Los chicos viajan en carro para llevarles a los vecinos historias y trabalenguas

La escuela “Cóndor huasi” está ubicada cerca de la comuna Los Naranjitos. Allí nació el proyecto “A lomo de libro”: un carro es la biblioteca móvil con la cual los chicos del pueblo visitan a los vecinos, les leen historias y comparten juegos.

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Doña Julia Lazarte ceba mates calentitos y muy dulces bajo la sombra de unos eucaliptus. El viento barre el polvo, que acaricia la piel y se pega.

Por el camino vecinal dos carros llevan a unos niños. Son 25 alumnos de la escuela 157 “Cóndor Huasi” (Leales). Los delantales blancos son más blancos bajo los rayos del sol. Los chicos buscan protección con gorras, toallas y se escudan con los libros. Ni una nube sombrea esa ruta provincial.

A paso de lento avanza Pepe, el caballo, que esa siesta se disfrazó de carroza llena de flores de goma eva. En uno de los costados del carro se lee un cartel que dice: “A lomo de libro”. Así se llama el proyecto de lectura que los alumnos de la escuela han venido desarrollando desde septiembre.

¿Qué hacen? Viajan con los libros hasta la casa de algún vecino para leerle cuentos, trabalenguas y adivinanzas. En ese paraje desolado, las casas no están pegadas. Por eso hay que trasladarse en carro, un medio de movilidad tan frecuente en esa zona como una moto. Para los chicos cada salida es una aventura, una distracción. Les entusiasma porque, como ellos cuentan, ahí en Cóndor Huasi no hay plazas, ni parques, ni cines, ni teatros... sólo la escuela y sus casas.

Esta realidad movilizó a toda la comunidad educativa a inventar una excusa para recrearse y aprender. Para los vecinos es un hermoso acontecimiento que los saca de la rutina y del silencio.

“Nuestra idea es que los chicos sean gestores culturales y que algún día tomen la posta de la biblioteca del pueblo”, cuenta Patricia Manca, maestra de lengua de 4° grado. A unos tres kilómetros de la escuela se encuentra la parroquia y al lado funciona la biblioteca popular Padre Saravia. La gestionan las hermanas Evarista y Caleta Medrano.

¡A leer!
Verónica
, Agostina, Sol, Anabella, Milagros y Gaby están sentadas en hilera sobre el tronco de un árbol que auspicia de banco en medio del terreno de doña Julia. Los niños se han apropiado de la casa: algunos leen en ronda con las maestras o sentados en las raíces que sobresalen en la superficie. Los caballos descansan a la sombra, las gallinas y los pollitos se escapan de las visitas y un perro lector ha decidido formar parte de la ronda para escuchar los trabalenguas.

Un sombrero de pana roja indica a quién le toca el turno. “¡No se escondan!”, les grita Juan Carlos Juárez, el conductor de uno de los carros que está más entusiasmado que los chicos y quiere escuchar los relatos. Contagiado por el momento se apropió de un libro de “Cuentos chinos” al que hojeó con admiración. Es el dueño del carro -y de Pepe- pero se sumó al proyecto por pedido de su sobrina, Priscilla, alumna de la escuela.

Aldana Correa, de 10 años, se aferra a un libro que cuenta la llegada de un pollito al gallinero. Siempre que salen elige el mismo porque le fascina. Lo lee en voz alta para el escueto público que se reunió esa siesta: doña Julia, Juan Carlos, la directora de la escuela, Antonio Páez (el conductor del otro carro), dos mamás y las periodistas. De a uno, los niños se ponen el sombrero y se convierten en lectores a viva voz. Deben pelearle al viento que se lleva las palabras y les vuela las hojas.

En total son 128 alumnos los que asisten al establecimiento escolar, incluidos los de jardín de Infantes. Llegan desde Agua Dulce, La Soledad, Ranchillos, San Miguel, La Tala y, por supuesto, Cóndor Huasi. Su directora, Fanny Díaz, desembarcó en la dirección en agosto y apoyó a los chicos en el proyecto. Cuenta que en unos días llegará un laboratorio de Ciencias para que a la teoría le sumen la posibilidad de hacer experimentos con los tubos de ensayo y conocer otro mundo a través del microscopio. Esta noticia genera alboroto en los chicos, a quienes se les nota que les sobran ganas de hacer cosas.

A soñar, a soñar
Ahí en Cóndor Huasi, a 50 kilómetros de la capital, las notebooks del programa Conectar Igualdad todavía no aterrizaron y los chicos mueren por tener una sala de computación. Y si de soñar se trata, dicen que les gustaría salir de campamento y que en la escuela funcionara un taller de cocina y de música. Por ahora sólo tienen una guitarra, la de un maestro.

La dueña de casa sigue repartiendo mates y vasos de gaseosa para los chicos. De a ratos corren, se distraen, juegan y vuelven a los libros. Un grupo ha preparado un poema sobre las arañas. Les da un poco de vergüenza, pero se las ingenian para recitar y hacer las mímicas.

Ha pasado una hora y media como si nada. En esa casa rodeada de campos lo único que se escucha es el cuchicheo de los niños y las indicaciones de las maestras. En un rato regresarán a la escuela por el mismo camino de tierra. A lomo de libro.

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