22 Mayo 2002 Seguir en 
María Esther Acuña no puede creer en la mala suerte que tuvo. Vive desde hace más de siete años en calle México al 1.900, rodeada por villas de emergencia ("El Sifón", "La Bombilla" y "Trulalá" entre otras), y a pesar de tener un almacén en el lugar, nunca había sido asaltada. La primera vez, que ocurrió el lunes a la madrugada, los delincuentes se llevaron los $15.000 que tenía ahorrados, además de cajas de cigarrillos y algunas joyas. Para peor, el resto del dinero que tiene está atrapado por el corralito bancario. "Ahora tengo que pedir prestado hasta para el colectivo", se quejó.
Los delincuentes actuaron como profesionales pero además contaron con la ayuda de alguien que conocía el movimiento interno. "Subieron por el techo y bajaron al fondo. Después cortaron la reja (aparentemente con una sierra, aunque ni ella, ni su madre, Esther, ni su hija Soledad los escucharon) e hicieron pasar a un chico por la ventana", relató Acuña. El joven delincuente (se sabe que se trataría de un menor porque el espacio por el que ingresó es muy pequeño) fue hasta una mesa, tomó una llave que había en un cenicero y así les franqueó la entrada a sus tres socios.
Uno de los asaltantes, que tenía el rostro tapado con un pasamontañas, fue hasta la pieza en la que estaban durmiendo las tres mujeres y las encañonó. "Me dijo que le dé la llave del ropero, donde tenía parte de la plata. Yo no me quise resistir -relató Acuña, que había sido atada de pies y manos al igual que su madre- y se la di. Entonces él fue, lo abrió y sacó unos $9.200 que tenía en efectivo, otros $120 en monedas y otros $400 en bonos". Después el asaltante abrió, con la misma llave, otro ropero, y sacó más de $5.000, todo en efectivo.
Arma para defensa
"Era dinero que yo venía ahorrando, y que utilizaba para comprar mercadería para el negocio", explicó. Los delincuentes también se llevaron sus documentos, los papeles del comercio, cajas de cigarrillos, monedas que había en la caja registradora y joyas. Además se apropiaron de un revólver calibre 32 que estaba en uno de los roperos. "Siempre lo tuve para defensa, y si los hubiera escuchado entrar, a alguno hubiera ?bajado?", aseguró. Los desconocidos estuvieron más de una hora en el domicilio, y luego escaparon por el fondo. "Yo tengo sospechas de quién los puede haber mandado. Ahora lo único que espero es que los detengan", pidió, al mismo tiempo que aseguraba que las cosas que pasan en el barrio en materia de seguridad "son dignas de una película de terror".
Los delincuentes actuaron como profesionales pero además contaron con la ayuda de alguien que conocía el movimiento interno. "Subieron por el techo y bajaron al fondo. Después cortaron la reja (aparentemente con una sierra, aunque ni ella, ni su madre, Esther, ni su hija Soledad los escucharon) e hicieron pasar a un chico por la ventana", relató Acuña. El joven delincuente (se sabe que se trataría de un menor porque el espacio por el que ingresó es muy pequeño) fue hasta una mesa, tomó una llave que había en un cenicero y así les franqueó la entrada a sus tres socios.
Uno de los asaltantes, que tenía el rostro tapado con un pasamontañas, fue hasta la pieza en la que estaban durmiendo las tres mujeres y las encañonó. "Me dijo que le dé la llave del ropero, donde tenía parte de la plata. Yo no me quise resistir -relató Acuña, que había sido atada de pies y manos al igual que su madre- y se la di. Entonces él fue, lo abrió y sacó unos $9.200 que tenía en efectivo, otros $120 en monedas y otros $400 en bonos". Después el asaltante abrió, con la misma llave, otro ropero, y sacó más de $5.000, todo en efectivo.
Arma para defensa
"Era dinero que yo venía ahorrando, y que utilizaba para comprar mercadería para el negocio", explicó. Los delincuentes también se llevaron sus documentos, los papeles del comercio, cajas de cigarrillos, monedas que había en la caja registradora y joyas. Además se apropiaron de un revólver calibre 32 que estaba en uno de los roperos. "Siempre lo tuve para defensa, y si los hubiera escuchado entrar, a alguno hubiera ?bajado?", aseguró. Los desconocidos estuvieron más de una hora en el domicilio, y luego escaparon por el fondo. "Yo tengo sospechas de quién los puede haber mandado. Ahora lo único que espero es que los detengan", pidió, al mismo tiempo que aseguraba que las cosas que pasan en el barrio en materia de seguridad "son dignas de una película de terror".







