Una picardía de pájaro otea su mirada. Escucha. Madura un pensamiento. Rastrea una anécdota en el corazón del tiempo. Amasando el silencio. Los panelistas discurren sobre el ayer, el hoy y el mañana de la canción de raíz folclórica. La urgencia por hablar no lo atosiga. Le llega el turno.
"En 'La pomeña', Manuel Castilla no solo pinta a la Eulogia. En la letra hay referencias a la altura (La Poma), a la producción agrícola (alfalfa, trigo), a la vegetación (sauce), al suelo (arena)..."
Sus palabras ahora sonríen. "Yo también intenté escribir. Le hicimos con Ernesto Cabeza una canción en homenaje a Jaime Dávalos y le pusimos 'Siempre poeta'. No quisimos nombrarlo en la letra ni en el título, sino usar palabras que lo identificaran. Antes de grabarla, se la mostramos. La letra empezaba: 'Hombre impuro de pureza animal'. Jaime me miró y me dijo: 'No se puede empezar una poesía poniendo impuro o impureza porque después no te van a alcanzar las palabras para purificarla. Deberías haber puesto: 'hombre, barro humano' porque el barro tiene agua, que es pura, tiene pasto, tiene bosta, tiene las cosas que hacen la impureza y la pureza...' Me dio una lección. Ahí se acabó mi carrera de poeta... Luego Jaime me dijo: "Me hubieras dicho a mí que la escribiera... ¡yo me habría hecho una letra de la gran puta!"
Los 83 mayos no le apunan la gracia ni la sabiduría, que aletea durante el encuentro de la Academia de Folklore de la República Argentina en su Salta natal.
Sentado en el bar del hotel Salta desparrama historias y afecto. Una flor del Yocavil se arrima y lo saluda con un "¡buen día!" El duende bribón se posa en su sonrisa, hace el ademán de incorporarse: "Disculpe que no me levante ligero. Es que me pesan las nalgas", le dice Juan Carlos Saravia, un chalchalero jubilado, que sigue cortejando con alegría a la vida.
"En 'La pomeña', Manuel Castilla no solo pinta a la Eulogia. En la letra hay referencias a la altura (La Poma), a la producción agrícola (alfalfa, trigo), a la vegetación (sauce), al suelo (arena)..."
Sus palabras ahora sonríen. "Yo también intenté escribir. Le hicimos con Ernesto Cabeza una canción en homenaje a Jaime Dávalos y le pusimos 'Siempre poeta'. No quisimos nombrarlo en la letra ni en el título, sino usar palabras que lo identificaran. Antes de grabarla, se la mostramos. La letra empezaba: 'Hombre impuro de pureza animal'. Jaime me miró y me dijo: 'No se puede empezar una poesía poniendo impuro o impureza porque después no te van a alcanzar las palabras para purificarla. Deberías haber puesto: 'hombre, barro humano' porque el barro tiene agua, que es pura, tiene pasto, tiene bosta, tiene las cosas que hacen la impureza y la pureza...' Me dio una lección. Ahí se acabó mi carrera de poeta... Luego Jaime me dijo: "Me hubieras dicho a mí que la escribiera... ¡yo me habría hecho una letra de la gran puta!"
Los 83 mayos no le apunan la gracia ni la sabiduría, que aletea durante el encuentro de la Academia de Folklore de la República Argentina en su Salta natal.
Sentado en el bar del hotel Salta desparrama historias y afecto. Una flor del Yocavil se arrima y lo saluda con un "¡buen día!" El duende bribón se posa en su sonrisa, hace el ademán de incorporarse: "Disculpe que no me levante ligero. Es que me pesan las nalgas", le dice Juan Carlos Saravia, un chalchalero jubilado, que sigue cortejando con alegría a la vida.
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