05 Mayo 2014 Seguir en 
Las personas con discapacidades físicas, para tomar un ejemplo, sufren graves complicaciones al momento de tener que trasladarse por la ciudad o acceder a determinados sitios, pero tanto o más grave aún es la discriminación a la que son objeto a la hora de pugnar por un puesto laboral. El prejuicio, la ignorancia, las conductas aprendidas o directamente los modelos culturales resultan un cóctel fatal para las aspiraciones de estas personas discriminadas. Lo cultural resulta crucial y se impone a lo biológico como determinante de un patrón de conducta.
Una persona en sillas de rueda, para tomar un caso, es alguien con capacidad de desarrollar determinados trabajos dentro de una empresa y quizás podría estar altamente calificada para ocupar un sitio en la recepción. A flor de ser sincero las he visto en algunos ingresos a edificios o reparticiones públicas, pero no así en grandes empresas. Por el contrario, el modelo prototípico de “recepcionista” es una señorita esbelta, sin ninguna discapacidad aparente; cuánto más se parezca a una modelo de Pancho Dotto, mucho mejor.
¿Se trata de un disvalor? No, la belleza es un valor, desde luego, y todos lo apreciamos de una u otra forma. Sin embargo, si el criterio excluyente para cubrir un puesto en recepción es la belleza prototípica, se trata de una medida un tanto superficial y frívola.
También hay que decirlo: si ingresamos a la recepción de una importante empresa y nos encontramos con una persona que exhibe estos atributos no nos generará ninguna disonancia perceptiva; en el fondo era lo que suponíamos íbamos a ver. Ahora bien, ¿qué pensaría si al ingresar, en lugar de encontrarse con una “clásica” recepcionista se encuentra con una persona en sillas de ruedas?
Probablemente pensó lo mismo que yo: en esta empresa se advierten otros valores, desde el vamos. Seguramente será una imagen que nos impacte favorablemente, que nos haga pensar en los criterios de humanidad que la empresa propugna, en una empresa socialmente responsable y comprometida con la comunidad, que brinda oportunidades a las personas por lo que las personas valen, más allá de cualquier otra cuestión. Promover este tipo de acciones entre nuestros clientes son las Relaciones Públicas socialmente responsables, las que privilegian la integración, el respeto por la diversidad y el humanismo.
Una persona en sillas de rueda, para tomar un caso, es alguien con capacidad de desarrollar determinados trabajos dentro de una empresa y quizás podría estar altamente calificada para ocupar un sitio en la recepción. A flor de ser sincero las he visto en algunos ingresos a edificios o reparticiones públicas, pero no así en grandes empresas. Por el contrario, el modelo prototípico de “recepcionista” es una señorita esbelta, sin ninguna discapacidad aparente; cuánto más se parezca a una modelo de Pancho Dotto, mucho mejor.
¿Se trata de un disvalor? No, la belleza es un valor, desde luego, y todos lo apreciamos de una u otra forma. Sin embargo, si el criterio excluyente para cubrir un puesto en recepción es la belleza prototípica, se trata de una medida un tanto superficial y frívola.
También hay que decirlo: si ingresamos a la recepción de una importante empresa y nos encontramos con una persona que exhibe estos atributos no nos generará ninguna disonancia perceptiva; en el fondo era lo que suponíamos íbamos a ver. Ahora bien, ¿qué pensaría si al ingresar, en lugar de encontrarse con una “clásica” recepcionista se encuentra con una persona en sillas de ruedas?
Probablemente pensó lo mismo que yo: en esta empresa se advierten otros valores, desde el vamos. Seguramente será una imagen que nos impacte favorablemente, que nos haga pensar en los criterios de humanidad que la empresa propugna, en una empresa socialmente responsable y comprometida con la comunidad, que brinda oportunidades a las personas por lo que las personas valen, más allá de cualquier otra cuestión. Promover este tipo de acciones entre nuestros clientes son las Relaciones Públicas socialmente responsables, las que privilegian la integración, el respeto por la diversidad y el humanismo.







