Azconzábal, de resistido a DT maravilla

El "Vasco", quien cargaba con una cruz ajena, armó su equipo ideal y llegó a Primera.

SE VIENE, SE VIENE. Azconzábal parece entrar en una ebullición emocional segundos antes del final del partido con Los Andes. la gaceta / foto de héctor peralta SE VIENE, SE VIENE. Azconzábal parece entrar en una ebullición emocional segundos antes del final del partido con Los Andes. la gaceta / foto de héctor peralta
09 Noviembre 2015
“La exigencia en Tucumán no es la de vegetar en la categoría”, aun con la sangre en el ojo, después de ver cómo Atlético perdía el desempate con Huracán en Mendoza en tiempo extra (4-1), aquel 14 de diciembre de 2014, Juan Manuel Azconzábal miraba hacia adelante, con todo lo que ello significaba.

Era momento de poner las cosas en su lugar, de trabajar en el armado de su propio equipo y no en uno que había heredado. No fue sencillo el camino del “Vasco”. Y ello no tenía nada que ver con resultados. Tuvo que luchar contra varios frentes. Quizás el más duro fue convencer a los hinchas, dolidos por un pasado que lo tuvo en Primera más de medio Torneo de Transición. Después, contra las contingencias propias de un certamen eterno de 42 fechas y en el que apenas había un lugar directo para la máxima categoría y otro a definir en una eliminatoria de cuatro escudos.

El “decano” no necesitó de la segunda opción, con la primera le bastó, y ello fue gracias a un envión notable a partir de la fecha 29, tras perder en la 28 con Instituto y quedar tercero en la tabla y a ocho puntos del líder indiscutido, Patronato. Atlético generó una revolución de fútbol y de triunfos (11 y 2 empates), gracias a la apuesta ofensiva del “Vasco” que comenzó a rendirle sus frutos.

El técnico condujo al “decano” al ascenso trabajando a sus jugadores desde lo mental hasta lo táctico. Ordenó el vestuario. Las figuras priorizaron el conjunto. Uno para todos, todos para uno. Atlético se convirtió en una verdadero equipo en el que la derrota le dolía por igual a todos, a los titulares, a los suplentes, a los relegados. Todos se entrenaron como si fuera su última vez en el fútbol. La mayoría tuvo su chance de mostrarse.

Azconzábal, el hombre de palabras vintage cuando habla de cotejo, encuentro y demás frases futboleras de antaño, cuidó a sus soldados como un padre a un hijo. Entonces, quiérase o no, generó una revolución que hoy lo tiene como un hombre récord: campeón como futbolista y capitán del “decano” y también como director técnico.

Y eso que cuando el torneo merodeaba a en su curva inicial, hasta debió aguantar que lo escupieran sus propios hinchas. “No le doy importancia. Sería mejor hablar de los que apoyan al equipo”, no renegó este héroe silencioso que les hizo entender a los suyos que la camiseta de Atlético no tiene precio y que para usarla había que ganársela todos los días.

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