Alarmante alcoholismo juvenil

Múltiples son los factores que operan para producir tan tristes resultados.

07 Octubre 2003
De acuerdo con la extensa nota publicada en nuestra edición de ayer, hay motivos para alarmarse en lo que respecta al consumo de alcohol por parte de los jóvenes de Tucumán. De acuerdo con el estudio de un investigador del Conicet, el 80% de los menores varones y el 50% de las menores mujeres son frecuentes consumidores, y más del 40% de ellos abusa de la bebida, por lo menos una vez por semana. En ese sentido, hemos llegado a ponernos en pie de igualdad con las estadísticas de los grandes centros urbanos de la Argentina, caracterizados, desde la última década, por una explosión en este tipo de hábito.
Aun sin contar con este ni con otros estudios, la experiencia de cualquier transeúnte puede dar testimonio de la realidad mentada. A cualquier hora del día es posible toparse con grupos de menores eufóricos en torno de botellas de cerveza o de vasos de vino, o de gaseosa mezclada con alcohol. A pesar de las normas existentes sobre la prohibición de venta, dicho cuadro es cotidiano, lo que revela el escaso o nulo acatamiento de la ley.
Múltiples son los factores que operan para producir tan tristes resultados. Sin duda, el trasfondo de la crisis económica, con su consecuente derivación de frustraciones, es un elemento significativo. Por otro lado, y con reiteración, los sociólogos han hecho notar que la falta de ideales de vida, la desaparición de la cultura del esfuerzo, la adopción de modelos equivocados están entre las notas que favorecen el consumo de bebidas. A través de este, hay un transitorio escape de realidades que no se tiene capacidad para enfrentar.
No puede negarse, al mismo tiempo, el peso que tiene la generalizada despreocupación de los progenitores acerca de las actividades y costumbres de sus hijos fuera del hogar. Como bien lo dice el jefe de Policía, hay padres que no se enteran de si concurrieron o no al colegio, como tampoco se fijan en el estado en que regresan, a la madrugada, de los "boliches". Es indudable que si existiera la atención paterna, muchas de estas situaciones podrían ser conjuradas a tiempo. Por cierto que, además del control, los padres tienen la grave responsabilidad de orientar a sus hijos, y deben asumirla. También corresponde a los establecimientos educativos esmerarse en este aspecto de la formación de sus alumnos.
Los especialistas señalan que también tiene fuerte incidencia en el asunto la publicidad de las bebidas alcohólicas dirigida específicamente a los jóvenes, dato que es más que revelador de la incidencia que ellos tienen en el consumo, y que todo hace suponer que crecerá en el futuro inmediato, si la sociedad no toma las medidas para modificar el panorama.
Señalábamos arriba la inobservancia habitual, por parte de los expendedores, de las normas prohibitivas. Es evidente que una sostenida acción del Estado para hacer cumplir aquellas pautas se reflejaría inmediatamente en la situación general. Sobre este punto es necesario insistir. Mientras el problema de la venta de alcohol a los jóvenes se siga tratando de un modo ligero no podrá llegarse a correcciones verdaderamente profundas en esta cuestión. Urge, entonces, un cambio de actitud por parte de las autoridades que vaya más allá de los operativos espectaculares para convertirse en una verificación sostenida y permanente acerca de la vigencia de las normas legales en la materia.Está de más decir que el alcoholismo juvenil debe computarse como un problema mayor de la comunidad. La juventud de un país es su futuro y es su capital de máxima importancia. Si la sociedad no lo forma ni lo protege debidamente no podrá aspirar a ningún horizonte positivo.

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