Una novela que resurge de sus cenizas

22 Junio 2014

Novela

¿POR QUÉ PROHIBIERON  EL CIRCO?

MEMPO GIARDINELLI

(Edhasa - Buenos Aires) 

Es raro tener que comentar como novedad una primera novela de alguien consagrado como un gran escritor. Hablo de Mempo Giardinelli y la reciente publicación en nuestro país de su ópera prima, ¿Por qué prohibieron el circo?, cuya tirada completa fue quemada por la dictadura militar en 1976 y publicada, recién en 1983, durante el exilio mexicano del autor, sin que se la conociera en estas latitudes hasta ahora en que resurge, como el Ave Fénix, de sus cenizas.

Giardinelli relegó esta novela de su bibliografía y, en no pocas oportunidades, ha renegado de ella considerándola “una mala novelita…, que hoy prefiero olvidar”. Sin embargo, me adelanto a discrepar con esta opinión del autor. Lo que él denomina “obsesiones que me persiguieron durante los primeros veinte años de trabajo” son las cosas que más nos acercan a su literatura y más apreciamos quienes defendemos aquella vieja máxima de Tolstoi, “pinta tu aldea y pintarás el mundo”.

En ¿Por qué prohibieron el circo?, el autor ha estructurado su relato en tres partes: la primera cuenta la llegada de Toño, el nuevo maestro, a Colonia Perdida, remoto pueblito de la selva chaqueña. Una voz omnisciente nos “pinta” esa aldea mostrándonos el lugar que ocupan los hacheros del quebracho y el obraje algodonero, muchos de ellos indígenas, que viven en una aparente calma junto al cura, el intendente, los comerciantes, los responsables de las dos grandes compañías que explotan los recursos de la región y las brigadas armadas que responden a éstos. El maestro será quien comience a plantearse, y a plantearles, ciertos interrogantes dormidos.

La segunda parte se arma a partir de una pluralidad de voces que van intercalando información sobre los personajes y los acontecimientos de Colonia Perdida. Es la parte más larga de la novela y la que permite conocer interesantes detalles de la personalidad de cado uno de los actores que intervienen en el drama que comienza con la primera huelga que se lleva a cabo en el pueblo desde su fundación.

En la tercera parte, volvemos al narrador omnisciente y a la narración lineal de los hechos que, luego del giro que toman los acontecimientos, nos llevarán a un extraordinario final abierto.

Con un vértigo poco habitual, la novela nos ayuda a plantearnos, junto a los personajes principales, las consecuencias de intentar cambiar el status quo, los compromisos, las dudas y las responsabilidades al denunciar las injusticias que se cometen a nuestro alrededor y las ramificaciones de las acciones que impulsamos al tratar de revertirlas. Una lectura más que recomendable.

© LA GACETA

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Julio R. Estefan

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