho” González, no se sabe muy bien para qué entró. River no daba pie con bola: hasta se le lesionó Maidana, su baluarte del fondo.

Imágenes y sonidos del final: Boca pertrechado en los últimos 30 metros y los hinchas gritando el clásico es un “equipo chico”. Gallardo no podía creer tanta pólvora mojada. Barros Schelotto respiraba aliviado.

Lejos de las cimas de sus respectivas zonas, a 10 fechas del final de este torneo extra corto, los dos grandes del fútbol argentino harán valer o no este empate en otras lides, en la defensa o en la conquista de la Copa Libertadores. A nivel local, da toda la impresión de que ambos terminaron firmando su sentencia, dijeron adiós a sus aspiraciones.

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