Quería vivir tranquilo

Promesa incumplida del general Gutiérrez

CELEDONIO GUTIÉRREZ. Su hija, Zoila Gutiérrez de Colombres, posa sentada con mantón negro, en los últimos años, junto a sus tres hijas mujeres  LA GACETA / ARCHIVO CELEDONIO GUTIÉRREZ. Su hija, Zoila Gutiérrez de Colombres, posa sentada con mantón negro, en los últimos años, junto a sus tres hijas mujeres LA GACETA / ARCHIVO
El general Celedonio Gutiérrez (1804-1880) gobernó la provincia durante once años, desde 1841 hasta comienzos de 1852, en que fue depuesto. Luego de fuertes combates con sus adversarios liberales, logró recuperar el poder y volver al sillón entre el 4 de abril y el 25 de diciembre de 1853.

Tras largo tiempo de exilio, Gutiérrez volvió a radicarse en Tucumán. El 7 de enero de 1860, envió una carta al gobernador Marcos Paz. “Ningún resentimiento, ningún recuerdo amargo me agita, ni traigo otra aspiración que la de vivir tranquilo en el seno de mi familia”, decía el texto que publicó el diario “El Liberal”, en su edición del el 9 de febrero.

“Si aún conservo algunos amigos, o existen personas a quienes inspire algunas simpatías, desearía y suplicaré a todos ellos que, como yo, sean sumisos a la ley”, manifestaba. Esperaba confiado que “el tiempo, calmando las pasiones que me deprimen, hará que se haga justicia a la lealtad de mi carácter”. El gobernador Paz le respondió aceptando esos sentimientos, que encontraba “muy dignos de la época de libertad, olvido, unión y nacionalidad que atravesamos”.

Pero la calma de Gutiérrez era sólo aparente. En octubre de 1862, salió de la paz de la familia para unirse al ejército de la Confederación, que mandaba Octaviano Navarro. Participó así en la acción de El Manantial (3 de octubre) donde fueron batidos los liberales. Gutiérrez se serenará realmente después del 10 de febrero de 1862, cuando las fuerzas liberales de José María del Campo y Antonino Taboada se impongan en la sangrienta batalla de Río Colorado.

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