Se avecinan más nubes para Europa

Por Steven Erlanger / The New York Times.

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19 Julio 2015
LONDRES - La Canciller alemana Ángela Merkel dijo, hace una semana, sobre Grecia que ‘’se ha perdido la divisa más importante: la de la confianza y la fiabilidad’’. Sin embargo, muchos alemanes creen que se ha perdido el marco alemán. Fue el símbolo de rectitud y confianza que encarnó el ascenso de Alemania Occidental de las cenizas de la II Guerra Mundial. Esa misma sensación de solidez está faltando en la Unión Europea a medida que enfrenta los límites de sus ambiciones, y parece improbable que el doloroso trato del lunes por la mañana sobre Grecia la vaya a restablecer.

El esfuerzo más reciente por conservar la membresía griega en la eurozona solo ha profundizado las fisuras dentro de la UE entre norte y sur, entre economías avanzadas y economías en desarrollo, entre grandes países y países más pequeños, entre prestamistas y deudores y, justamente de la misma importancia, entre esos 19 países dentro de la eurozona y los nueve fuera de ella. En nombre de conservar el ‘’proyecto europeo’’ y la ‘’solidaridad’’ europea, el ultimátum aplicado a Grecia requirió de algo cercano a la rendición de la soberanía de la nación. Pese a todos los pecados pasados de Grecia, y pese a todo el uso de prácticas heterodoxas y severa retórica del gobernante partido Syriza, este resultado discutiblemente tenía elementos tanto de castigo como de responsabilidad fiscal.

Sea que esto es bueno o malo para Grecia, a final de cuentas, lo decidirán los griegos. Sin embargo, esto evitó un resultado que habría dejado a Europa más gravemente fracturada. Además, puso de relieve la voluntad de algunos dirigentes para exponer un convincente argumento por la unidad sobre estrechos intereses nacionales, particularmente el Presidente de Francia, François Hollande, quien desempeñó una importante participación mediando entre Alemania y Grecia.

Impopular e incluso así contemplando otra postulación para la presidencia francesa en 2017, Hollande desplegó liderazgo y se distanció de Merkel y demandas alemanas, mismas que muchos en Europa, particularmente en Francia, consideraban egoístas e incluso vengativas.

Sin embargo, está por verse si la Unión Europea, después de tantos años, ahora puede levantar a cabeza de su crisis del euro y empezar a concentrarse en otros temas clave: suministrar crecimiento económico y empleos para sus jóvenes, una política racional y unificada con respecto a la migración, una respuesta a las ambiciones rusas y agresión en Ucrania y otras partes, así como una votación sobre si se abandona la Unión Europea.

Una denominada Brexit -salida por parte de Gran Bretaña- sería mucho más nociva para la Unión Europea que la salida de la difícil y diminuta Grecia. Gran Bretaña, que nunca se unió al bloque de la divisa del euro, planea llevar a cabo un referendo sobre si sigue siendo un miembro de la Unión Europea para fines de 2017, en tanto el Primer Ministro David Cameron está negociando ahora la manera de cambiar las condiciones de membresía de Gran Bretaña. El caos en torno a Grecia difícilmente ha sido de ayuda para la reputación de la UE dentro de Reino Unido. Además, una nueva Rusia revanchista representa un desafío nada bienvenido para el orden posterior a la Guerra Fría.

En combinación con la crisis de migración y Grecia, estos representan ‘’los cuatro jinetes’’ circulando alrededor del futuro de Europa, dijo Rem Korteweg, del Centro por la Reforma Europea, instituto de investigación con sede en Londres.

‘’Los cuatro jinetes amenazan a la UE precisamente debido a que sacan a colación temas que solo pueden resolverse si los gobiernos dan prioridad a una solución europea por encima de estrechas agendas nacionales’’, dijo. ‘’Si no es posible encontrar una respuesta europea, los jinetes seguirán promoviendo el caos, inestabilidad y recriminación mutua’’ dentro de la UE.

En cuanto a Merkel, su reputación está en la cuerda floja, en casa y en su papel como la líder de facto de Europa. Habiendo rechazado una salida griega de la eurozona hace tres años en nombre de la solidaridad europea, ella ha evitado de nuevo ese resultado. Esta vez, arriesgó un precio considerable para su estatura política en el ámbito nacional. Sin embargo, lo que realmente dañaría su legado es otro costoso rescate para Grecia que no funcione.

El hecho que la Grecia actual guarde escasa relación con el país de Sócrates o Pericles simplemente fue pasado por alto. Y lo mismo pasó con clara evidencia, bien conocida en ese momento en Bruselas, en el sentido que los griegos estaban falsificando con regularidad sus cifras presupuestarias a fin de calificar para el euro. El acuerdo del lunes por las medidas de austeridad en GRecia puede evitar la debacle de un país que deje la divisa en común por primera vez. Pero, por sí mismo, esto logrará poco por fortalecer el futuro del euro.

Para muchos en Europa, los beneficios económicos del euro han sido compensados por las ataduras que impone. Se ha vuelto algo similar a una prisión, particularmente para las economías más débiles. Para Grecia, la crisis de hace cinco años fue una oportunidad para crear un estado moderno democrático y capitalista, lo cual, para empezar, fue una de las razones para unirse a la Unión Europea. Muchos griegos sufrieron, la montaña de deuda creció y, finalmente, como se pronosticó largamente, la contracción económica produjo una revuelta política.

La victoria en enero del Primer Ministro Alexis Tsipras y su partido Syriza dieron origen a la marcha atrás con respecto a algunas reformas económicas clave exigidas por acreedores, causaron un retroceso de la economía griega y elevaron incluso más el requisito para préstamos ulteriores. Tsipras apostó en grande pero perdió. Sin embargo, lo mismo le pasó a los griegos. Una cosa es atravesar por cambios cuando un gobierno y un pueblo han creído en ellos como necesarios y llenos de esperanza. Sin embargo, es otra cosa totalmente aplicar más cambios sociales y austeridad metida a fuerza en un ejercicio de poder y dominación políticos, como muchos griegos indudablemente interpretan el resultado de este trato. Muchos griegos sentirán que llevar a cabo estos cambios será como trabajos forzados y, particularmente para el gobierno de izquierda del Syriza, si llega a sobrevivir.

Como dijo Samuel Johnson sobre segundos matrimonios, este prospectivo tercer rescate de Grecia es un triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Incluso más con Tsipras y Syriza, con sus protestas de mandatos y soberanía lanzados de vuelta a sus caras por parte de colegas europeos ofendidos por la moralización del Syriza e incluso más, por su uso de prácticas poco ortodoxas para ganar.

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