Los une la familia y la pasión por servir a otros - LA GACETA Tucumán

Los une la familia y la pasión por servir a otros

Lourdes es la presidenta de la Comisión Directiva y la que se encarga de gestionar beneficios para el cuartel. Segundo, su marido, es el jefe del cuerpo. Sus cinco hijos: Adriana, Lourdes, Rodrigo, Lisandro y Luis se fueron contagiando de a poco y se unieron. También el yerno, Guillermo. Hoy, los González, más otros 33 voluntarios, forman la gran familia "bomberil".

21 Abr 2013 Por Natalia Viola
La primera vez que apagaron un incendio acudieron en remís. No tenían camión, ni autobomba. Apenas unas mochilas, los trajes y unas ganas desbordantes de que el deber los llamara.

Habían comenzado a gestar el proyecto desde hacía un par de años y, ahora, ya convertidos en bomberos estaban listos para apagar incendios, salvar gatos trepados a los árboles, dar primeros auxilios en accidentes, neutralizar panales de abejas o rescatar a cualquier ser vivo que cayera a un pozo. Es decir, para responder a todo lo que a un bombero de ley le corresponde.

El 4 de diciembre de 2003 obtuvieron la personería jurídica como cuartel de Las Talitas. Lourdes Fernández ya era conocida entre los vecinos, la consideraban como una mujer activa que sabría cómo hacer para conseguir fondos para que todo funcionara. Ella fue la primera de la familia en involucrarse cuando fue elegida como presidenta de la Comisión Directiva, una asociación sin fines de lucro que se dedica a gestionar recursos para que al cuerpo de bomberos no le falte nada.

Los primeros tiempos funcionaron en la sede de Defensa Civil y se abocaron a la tarea de reclutar interesados en servir a la comunidad. Uno de los primeros entusiastas fue Marcelo López, considerado el fundador, que prestaba servicios en esa dependencia. Hoy es uno de los conductores del camión.

Recién en 2005 llegaron los primeros capacitadores de la Federación Tucumana de Bomberos Voluntarios. Mientras tanto, ellos actuaban al lado de Defensa Civil o colaboraban con otros cuarteles. En 2006 se graduaron los primeros 10 bomberos. "La primera aparición oficial la hicimos en un desfile del 25 de Mayo. Ya teníamos camisa y pantalón", recuerda Lourdes.

Al ver el entusiasmo de su mujer, Segundo González, su marido, decidió colaborar y transmitir el conocimiento que casi un vida en la Marina le habían dejado. Segundo es ex combatiente de Malvinas y, desde que finalizó la guerra, se jubiló del Ejército. Se unió y decidió hacer la capacitación para especializarse en rescate vehicular. Lo mismo sucedió con uno de sus hijos, Rodrigo, quien por ese entonces estaba en el Liceo Militar. También se fue metiendo de a poco. Después comenzó a engancharse el novio de una de sus hijas, Guillermo Soria. "Venía a visitarla y se quedaba en las capacitaciones. Así se recibió de bombero", cuenta su esposa, que también se llama Lourdes y con la que tiene dos hijos.

La segunda salida, después del incendio al que acudieron en remís, fue para extraer un panal de abejas. Como no tenían dinero para el veneno no les quedó otra que darse maña con una receta casera: la espuma de jabón. "Aprendimos que si se arroja espuma sobre el panal, las abejas se asfixian y se las puede sacar. Ese día los chicos caminaron con el tacho hasta la casa del vecino", se ríe Lourdes.

Desde el comienzo fue todo a pulmón. Durante un tiempo, el auto "oficial" fue un Gol gris que tenía Segundo. Ahí cargaban tres mochilas, al únicas que tenían, y unos bidones con agua para recargarlas. Recién en 2008 consiguieron un móvil donado por el Siprosa. Se trataba de una ambulancia a la que tuvieron que meterla un año en el mecánico para dejarla en condiciones. Más adelante pudieron comprar un Ford 600 con el dinero que recibieron del primer subsidio. Cada móvil tiene su historia. El número tres era un Dodge Polara que les donaron en Santa Fe (y que ellos luego donaron a un cuartel de Santa Ana), le llamaban el "cazafantasmas" porque era igual al que usaban en la película. El cuatro es uno que lo recibieron desde Escocia. Todo esto por las gestiones de la movediza Lourdes.

Pero lo que esperan con ansias es la autobomba que en unos días le llegará directo desde Japón. Tuvieron que superar varias inspecciones y papeleos para que les donaran ese vehículo y ya no ven las horas de que esté aquí.

Nunca faltan pedidos de auxilio, sobre todo de personas y animales que caen en los pozos ciegos. Las Talitas no tiene red de cloacas. Como el 1 de enero, que rescataron a un caballo que se había caído. "Así comenzó el año", cuentan entre risas.

La casa-cuartel

En estos años, al cuartel también se unieron los más chicos de la familia: Lisandro y Luis. Primero como cadetes (antes de cumplir los 18 años). Luego, Adriana y Lourdes, que se iniciaron como radioperadoras.

Pero la familia "bomberil" está compuesta por 33 voluntarios y varios cadetes en formación. Desde hace unos meses Segundo pasó a ser el jefe del cuerpo.

Como si fuera poco, los González tuvieron que sacrificar parte de su casa. Justo en la esquina de las calles 19 y 10, abrieron una puerta donde antes había una sala, para armar el cuartel. Ahora hay armarios, trajes, cascos, mochilas, botiquines, tablas para trasladar accidentados, una computadora y las radios. En el medio, una mesa en la que pasan gran parte del día. Una puerta lateral lleva a un dormitorio con una cucheta en la que se turnan para descansar cuando están de guardia. También tienen una pequeña cocina y hacia atrás un salón con computadoras, donde se dictan las capacitaciones. "No hay ni un solo lugar de la casa en el que no haya cosas de los bomberos", reconoce Lourdes.

Es por eso que ya llegó el momento de contar con una sede propia. No sólo porque el lugar les quedó chico, sino porque ahora los tres móviles deben dormir a la intemperie, en la casa de una vecina y debajo de un gomero. Y, por supuesto, varias veces le robaron el tubo de gas y hasta el combustible. Todos tienen sus actividades y trabajos paralelos al que le quitan tiempo para dedicarse a este servicio. ¿Qué se necesita para ser bombero? "Solidaridad y entusiasmo", confiesan.

Otras historias

Andrés arroyo: bombero y luthier

Tiene 19 años y fue uno de los primeros cadetes en ingresar antes de cumplir los 18. Ahora alterna sus estudios de luthería con la guardia, que le toca todos los días de 8 a 13. "Lo más lindo es el clima familiar que hay aquí", confiesa.

Guillermo y Lourdes

Primero se enganchó él y luego le siguió ella. Ahora están casados y tienen dos hijos: Benjamín de tres años y Fernando de seis. Ellos también tienen sus cascos rojos de juguete.

El matrimonio

Lourdes Fernández nació en Bolivia, pero lleva en Tucumán más de 30 años. Sus hijas mayores son de su primer matrimonio y los tres varones que siguen los tuvo con Segundo González. A él lo conoció cuando ella se desempeñaba como cónsul de Bolivia en Tucumán y Segundo tenía un almacén que estaba cerca de la oficina de Lourdes. Así nació el amor.

La autobomba "made in japan"

Lourdes se especializó en gestiones y trámites, y no es broma. Confiesa que le encanta y que se pasa horas buscando cómo obtener más beneficios para el cuartel. Así llegó a contactarse con el gobierno de Japón. Por intermedio de la embajada solicitó la donación de un vehículo usado. Hace casi un año que envía papeles y hasta recibieron a representantes de ese gobierno que fueron a auditar y corroborar que todo en el cuartel estuviera en orden.

La tradicional cinchada

El 2 de junio es el día del Bombero Voluntario. Ya es tradición que la familia prepare un gran locro comunitario y que por la tarde se corte la calle para la competencia entre cuarteles: la cinchada.

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