BARTOLOMÉ MITRE. En esta foto de 1861 aparece a la izquierda, con su ayudante José María Gutiérrez. LA GACETA / ARCHIVO
Asiduo corresponsal del prócer tucumano Juan Bautista Alberdi, fue su sobrino Guillermo Aráoz, residente en nuestra ciudad. Por ejemplo, el 17 de junio de 1878, Alberdi le escribía una carta fechada en “Saint André de Fontainebleau (Calvados)”.
Estaba convaleciente, narraba, “de un ataque grave que he sufrido en estos días, perdiendo alguna sangre del pulmón”. El médico le había ordenado dejar París y trasladarse inmediatamente al campo, consejo que había seguido. “El influjo del clima y de los cuidados, imposibles en un hotel de París, me han bastado para restablecerme a mi salud ordinaria”, contaba. Aunque durante el viaje lo acometió otro ataque, el tercero, decía, “que sufro en 24 años que llevo de Europa”.
El médico “lo ha calificado de muy grave para un hombre de sesenta años: ‘pero a un hombre de su edad’, me ha dicho, ‘no ha de impedirle vivir veinte años más”. Como sabemos, se equivocaba bastante, ya que Alberdi moriría apenas seis años después de la optimista predicción.
Discurría luego, largamente, sobre los cargos que le formulaban Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, en libros y artículos recientes, por su actitud en la Guerra del Paraguay. Negaba tener prevención alguna contra Mitre. “Hemos sido amigos y toda la amistad de otra época vive en mi memoria. Si muchos puntos de la política de nuestro país nos dividen, cien otros nos acercan y aproximan, como hijos de una misma patria y secuaces convencidos de los mismos principios de la revolución de América”. Pero con Sarmiento, expresaba, “es otra cosa. El ha elegido para conmigo el terreno del crimen, es decir de la calumnia”.
Estaba convaleciente, narraba, “de un ataque grave que he sufrido en estos días, perdiendo alguna sangre del pulmón”. El médico le había ordenado dejar París y trasladarse inmediatamente al campo, consejo que había seguido. “El influjo del clima y de los cuidados, imposibles en un hotel de París, me han bastado para restablecerme a mi salud ordinaria”, contaba. Aunque durante el viaje lo acometió otro ataque, el tercero, decía, “que sufro en 24 años que llevo de Europa”.
El médico “lo ha calificado de muy grave para un hombre de sesenta años: ‘pero a un hombre de su edad’, me ha dicho, ‘no ha de impedirle vivir veinte años más”. Como sabemos, se equivocaba bastante, ya que Alberdi moriría apenas seis años después de la optimista predicción.
Discurría luego, largamente, sobre los cargos que le formulaban Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, en libros y artículos recientes, por su actitud en la Guerra del Paraguay. Negaba tener prevención alguna contra Mitre. “Hemos sido amigos y toda la amistad de otra época vive en mi memoria. Si muchos puntos de la política de nuestro país nos dividen, cien otros nos acercan y aproximan, como hijos de una misma patria y secuaces convencidos de los mismos principios de la revolución de América”. Pero con Sarmiento, expresaba, “es otra cosa. El ha elegido para conmigo el terreno del crimen, es decir de la calumnia”.








