BUENOS AIRES (por Marcelo Androetto, especial para LG Deportiva).- Hubo más calor y color en la previa que durante los 90 y pico de minutos del pobre superclásico número 196, un 0 a 0 en el Monumental que no se daba entre River y Boca desde 2005.
La primera gran ovación de la tarde fue impensada. Se la llevó Sergio Goycochea, vestido de impecable negro en su rol de periodista, caminando por la pista de atletismo. Una vez reconocido por un puñado de plateístas, el “Goyco, Goyco” se extendió como reguero de pólvora.
No le fue tan bien a Diego Latorre, quien, identificado con Boca, se llevó una pila de insultos en su recorrido alrededor de la cancha.
Faltaba hora y media para que Patricio Loustau estrenara su silbato y las tribunas se veían más raídas que en otras ocasiones similares. Un dron de la Policía Federal comenzó a sobrevolar el terreno de juego y a enfocar caras y caretas en las tribunas populares.
La hora señalada fue a las 16:25, cuando Agustín Orion salió de la manga para precalentar. La silbatina estruendosa y decenas de miles de voces entonando el “que no salta abandonó” hicieron que el Monumental dejara de ser un teatro silencioso y se convirtiera en lo que es, un templo del fútbol. Cuando pronunciaron los nombres de Carlos Tevez y Guillermo Barros Schelotto se dio la reacción imaginada, inversamente proporcional al “Muñeeeeco” ensordecedor que recibió Gallardo como tributo.
Unos 300 periodistas acreditados, en medio de 62.500 hinchas que agitaban globos rojos y blancos cuando a la altura del banco de River se exhibió una bandera en contra de los despidos en el Grupo 23, con Spolsky y Garfunkel apuntados.
Y después de la locura de la salida a la cancha de los unos y los otros, y los fuegos artificiales, ahí se juntaron los capitanes Barovero y “Cata” Díaz para plantar un olivo, en el marco del proyecto Scholas impulsado por el Papa Francisco. Un símbolo de paz, acorde a las tablas que firmaron un par de horas más tarde: River a regañadientes, Boca con una media sonrisa.