Rearmar todo el esquema estadístico oficial no es una tarea sencilla. Puede llevar meses; tal vez años. Pero hay que hacerlo. Las estadísticas son como el termómetro que mide la temperatura socioeconómica de un país. En los últimos nueve años, aquel termómetro ha mostrado ciertas fallas. Por caso, ha medido que la pobreza se estancó en cerca del 5% (dicho por la ex presidenta Cristina Fernández) o que la inflación de este año iba camino a estar por debajo del 12%. También que había distritos con pleno empleo, cuando la realidad marcaba que la falta de trabajo era una constante. O que la economía crecerá este año un 2,3%, pese a que la industria mostró profundos signos de estancamiento y una leve recuperación en los últimos meses.
“Las estadísticas están destruidas; muy manipuladas”, dijo hace algunos días Jorge Todesca, el flamante director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), antes de decidir la suspensión provisoria de la difusión de algunos indicadores, entre ellos el informe de inflación de noviembre. Lo más preocupante para Todesca es que en el área de elaboración del Índice de Precios al Consumidor (IPC): “no queda nada, ni nadie, porque el jefe a cargo y el resto del equipo renunciaron antes de que llegáramos”. Graciela Bevacqua, que retornó al Indec como Directora Técnica, se encargará de la tarea de reconstrucción del índice.
La nueva conducción sostiene que será difícil realizar empalmes estadísticos, porque aquella tarea de reconstrucción no puede hacerse hacia atrás en el tiempo, sencillamente porque las mediciones efectuadas carecen de toda credibilidad. “Es como arrancar de cero”, confiesa Todesca. Según los técnicos actuales del organismo, esto requerirá efectuar una medición mensual de referencia para que, al mes siguiente, se observen las variaciones en los precios y al tercer mes dar una conclusión sobre la evolución de la inflación en un período determinado. Esta tarea puede demandar entre el primer trimestre o el primer semestre del año que viene. Todo lo que se haga hasta entonces será provisorio.
La medición de la pobreza será más complicada, admite el conductor del Indec. En particular, el trabajo en esa área arrancará con una comparación básica entre ingresos versus gastos de los hogares, según trascendió. Todesca calcula que, para marzo o abril del año que viene, podrá tener un cálculo acerca del costo de la nueva canasta básica alimentaria (establece los ingresos mínimos mensuales para que un grupo familiar no sea considerado indigente) y de la básica total (la que establece el límite de ingresos para no caer en situación de pobreza).
Como Robinson Crusoe
Según el director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE), Víctor Beker, en el proceso de reconstrucción de las estadísticas no basta sólo con designar directores, sino también recuperar el capital humano desechado en tiempos de la intervención política del Indec. “De otro modo, sería como tener a Robinson Crusoe, sin organización ni equipos instalados en distintas áreas que requieren de la normalización, con personal altamente capacitado y con experiencia”, dice a DINERO el también integrante del Movimiento Prorecuperación del Indec.
Beker indica que, a lo largo de los últimos nueve años, en el organismo hubo una conducta de estadísticas militantes, en la que, como política interna, se le inculcó al personal del Indec dar solamente buenas noticias a la Presidenta (Cristina Fernández). Y nada más que eso.
En esa orientación, el catedrático de la Universidad de Belgrano y ex conductor del Indec, puntualiza que se inscribe la medición de pobreza del 5% en la Argentina. “Sólo basta echar un vistazo a nuestra realidad para comprobar que aquello no es cierto. Que en algunas ciudades como Chaco o San Miguel de Tucumán no se ve la pobreza en los niveles que soñaba Cristina Fernández”, remarca.
Beker considera que el primer capital que debe recuperar el Indec en este nuevo proceso es la confiabilidad. “Hay que darle a la población mayores señales de transparencia para que, así, pueda tener más elementos acerca de cómo se desenvuelve un indicador tan sensible como el de la inflación”, sostiene.
Para que esto sea posible, lo fundamental será que, en los próximos informes, el Indec detalle los precios medidos en los productos que componen la canasta de alimentos, de bienes y de servicios que están incluidos en el informe, tal como sucedía hasta antes de la intervención política en el organismo.
“Con esos datos, la gente podrá saber cuánto valía un litro de leche, un kilo de carne o de pan. Y eso es algo elemental”, destaca Beker.
Las nuevas variables modificará el escenario planteado por la anterior gestión. El gobierno del presidente Mauricio Macri recibió un país que proyectó, para 2016, una inflación del 14,5% anual y un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) en torno del 3%. Las decisiones que adopte en materia económica marcarán el rumbo del país y las posibilidades de que los indicadores se normalicen para salir de un escenario de estancamiento y de elevada inflación.
La intervención del indec
“El país de los asteriscos”
A principios de 2007, la gestión de la presidenta Cristina Fernández decidió intervenir políticamente en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La primera consecuencia fue la decisión de dejar de difundir el Índice de Precios al Consumidor Nacional. Con la directa intervención del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, el Gobierno entró en una puja con las consultoras privadas que, a su vez, comenzaron a calcular la inflación. De la misma manera se cuestionó la medición del Producto Bruto Interno (PBI). En 2013, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aplicó una moción de censura a la Argentina, debido a la falta de confiabilidad de sus estadística. Desde entonces, la comunidad global consideró a la Argentina como “el país de los asteriscos”; esto es porque en los informes del FMI siempre fue objeto de aclaraciones.








