BUENOS AIRES.- Mientras siga con estos altos niveles de recaudación impositiva, al Gobierno no hay con qué darle, porque todos los planes expansivos que anuncia día a día, obras públicas, subsidios para planes sociales y reabrir empresas, encuentran respaldo y fondeo propio.
Estar cómodamente ubicados con ingresos por más de $ 6.000 millones mensuales y, además, en un momento de inflación declinante e incluso deflación en muchas áreas, es un logro al que ni se soñaba llegar meses atrás.Según palabras del titular de la AFIP, Alberto Abad, se habría logrado una solvencia fiscal por lo menos momentánea, no intertemporal que sería lo ideal.
En el ambiente de los economistas se habían desestimado muchos de esos anuncios de obras públicas y fideicomisos como efectistas, presuponiendo que en el corto plazo iban a faltar recursos, que sólo permitiría el lanzamiento de los proyectos, de cara a las elecciones, pero que impediría la prosecución y finalización en término de los planes. Pero en lo que resta de 2003 y todo 2004, seguramente no se trabará.
El flujo de recaudación parece asegurado para lo que resta de 2003 y las proyecciones de crecimiento para 2004 -un 4,3% en términos reales- no rebasan el límite de la prudencia.
Prudencia
Es sintomático que no se produjeron las rebeliones fiscales que se temían y además, el Gobierno tiene conciencia de que el sistema es inequitativo e injusto, pero por lo menos hay que aplicarlo integralmente antes de empezar a modificarlo, abandonando moratorias y parches parciales que tanto daño hicieron a la masa fiscal en los últimos años. Las incógnitas se acumulan para 2005 en adelante, dependiendo del ablandamiento de los acreedores defaulteados cuando llegue el momento de negociar en concreto, aplicando las inmensas quitas que propone el ministro Roberto Lavagna.
Habrá que superar la etapa de las amenazas mutuas ("te voy a hacer juicio y embargar internacionalmente" y "si no aceptás lo que te propongo pagar no te pago nada").En ese contexto, el Gobierno no vaciló en apelar a medidas heterodoxas que incluso escandalizaron a mentes rutinarias, apegadas a las normas. Así fue el año pasado la prohibición del ajuste por inflación en los balances, que catapultó la recaudación del Impuesto a las Ganancias, pero sobre utilidades ficticias, y ahora sucede lo mismo con la inclusión de los fondos de las AFJP dentro de la quita y reprogramación de deuda, que si bien fue declarada inconstitucional por un fallo, se duda que ello tenga suficiente envergadura para torcer los planes del Gobierno.
Para adelante
Estos consisten simplemente en sacarse las obligaciones de encima, ya sea patearlas para adelante o desconocerlas, y de esa manera garantizarse un excedente actual de fondos que permita encarar, keynesiana o justicialistamente hablando, una serie de obras apuntando a la creación directa de empleo e inyección directa de demanda para mover el mercado de consumo.
Concretamente, se afectan los derechos de propiedad. Esto de ninguna manera es novedad en la Argentina, pero la falta de seguridad jurídica no parece ser inconveniente suficiente para desalentar la demanda y una clara mejoría en el clima de los mercados. Los rendimientos récord de la Bolsa argentina comparados con los niveles mundiales, en lo que va de 2003, son demostrativos de un cambio de expectativas que se proyecta muy positivamente.
Persiste la falta de financiamiento, pero el crédito se puede reconstruir y, además, se están liberando fondos que estaban atrapados en dólares en poder del público, como consecuencia del pánico que siguió al aplicarse el primer corralito en época del ministro Domingo Cavallo.Es una apuesta arriesgada porque implica para el Gobierno jugar contra las expectativas y contra el escepticismo ambiente, y, en alguna medida, ganarles. (DyN)







