Números en rojo, virtual cesación de pago y crisis azucarera precedieron la intervención

A la crisis social se sumó la quita de apoyo de los partidos políticos, incluido el peronismo.

4 FEBRERO DE 1991. Domato es detenido en el aeropuerto de Tucumán. la gaceta / archivo 4 FEBRERO DE 1991. Domato es detenido en el aeropuerto de Tucumán. la gaceta / archivo
26 Septiembre 2015
Las calles eran un infierno, atizado por los reclamos sociales. Las instituciones no lo acompañaban: sobre él pendulaba la amenaza de la destitución, a partir de tres pedidos de juicio político. Las principales fuerzas políticas, incluida la propia, reclamaban su renuncia. José Domato había quedado solo.

Los números del viejo Banco de la Provincia de Tucumán estaban en rojo; también ardían los índices de la desocupación. A los jubilados se les adeudaba dos meses y medio de haberes, y la mitad del Sueldo Anual Complementario. La falta de recursos había puesto a la Provincia en una situación de virtual cesación de pagos. La crisis en los ingenios no paraba de engordar. Tal era el escenario en la provincia hacia el tórrido enero de 1991. Al Gobierno le quedaban 11 meses de gestión, pero la intervención federal había dejado de ser un tímido rumor y se había convertido en una posibilidad cierta que, finalmente, se concretó. El 15 de ese mes, el entonces presidente, Carlos Ménem, esquivó el Congreso y decretó la intervención en Tucumán. El cordobés Julio César “Chiche” Aráoz había sido el elegido. La medida -abarcaba los tres poderes del Estado- convirtió a Tucumán en la primera provincia intervenida, tras la vuelta de la democracia.

El 4 de febrero, Domato fue detenido en el aeropuerto, cuando regresaba de Buenos Aires. La detención se concretó a instancias de una denuncia interpuesta por la intervención federal contra el ex mandatario y contra miembros de su gabinete, por haber concedido un crédito por U$S 1,5 millón de la Caja Popular de Ahorros, al ingenio Leales, que estaba en quiebra. A Domato se le dictó prisión por esa causa, que cumplió en su domicilio. El 27 de marzo de 2000, a nueve años de aquella detención, la totalidad de la Sala VI de la Cámara Penal dictaminó su inocencia.

El 14 de enero de 2013, cuando iban a cumplirse 22 años de la intervención federal, LA GACETA entrevistó a Domato en su casa. ¿Se arrepiente de haber sido gobernador?, se le preguntó. “Sí. Hubiera querido no haber pasado ese episodio de mi vida. No agregó ningún valor que yo considere humano y noble a lo que sabía pensar. Me envenenó la vida. Me hizo mal. Me sobran dedos de una mano para contar los amigos que me dejó”, había respondido, con los ojos vidriosos.

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