26 Mayo 2002 Seguir en 
Las empresas no creen que la pesadilla haya terminado. Estiman que la reactivación llegará el año próximo, pero hasta entonces pueden estallar muchas calamidades más, incluida la hiperinflación, que les trae recuerdos apocalípticos.
"Por la incapacidad de los políticos, todavía vamos a seguir cayendo", aseguran las corporaciones, que hablan de un dólar a $7.
El desconcierto de los gobiernos -nacional y provincial- implica que mantendrán el vigor (o lo acrecentarán) de la recesión, la inflación, la devaluación del peso, la caída del poder adquisitivo, el desempleo, la pobreza y la inestabilidad de los funcionarios.
Se agrega el irritante manejo del mirandismo sobre su propia superproducción de Bocade. Con menos ayuda financiera nacional, el abarrotamiento de bonos y la caída de las operatorias FET recalentaron la circulación de papeles pintados, y las empresas optan por no recibirlos o retacear la aceptación. La funesta secuela fue otra caída del valor de la moneda tucumana.
La sociedad no rechaza los Bocade porque no los quiera, sino por los elevados costos que tiene la conversión en Lecop o en pesos verdaderos cuando deben pagar alimentos, medicamentos o combustibles. El antipático no al bono produce en el comercio dos efectos negativos: 1) venden menos y 2) soportan la furia de los compradores, que sólo manejan Bocade.
El gobierno supuso que el mercado iba a equilibrar los flujos de títulos pintados, sin entender dos reglas de la economía: A) la moneda espuria reemplaza siempre a la verdadera y B) cuando la cantidad ofrecida es mayor a lo que el mercado demanda, el precio retrocede, quieran o no.
El apriete sobre las cuevas hizo bajar las tasas de canje, pero no dio transparencia y limitó las bocas de comercialización. Esto durará hasta que alguien, al que no le importe la presión mirandista, saque los pies del plato y suba la tasa: de inmedito el mercado se adaptará hacia arriba. Efecto positivo: la tasa retrocedió. Efecto negativo: el efectivo desapareció (en lugar de pagar el 14% por la venta de pesos reales se bajó al 8%). El gobierno ocultó el problema debajo de la alfombra, en vez de solucionarlo.
A diferentes velocidades
Los tiempos del FMI corren en contra de los mirandistas. Se frustró la apuesta de emitir bonos a lo loco para que la solución llegue del Fondo, con aportes de dólares para rescatar una porción importante de Bocade. En la gente existe la percepción de que el gobierno no podrá cumplir con sus compromisos y que en Tucumán no existe ninguna moneda confiable, salvo el dólar.
Suponer que el que tiene efectivo lo gastará para favorecer al gobierno es un desatino que bordea la irracionalidad. Como están las cosas, la gente cuida su dinero y trata de sacarle el mayor jugo posible, porque no le alcanza para vivir.
Embestir contra las cuevas para centralizar el canje en pocos locales no es una solución: las empresas optan por pasar el costo al precio final, para que lo pague el consumidor. Nadie pierde, todos se avivan. En Tucumán, hay productos que cuestan por lo menos un 10% más que en otros lados.
Por ahora, la gente y las empresas buscan perder menos y negocian con la mayor agilidad posible las distintas monedas que giran en Tucumán. La relación no es 1 a 1: $100 en Bocade valían $79 cuando el desagio llegó al 21%. Los trabajadores perdían una quinta parte de sus ingresos.
Para las empresas es clave manejar con cuidado el "cash". De ese dinero se vive. En el día a día, el efectivo que entra (caja) tiene vital importancia en la lucha por mantenerse en el mercado.El panorama es dramático: hiperinflación significa parálisis de la producción, fin de las ventas, especulación financiera.
Sólo el acuerdo con el FMI aliviará las tensiones y salvará a Duhalde y a Miranda.
"Por la incapacidad de los políticos, todavía vamos a seguir cayendo", aseguran las corporaciones, que hablan de un dólar a $7.
El desconcierto de los gobiernos -nacional y provincial- implica que mantendrán el vigor (o lo acrecentarán) de la recesión, la inflación, la devaluación del peso, la caída del poder adquisitivo, el desempleo, la pobreza y la inestabilidad de los funcionarios.
Se agrega el irritante manejo del mirandismo sobre su propia superproducción de Bocade. Con menos ayuda financiera nacional, el abarrotamiento de bonos y la caída de las operatorias FET recalentaron la circulación de papeles pintados, y las empresas optan por no recibirlos o retacear la aceptación. La funesta secuela fue otra caída del valor de la moneda tucumana.
La sociedad no rechaza los Bocade porque no los quiera, sino por los elevados costos que tiene la conversión en Lecop o en pesos verdaderos cuando deben pagar alimentos, medicamentos o combustibles. El antipático no al bono produce en el comercio dos efectos negativos: 1) venden menos y 2) soportan la furia de los compradores, que sólo manejan Bocade.
El gobierno supuso que el mercado iba a equilibrar los flujos de títulos pintados, sin entender dos reglas de la economía: A) la moneda espuria reemplaza siempre a la verdadera y B) cuando la cantidad ofrecida es mayor a lo que el mercado demanda, el precio retrocede, quieran o no.
El apriete sobre las cuevas hizo bajar las tasas de canje, pero no dio transparencia y limitó las bocas de comercialización. Esto durará hasta que alguien, al que no le importe la presión mirandista, saque los pies del plato y suba la tasa: de inmedito el mercado se adaptará hacia arriba. Efecto positivo: la tasa retrocedió. Efecto negativo: el efectivo desapareció (en lugar de pagar el 14% por la venta de pesos reales se bajó al 8%). El gobierno ocultó el problema debajo de la alfombra, en vez de solucionarlo.
A diferentes velocidades
Los tiempos del FMI corren en contra de los mirandistas. Se frustró la apuesta de emitir bonos a lo loco para que la solución llegue del Fondo, con aportes de dólares para rescatar una porción importante de Bocade. En la gente existe la percepción de que el gobierno no podrá cumplir con sus compromisos y que en Tucumán no existe ninguna moneda confiable, salvo el dólar.
Suponer que el que tiene efectivo lo gastará para favorecer al gobierno es un desatino que bordea la irracionalidad. Como están las cosas, la gente cuida su dinero y trata de sacarle el mayor jugo posible, porque no le alcanza para vivir.
Embestir contra las cuevas para centralizar el canje en pocos locales no es una solución: las empresas optan por pasar el costo al precio final, para que lo pague el consumidor. Nadie pierde, todos se avivan. En Tucumán, hay productos que cuestan por lo menos un 10% más que en otros lados.
Por ahora, la gente y las empresas buscan perder menos y negocian con la mayor agilidad posible las distintas monedas que giran en Tucumán. La relación no es 1 a 1: $100 en Bocade valían $79 cuando el desagio llegó al 21%. Los trabajadores perdían una quinta parte de sus ingresos.
Para las empresas es clave manejar con cuidado el "cash". De ese dinero se vive. En el día a día, el efectivo que entra (caja) tiene vital importancia en la lucha por mantenerse en el mercado.El panorama es dramático: hiperinflación significa parálisis de la producción, fin de las ventas, especulación financiera.
Sólo el acuerdo con el FMI aliviará las tensiones y salvará a Duhalde y a Miranda.







