SIMBOLO DEL TERROR. La escuela Diego de Rojas fue un centro clandestino de detención en la última dictadura. FOTO TOMADA DE DDHHTUCUMAN.COM
04 Diciembre 2014 Seguir en 

“Albornoz me preguntó cómo era el movimiento en Villa Urquiza y qué personas estaban en movimientos extremistas. Me preguntó por Juan Carlos Suter, si él había hablado de su detención o de su militancia. Tenía un arma sobre el escritorio y armas largas apoyadas en la pared. Me dijo que no iba a pasar de esa noche, que iba a ser boleta”. Mamerto Jiménez tenía 18 años cuando fue secuestrado en 1975, junto a su primo, César Costas. Pasó, junto a un grupo en el que se encontraba Suter, por varios centros clandestinos hasta llegar a la cárcel de Villa Urquiza. Recordó que la amenaza del represor Roberto “El Tuerto” Albornoz, entonces mandamás del centro clandestino que funcionó en la Jefatura, se replicó en sus compañeros.
En el juicio por la megacausa “Villa Urquiza”, en la que se investigan los crímenes de lesa humanidad cometidos contra presos políticos en el centro clandestino de detención que funcionó en la penitenciaría provincial en la década del ‘70, puntualizó los dos episodios relacionados con las víctimas asesinadas en la penitenciaría por los que supo de los amedrentamientos: Suter y José Cayetano Torrente. “Suter era como un hermano mayor, nos contenía a todos. Cuando salimos de las entrevistas con Albornoz, me preguntó por qué tenía miedo. ‘No te preocupes, esto no es por ustedes, es por mí’, me dijo. También lo había amenazado”, consignó por un lado.
Por el otro, relató cómo fue la llegada de Torrente. “Llegó en enero o febrero de 1976. No olvido cómo estaba: quebrado emocionalmente. Nos reunimos a recibirlo, como hacíamos siempre hasta el Golpe, para darle jabón, toalla y comida. Se puso a llorar y a hablar. Expresó su preocupación por una amenaza. Me contó: ‘Albornoz me amenazó. Me dijo que iba a morir abierto del cuello hasta la pelvis’. Las amenazas se cumplieron”, lamentó.
Simulacro
Memoró detalles del simulacro de motín en mayo de 1976 tras el que fue asesinado Torrente, precisamente, apuñalado y degollado de acuerdo con otros testimonios. “Vimos cómo lo sacaban. Cuando volvimos, había sangre en el piso y las paredes del pabellón de encausados, pese a que habían limpiado. Albornoz y el cabo (Miguel Ángel Carrizo) estaban ahí, detrás de una tela metálica”, puntualizó
Relató, en coincidencia con una decena de declaraciones, que tras el homicidio, los trasladaron al pabellón “E”, conocido como “de la muerte”. Describió que las ventanas estaban soldadas; que la comida era escasa y mala y que los golpes y torturas eran permanentes.
En julio, recordó que supo que sacaron a Suter de su celda y que lo mataron. “Ahí quedó mi hermano. Dijeron que había muerto de frío. Pero no estaba enfermo. Tuvo la hombría y el coraje de decirnos cómo era la cosa. Había chicos de 14 y 15 años, él contenía. Lo que pasó fue tremendo”, rechazó.
Mencionó, después, los apellidos de los guardiacárceles que los golpeaban y humillaban: Álvarez, Medrano, García, Ledesma, Alvarado, Montenegro, Audes y González. Afirmó que Medrano y García estuvieron la noche que murió Torrente y los distinguió como los más violentos, junto a Àlvarez y Ledesma. “Del que me acuerdo bien es de Valenzuela, era de la guardia pesada. Me volteó cuatro dientes de un culatazo”, acusó.
“Yo venía del campo, tenía una inocencia total. No podía creer la violencia que estaba viviendo. Vi violaciones y, en la ‘Escuelita de Famaillá”, cadáveres amontonados en un baño. Me hicieron ver ahí cómo torturaban a un nene de cinco años delante de sus padres. Me decían ‘imaginate lo que podemos hacerte a vos’”, concluyó.
El juicio, que comenzó a mediados de septiembre, determinará las responsabilidades de los acusados por los crímenes contra 39 presos políticos cometidos en el centro clandestino que funcionó en la penitenciaría provincial entre 1975 y 1983.
Los 10 imputados son un ex militar (Jorge Omar Lazarte), un ex policía (Albornoz) y ex guardiacárceles (Daniel Álvarez, Ángel Audes, Augusto Wertel Montenegro, Santos González, Juan Carlos Medrano, Pedro Fidel García, Francisco Ledesma y Héctor Valenzuela). Están imputados por los delitos de violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad, torturas, delitos sexuales y homicidios.
Los alegatos comenzarán el 10, en tanto que la sentencia del Tribunal Oral Federal, que integran los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Juan Carlos Reynaga, se leerá el 23.
En el juicio por la megacausa “Villa Urquiza”, en la que se investigan los crímenes de lesa humanidad cometidos contra presos políticos en el centro clandestino de detención que funcionó en la penitenciaría provincial en la década del ‘70, puntualizó los dos episodios relacionados con las víctimas asesinadas en la penitenciaría por los que supo de los amedrentamientos: Suter y José Cayetano Torrente. “Suter era como un hermano mayor, nos contenía a todos. Cuando salimos de las entrevistas con Albornoz, me preguntó por qué tenía miedo. ‘No te preocupes, esto no es por ustedes, es por mí’, me dijo. También lo había amenazado”, consignó por un lado.
Por el otro, relató cómo fue la llegada de Torrente. “Llegó en enero o febrero de 1976. No olvido cómo estaba: quebrado emocionalmente. Nos reunimos a recibirlo, como hacíamos siempre hasta el Golpe, para darle jabón, toalla y comida. Se puso a llorar y a hablar. Expresó su preocupación por una amenaza. Me contó: ‘Albornoz me amenazó. Me dijo que iba a morir abierto del cuello hasta la pelvis’. Las amenazas se cumplieron”, lamentó.
Simulacro
Memoró detalles del simulacro de motín en mayo de 1976 tras el que fue asesinado Torrente, precisamente, apuñalado y degollado de acuerdo con otros testimonios. “Vimos cómo lo sacaban. Cuando volvimos, había sangre en el piso y las paredes del pabellón de encausados, pese a que habían limpiado. Albornoz y el cabo (Miguel Ángel Carrizo) estaban ahí, detrás de una tela metálica”, puntualizó
Relató, en coincidencia con una decena de declaraciones, que tras el homicidio, los trasladaron al pabellón “E”, conocido como “de la muerte”. Describió que las ventanas estaban soldadas; que la comida era escasa y mala y que los golpes y torturas eran permanentes.
En julio, recordó que supo que sacaron a Suter de su celda y que lo mataron. “Ahí quedó mi hermano. Dijeron que había muerto de frío. Pero no estaba enfermo. Tuvo la hombría y el coraje de decirnos cómo era la cosa. Había chicos de 14 y 15 años, él contenía. Lo que pasó fue tremendo”, rechazó.
Mencionó, después, los apellidos de los guardiacárceles que los golpeaban y humillaban: Álvarez, Medrano, García, Ledesma, Alvarado, Montenegro, Audes y González. Afirmó que Medrano y García estuvieron la noche que murió Torrente y los distinguió como los más violentos, junto a Àlvarez y Ledesma. “Del que me acuerdo bien es de Valenzuela, era de la guardia pesada. Me volteó cuatro dientes de un culatazo”, acusó.
“Yo venía del campo, tenía una inocencia total. No podía creer la violencia que estaba viviendo. Vi violaciones y, en la ‘Escuelita de Famaillá”, cadáveres amontonados en un baño. Me hicieron ver ahí cómo torturaban a un nene de cinco años delante de sus padres. Me decían ‘imaginate lo que podemos hacerte a vos’”, concluyó.
El juicio, que comenzó a mediados de septiembre, determinará las responsabilidades de los acusados por los crímenes contra 39 presos políticos cometidos en el centro clandestino que funcionó en la penitenciaría provincial entre 1975 y 1983.
Los 10 imputados son un ex militar (Jorge Omar Lazarte), un ex policía (Albornoz) y ex guardiacárceles (Daniel Álvarez, Ángel Audes, Augusto Wertel Montenegro, Santos González, Juan Carlos Medrano, Pedro Fidel García, Francisco Ledesma y Héctor Valenzuela). Están imputados por los delitos de violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad, torturas, delitos sexuales y homicidios.
Los alegatos comenzarán el 10, en tanto que la sentencia del Tribunal Oral Federal, que integran los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Juan Carlos Reynaga, se leerá el 23.
Temas
Penal de Villa Urquiza







