El lago San Miguel aguarda su jerarquización

LA  GACETA
Por LA GACETA 19 Septiembre 2015
Fue uno de los íconos de la ciudad y aunque ya no tiene el esplendor de los años idos, aún sigue siendo un lugar convocante para las familias, especialmente, los domingos. El lago San Miguel que permitió a los tucumanos hacer su primera experiencia en la pesca, se halla nuevamente en problemas porque la bomba que lo provee de agua no funciona desde hace un tiempo, lo que significa que si esta realidad perdura, se irá secando.

Sobre el asunto, el director municipal de Espacios Verdes dijo que la bomba está parada hace dos semanas porque se la está reacondicionando y sobre el espejo de agua afirmó que se le está disminuyendo el nivel para extraer áridos y recuperar su capacidad de almacenamiento de líquido. “No se olvide de que se está hablando que este será un verano muy seco y que hay que estar bien preparados”, dijo y agregó que es probable una futura siembra de 30.000 peces y que se le pedirá el consejo a la Dirección de Flora y Fauna.

Un técnico de esta última repartición señaló que previamente a la siembra de peces, se debe determinar qué especies se pueden vivir en el lago. También dijo que es necesario determinar cómo se lo cuidará en el futuro y agregó que le llama la atención la idea de extraer de áridos, porque generará daños en la impermeabilización que se efectuó en 2013.

El espejo de agua comenzó a excavarse en 1960 y se lo habilitó el 26 de febrero de 1961, durante la gobernación de Celestino Gelsi. Ese mismo año, se erigió la confitería con su techo paraboloide hiperbólico de gran valor arquitectónico que se convirtió rápidamente en un símbolo del paseo. El lago comenzó a padecer la falta de mantenimiento, así como el maltrato ciudadano. A fines de los ‘80, lo vaciaron para dragarlo porque presentaba problemas de filtraciones. Tras ocho años de sequía, se dispuso su llenado el 11 de agosto de 1997. En 1998, se instaló una bomba hidráulica para que renovara el agua. Por ese entonces, dos ediles de la UCR propusieron a través de una iniciativa que se restaurara la confitería, que se erigiera un acuario y que se llamara a licitación para la recuperación del lugar, a cambio de su concesión y explotación. El proyecto no prosperó. En julio de 2007, el concesionario del lago se llevó la bomba de agua que él había repuesto porque la que había se había roto, así como los botes, la lancha colectiva y las bicicletas acuáticas. En agosto de ese año, el abandono de la confitería y la falta de atracciones eran motivos de quejas. En enero de 2008, la Municipalidad tuvo la lamentable idea de demoler la confitería para parquizar la zona, so pretexto de que no había ningún interesado en su explotación, cuando el inmueble pudo haber sido reciclado, por ejemplo, para actividades culturales. En enero de 2013, se decidió su vaciamiento para colocar arcilla expandible en las fisuras en el lecho y evitar que siguiera perdiendo líquido. El espejo de agua volvió a llenarse poco antes de que se realizara en una cancha del parque 9 de Julio la Liga Mundial de Hockey a fines de noviembre de ese año.

Es una pena que todos estos años, no se haya jerarquizado el lago. Se supone que la reparación de una bomba no pondría en peligro el presupuesto municipal, como tampoco un mantenimiento permanente. Sigue siendo interesante la idea de construir un acuario en el lugar, donde estaba emplazada la confitería. Le daría otra fisonomía al paseo que podría convertirse además en un atractivo turístico. La Municipalidad podría consultar a urbanistas o lanzar una convocatoria para la presentación de propuestas que tiendan a revalorizar el lago San Miguel, de modo que vuelva a ser un orgullo de los tucumanos.

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