21 Mayo 2002 Seguir en 
Se juntaron varios factores en su contra. La crisis económica que afecta al país sin dudas que fue uno de ellos, y trajo aparejada su desconfianza en los bancos y la alternativa de huirle al mentado corralito. Entonces, luego de meditarlo entre ambos, decidieron una jugada arriesgada: guardaron en un bolso los $14.000 que habían recibido de una herencia, y los dejaron en su casa. Pero no le pudieron hacer una gambeta a la mala suerte. El domingo a la noche, tres delincuentes, que evidentemente conocían la situación, ingresaron por la fuerza a su casa, los amenazaron con armas y se llevaron el bolso con el dinero.
"Fue una situación tan desesperante como angustiante. Sabíamos que corríamos un riesgo, pero decidimos jugarnos. Nos salió mal", explicó María de los Angeles Rodríguez. El esposo de la mujer, José Antonio Rodríguez, de 29 años, cobró hace un mes y medio la herencia que le había dejado su padre al morir. "Con ese dinero pensábamos hacer muchas cosas. Menos mal que ya habíamos comprado algo de mercadería, y calzado y ropa para los chicos", dijo.
En la casa del matrimonio, ubicada en calle Gobernador Celedonio Gutiérrez al 1.300, Villa 9 de Julio, viven 6 menores. El domingo a la noche sólo había cuatro.
Premonición
Estaban todos en un dormitorio, cuando de pronto sintieron que la puerta de ingreso (ubicada a unos 15 metros de la casa en sí), se abría con violencia. "Vayan a ver quién anda -les dijo la mujer a sus hijos- no vaya a ser cosa que nos vayan a querer robar", agregó, como presintiendo lo que pasaría.
Tres hombres que se tapaban el rostro con la ropa entraron y los amenazaron con pistolas. "Uno le apuntó a Luciano (uno de sus hijos, de 3 años), y le dijo a mi esposo que no hiciera nada, y que le entregara la plata que tenía", relató María de los Angeles. José Antonio Rodríguez no se resistió en ningún momento, para intentar evitar males mayores.
Sacó el bolso, que estaba debajo de la cama, y lo entregó. También le sacaron dos teléfonos celulares y un anillo de oro. "Ahora se tiran todos al piso, y se quedan ahí hasta que nos vayamos. No hagan nada raro", les dijo quien parecía ser el jefe de los asaltantes. Los tres eran tucumanos y aparentemente de la misma zona de las víctimas. "Esto fue una entregada, no me quedan dudas", aseguró la mujer. Los hombres salieron de la casa y se subieron a un remise blanco que los estaba esperando en la esquina. El chofer de ese vehículo fue luego detenido y podría haber aportado datos para identificar a los desconocidos.
"Nosotros no queríamos que nos roben en el banco, y mire usted, igualmente nos quedamos sin nada. Ahora vamos a tener que poner mucho esfuerzo para poder recuperar algo de lo que teníamos", afirmó, aún asustada, María de los Angeles, mientras abrazaba a sus hijos más pequeños.
"Fue una situación tan desesperante como angustiante. Sabíamos que corríamos un riesgo, pero decidimos jugarnos. Nos salió mal", explicó María de los Angeles Rodríguez. El esposo de la mujer, José Antonio Rodríguez, de 29 años, cobró hace un mes y medio la herencia que le había dejado su padre al morir. "Con ese dinero pensábamos hacer muchas cosas. Menos mal que ya habíamos comprado algo de mercadería, y calzado y ropa para los chicos", dijo.
En la casa del matrimonio, ubicada en calle Gobernador Celedonio Gutiérrez al 1.300, Villa 9 de Julio, viven 6 menores. El domingo a la noche sólo había cuatro.
Premonición
Estaban todos en un dormitorio, cuando de pronto sintieron que la puerta de ingreso (ubicada a unos 15 metros de la casa en sí), se abría con violencia. "Vayan a ver quién anda -les dijo la mujer a sus hijos- no vaya a ser cosa que nos vayan a querer robar", agregó, como presintiendo lo que pasaría.
Tres hombres que se tapaban el rostro con la ropa entraron y los amenazaron con pistolas. "Uno le apuntó a Luciano (uno de sus hijos, de 3 años), y le dijo a mi esposo que no hiciera nada, y que le entregara la plata que tenía", relató María de los Angeles. José Antonio Rodríguez no se resistió en ningún momento, para intentar evitar males mayores.
Sacó el bolso, que estaba debajo de la cama, y lo entregó. También le sacaron dos teléfonos celulares y un anillo de oro. "Ahora se tiran todos al piso, y se quedan ahí hasta que nos vayamos. No hagan nada raro", les dijo quien parecía ser el jefe de los asaltantes. Los tres eran tucumanos y aparentemente de la misma zona de las víctimas. "Esto fue una entregada, no me quedan dudas", aseguró la mujer. Los hombres salieron de la casa y se subieron a un remise blanco que los estaba esperando en la esquina. El chofer de ese vehículo fue luego detenido y podría haber aportado datos para identificar a los desconocidos.
"Nosotros no queríamos que nos roben en el banco, y mire usted, igualmente nos quedamos sin nada. Ahora vamos a tener que poner mucho esfuerzo para poder recuperar algo de lo que teníamos", afirmó, aún asustada, María de los Angeles, mientras abrazaba a sus hijos más pequeños.







