07 Octubre 2003 Seguir en 
El general José Alperovich antes de asumir dejó un tendal de heridos. Los legisladores que van a asumir llegan con menos poder que sus antecesores. Ellos precisamente actuaron obsecuentemente con el gobernador que vendrá.
Los gremios también están en la lista de los perdedores. De un plumazo, el gobernador puede trasladar a empleados que cumplen funciones en una repartición del centro y mandarlos al interior. Algo parecido ocurrió en algunas dependencias policiales. Aquellos que no eran fieles al comisario o al jefe de turno, de pronto amanecían trabajando en los más recónditos lugares. Lo curioso es que a los gremios y a los sindicalistas más revoltosos les fallaron los reflejos justo en el momento más necesario. Y ahora, 48 horas después, salieron a despotricar contra las leyes alperovichistas que aprobó la Cámara más mirandista.
Un gol a favor
En Tribunales tampoco cayó bien la modificación de la Ley Orgánica que ordena la administración de justicia en la provincia. Quedó claro que se le pegó duro al ministro fiscal Luis de Mitri. Además, la creación de una cámara única de apelaciones favorecerá para tener cierto control en algunas causas. Jiménez 1 - Falú 0. Esa es la primera lectura que se hizo en los Tribunales. En la época del gobernador Ramón Ortega, una de las duplas más fuertes de esa administración la componían el ministro de Gobierno José Ricardo Falú y el secretario de esa área Edmundo Jiménez. Hoy ya no caminan de la mano y el segundo se pondrá el saco de ministro de Gobierno a partir del 29 de este mes. Falú, en tanto, juega en las ligas mayores del Congreso nacional, pero no quiere dejar de tener poder en la provincia. Aquella vieja pareja hoy está separada. Cuando venga la reforma constitucional que tiene en agenda Alperovich para los primeros meses de 2004 seguramente se ahondarán las diferencias entre los dos abogados.
Entre los perdedores también aparece Fernando Juri, quien se mostró con el gobernador Julio Miranda, pero aún mantiene absoluto silencio respecto de la jugada de Alperovich que afectó a la Cámara que él promete cambiar.
Por ahora, el gran ganador de la batalla del viernes pasado es el mandatario electo. Si se rige sólo por buenas intenciones para darle mayor aceleración a su gestión, los superpoderes le servirán nada más y nada menos que para dar vuelta como una media a la gestión Miranda. Lo sorprendente es que el mandatario que se va avale todos esos movimientos. Seguramente, cuestiones personales y no institucionales son las que mueven al candidato a senador a allanarle el camino a su sucesor. De lo contrario, no es muy comprensible. Menos aún cuando está en campaña y puede ser un bumerán para las aspiraciones de volver al Senado que tiene Miranda.
Se dice, pero no se hace
Es tal el desparpajo con el cual se movieron muchos legisladores el viernes pasado, que Juan Carlos Mamaní fue capaz de votar una cosa y después borrar con sus palabras lo que hizo en el recinto.
El legislador Mamaní dijo que estaba de acuerdo con que se intervengan los municipios con 21 votos y no con 27. Después se dio cuenta de que era concejal electo y salió a negar que había avalado esa posición. Incluso despotricó contra algunos de sus pares que habían levantado la mano en el mismo sentido. Hechos como ese son los que profundizan la desconfianza contra los políticos. Son los episodios que ahondan la falta de credibilidad porque hacen una cosa y dicen otra. Felizmente se supo cuál fue la verdadera actitud de Mamaní cuando se dio a conocer la versión taquigráfica de la sesión del viernes. Allí, en la página 90, se consigna que el legislador votó afirmativamente.
Los gremios también están en la lista de los perdedores. De un plumazo, el gobernador puede trasladar a empleados que cumplen funciones en una repartición del centro y mandarlos al interior. Algo parecido ocurrió en algunas dependencias policiales. Aquellos que no eran fieles al comisario o al jefe de turno, de pronto amanecían trabajando en los más recónditos lugares. Lo curioso es que a los gremios y a los sindicalistas más revoltosos les fallaron los reflejos justo en el momento más necesario. Y ahora, 48 horas después, salieron a despotricar contra las leyes alperovichistas que aprobó la Cámara más mirandista.
Un gol a favor
En Tribunales tampoco cayó bien la modificación de la Ley Orgánica que ordena la administración de justicia en la provincia. Quedó claro que se le pegó duro al ministro fiscal Luis de Mitri. Además, la creación de una cámara única de apelaciones favorecerá para tener cierto control en algunas causas. Jiménez 1 - Falú 0. Esa es la primera lectura que se hizo en los Tribunales. En la época del gobernador Ramón Ortega, una de las duplas más fuertes de esa administración la componían el ministro de Gobierno José Ricardo Falú y el secretario de esa área Edmundo Jiménez. Hoy ya no caminan de la mano y el segundo se pondrá el saco de ministro de Gobierno a partir del 29 de este mes. Falú, en tanto, juega en las ligas mayores del Congreso nacional, pero no quiere dejar de tener poder en la provincia. Aquella vieja pareja hoy está separada. Cuando venga la reforma constitucional que tiene en agenda Alperovich para los primeros meses de 2004 seguramente se ahondarán las diferencias entre los dos abogados.
Entre los perdedores también aparece Fernando Juri, quien se mostró con el gobernador Julio Miranda, pero aún mantiene absoluto silencio respecto de la jugada de Alperovich que afectó a la Cámara que él promete cambiar.
Por ahora, el gran ganador de la batalla del viernes pasado es el mandatario electo. Si se rige sólo por buenas intenciones para darle mayor aceleración a su gestión, los superpoderes le servirán nada más y nada menos que para dar vuelta como una media a la gestión Miranda. Lo sorprendente es que el mandatario que se va avale todos esos movimientos. Seguramente, cuestiones personales y no institucionales son las que mueven al candidato a senador a allanarle el camino a su sucesor. De lo contrario, no es muy comprensible. Menos aún cuando está en campaña y puede ser un bumerán para las aspiraciones de volver al Senado que tiene Miranda.
Se dice, pero no se hace
Es tal el desparpajo con el cual se movieron muchos legisladores el viernes pasado, que Juan Carlos Mamaní fue capaz de votar una cosa y después borrar con sus palabras lo que hizo en el recinto.
El legislador Mamaní dijo que estaba de acuerdo con que se intervengan los municipios con 21 votos y no con 27. Después se dio cuenta de que era concejal electo y salió a negar que había avalado esa posición. Incluso despotricó contra algunos de sus pares que habían levantado la mano en el mismo sentido. Hechos como ese son los que profundizan la desconfianza contra los políticos. Son los episodios que ahondan la falta de credibilidad porque hacen una cosa y dicen otra. Felizmente se supo cuál fue la verdadera actitud de Mamaní cuando se dio a conocer la versión taquigráfica de la sesión del viernes. Allí, en la página 90, se consigna que el legislador votó afirmativamente.
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