Viernes de luto

El oficialismo indujo el suicidio del Poder Legislativo.

06 Octubre 2003
Por Alvaro José Aurane

El viernes pasado quedó condenado a ser un día histórico. Como tal, el transcurso del tiempo irá llenándolo de contenido. Las atrocidades institucionales que podrán perpetrarse gracias a las normas sancionadas en la nefasta sesión irán dándole la dimensión adecuada.
Una primera cuestión ya puede advertirse hoy con claridad, por su carácter inédito. A la luz del día y a la vista de todos, se suicidó un poder del Estado. Es decir, provocó su suicidio gran parte de sus miembros. Hasta ese día, las composiciones parlamentarias pasaban pero la Legislatura quedaba. Ya no más. Dará lo mismo, tras el cambio en la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, que se reúna o no para avalar las disposiciones del Poder Ejecutivo.
En el luctuoso viernes retrocedimos a tiempos primitivos, y los representantes populares parecieron convencidos de que había que sacrificar una de las vacas sagradas para saludar la asunción del nuevo cacique. En verdad, tras la anticonstitucional acumulación de poder que se confirió al Ejecutivo con el consecuente vaciamiento de autoridad de la Cámara, habrá que redefinir nociones básicas. Como la de si esta seguirá siendo una provincia. De hecho, ya avanzaron contra la Justicia, diezmando el Ministerio Fiscal y cambiando el sistema de casación judicial.

Faltó poco
Mientras la Nación estudia la posibilidad de intervenir el unicato de Santiago del Estero, durante el viernes negro el Parlamento local avanzó en la consagración del modelo del sultanato juarista en esta provincia. La historia, se ve, no está desprovista de ironías. Lo único que le faltó al oficialismo legislativo fue cambiarle el nombre al territorio.
Quedaron pisoteadas la Constitución nacional y la provincial, la legislación laboral, el Código Procesal Penal de Tucumán, la Ley Orgánica de Tribunales, la de Municipalidades y la de Comunas Rurales. Pero, sobre todo, quedó manoseada la soberanía popular. Ahora que comunas y municipios podrán ser intervenidos con el voto de sólo 21 legisladores, será posible birlar la decisión popular con doméstica facilidad.
Es que, justamente, la que se desangró en el recinto fue la democracia. El personal técnico de la administración pública tiene el legítimo derecho de considerarse amenazado por esta Cámara, que autorizó al próximo Gobierno a que lo traslade indiscriminadamente. Herir al sistema democrático consiste, entre otras cosas, en instaurar esas sensaciones.

Expectativas dañadas
La idea de no reeditar otros cuatro años de vicios mirandistas se formó con dos conceptos esenciales. Por un lado, se incrementaría el control sobre el Poder Ejecutivo. Por el otro, el Gobierno encararía políticas participativas y de diálogo con todos los sectores de la comunidad. En lugar de ello, se abonó el terreno para cegar cualquier disenso.
Tucumán es pródiga en paradojas. Aparentemente, el mirandismo sin Julio Miranda no será mejor que el que todavía está vigente. Cuando entre dos opciones no puede distinguirse la peor, es porque llegó la hora de lo peor.
En el medio del conflicto, al vicegobernador electo Fernando Juri le queda cada vez menos margen para hacerse el distraído, porque cada día tiene menos espacio para ejercer su cargo. La revisión de las leyes sancionadas en la última sesión es una posibilidad remota, pero más factibles, estadísticamente, que un probable veto por parte de Miranda. Aunque proveniente del sindicalismo, no dudó en dictaminar y en aprobar como senador las leyes de flexibilización laboral del menemismo.
Igualmente, nada puede descartarse aún. En definitiva, en el fondo de la vasija de Pandora, luego de que salieron todos los males, aún yacía la esperanza. Mejor estaríamos si, junto con ella, hubiera quedado algo de vergüenza.

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