Con José Domato desaparece el último exponente del peronismo histórico en Tucumán. Fue, quizás, el último gobernador que, en el ocaso de su vida, caminó por las calles céntricas de la ciudad sin custodios. Tampoco necesitó de vehículos con vidrios polarizados. Marcó, así, una diferencia notable y notoria con otros hombres públicos que lo sucedieron en la primera magistratura en las décadas siguientes.
Desde su radicación en Tucumán en 1944, el ingeniero agrónomo graduado en la Universidad de Buenos Aires se vinculó con la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, donde asumió su dirección en 1950. En esa década optó por el ascendente peronismo. Por su idoneidad técnica y filiación política, fue designado ministro de Agricultura de la provincia en 1952. El golpe militar de 1955 lo desalojó de la función pública y se dedicó al asesoramiento técnico de empresas agrícolas.
Con el triunfo del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), el gobernador Amado Juri lo nombró presidente del Banco de la Provincia. Dejó Tucumán para desempeñarse como subsecretario de Agricultura de la Nación durante la presidencia de Isabel Perón. De ese puesto se desvinculó tiempo antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Otra vez en el llano, retomó el trabajo profesional.
Técnico, no político
Domato alcanzó el podio supremo de la política en la década del 80. Por su proximidad con otro peronista histórico -Fernando Riera- ocupó la presidencia del Senado entre 1983 y 1987. En las tormentas internas desatadas en las filas peronistas, Domato fue leal al gobernador. Este lo ungió su heredero para la sucesión en 1987. La decisión de Riera agudizó el clima internista en el PJ: Osvaldo Cirnilgliaro lideró un proyecto alternativo al oficial. En los comicios de septiembre de ese año venció el radical Rubén Chebaia, pero en el Colegio Electoral Cirnigliaro sumó sus electores a los de Domato, consagrándolo gobernador.
El nuevo gobierno nació dentro de un marco de legalidad, pero una sombra de ilegitimidad lo acompañó siempre. Fruto de ello fue la reforma constitucional de 1990, que habilitó la elección del primer magistrado provincial mediante el voto directo.
Soy técnico, no político, repetía incansablemente, Acaso en su ausencia de destreza para la maniobra radicó la debilidad de su gestión. De trato llano y afable, apelaba a un lenguaje cargado de giros técnicos, que evitaba las definiciones estruendosas. Los vertiginosos cambios que remodelaban la economía en el planeta, golpearon también las puertas de su administración. Llegó a insinuar que la desregulación debía ajustar la actividad azucarera.
Tiempos borrascosos
Domato prefirió a Antonio Cafiero en la elección interna del PJ, que ganó Carlos Menem. El riojano no perdonó y las versiones de intervención federal abundaron entre 1989 y 1991. Los enfrentamientos del gobernador con el aparato peronista y los juicios políticos en marcha deterioraron a Domato. A esto debe sumarse su negativa a poner en práctica la Constitución de 1990. Ambas razones precipitaron la intervención federal a Tucumán el 18 de enero de 1991.
La persecución judicial que desencadenó el remedio federal cesó en 2011, tras haber ganado juicios en lo penal y lo civil.









