BUENOS AIRES.- La Argentina, que necesita reinsertarse en el mundo, acaba de recibir de Néstor Kirchner un espaldarazo mayúsculo en la necesidad imperiosa que tiene de producir al menos una mejora en el clima de inversión. Quizás sin proponérselo, con su implacable actitud de cortar de raíz la corrupción, nada menos que en la cabeza del titular de la Policía Federal, Norberto Giacomino, el Presidente acaba de compensar con un gesto de fondo toda la artillería antiempresaria que sale a diario del Gobierno. Así, Kirchner en persona gatilló en la consideración de quiénes toman decisiones de inversión un mecanismo que muchos creían que tardaría demasiado en reactivarse en la Argentina: la vocación del Estado por darles transparencia a los actos de gobierno.Más allá de la innegable importancia del aspecto moral, como señal contundente hacia toda la comunidad, este primer escalón de retorno hacia valores que implican formas civilizadas de convivencia económica -las que el mundo conoce en conjunto como "capitalismo"- resulta ser un guiño importantísimo hacia los hombres de negocios, quienes se esperanzan ahora en que el país avance por otros senderos de similar importancia, intransitados desde la hecatombe delarruista.
Próximos pasos
El respeto por los contratos, el abandono de la discrecionalidad, el cumplimiento de las metas fiscales con el FMI (esta misma semana el Presidente avanzará hacia una nueva coparticipación), la necesidad de dar certidumbre impositiva a futuras inversiones y una negociación más abierta en materia de deuda son algunos de los próximos pasos que están esperando verificar los inversores para volver, al menos, a pensar en la Argentina.
Este último aspecto tuvo bastante atareado en Nueva York al ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien dividió su agenda entre el armado financiero y el andamiaje legal de la futura negociación. El jefe del Palacio de Hacienda usó una parte de su tiempo para recorrer estudios de abogados que ayuden a cubrir el flanco legal del esquema de reestructuración de deuda que plantea el Gobierno, ya que en Wall Street hay un convencimiento casi unánime de que el caso argentino terminará en los tribunales.
Dicen los expertos que la pérdida planteada resulta tan descomunal para los acreedores que la mayor parte de los tenedores estadounidenses no podrá aguantar la quita propuesta, sobre todo aquellos que compraron los bonos en el pico del mercado. La experiencia de otros países que cayeron en situaciones similares es que los reclamos terminaron en la Justicia, que luego falla a favor del acreedor, mientras los países no pueden volver por años al mercado voluntario de deuda.
En este aspecto, quedó claro en la presentación que Lavagna realizó en Dubai, que la Argentina tendrá un faltante de financiamiento en los próximos años. Por eso Lavagna, en un juego a varias puntas, se sentó en la Reserva Federal neoyorkina con representantes de bancos internacionales que a la vez son acreedores, posibles colocadores de nueva deuda y dueños de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones, las tan vapuleadas AFJP, de quienes se esperan aportes concretos para cubrir ese bache ya que aún es el único actor del mercado de capitales que maneja ahorro interno a largo plazo.
Las necesidades fiscales
Ahora, el Gobierno deberá decidir si privilegia las necesidades fiscales de hoy a costa de los jubilados del mañana, con un retorno hacia el sistema estatal o si, por el contrario, regula algunos aspectos criticables de la operatoria y negocia la posibilidad de no castigar a millones de afiliados con una quita tan fuerte, mediante la entrega de Bonos Par que -según lo han dicho las autoridades- no serán para todos, pero que aún no se sabe para cuántos.
La gira que iniciarán funcionarios de Economía, a partir del 20, permitirá pulsar cómo están los ánimos en las principales plazas del mundo, allí dónde se conformaron los Grupos Consultivos. El secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen partirá hacia Europa y a la Costa Este de EEUU, su segundo, Leonardo Madcur irá a Japón y cubrirá cuatro ciudades de la Costa Oeste.
Los inversores querrán saber no sólo si podrá sostenerse la actual reactivación, que se contagió al consumo -que a hoy representa dos tercios de la demanda global- sobre todo en bienes durables, adonde fue a parar cierto desahorro de la gente, motorizado por la acción combinada de baja de tasas, el Plan Boden para autos y precios de ocasión en materia inmobiliaria y en la industria de la construcción. Especulan también sobre si el año próximo se podrá repetir la tasa de crecimiento que los analistas calculan ahora en 7 % para este año.
En general, tienen dudas sobre la vocación del Gobierno en frenar el gasto si la recaudación sigue viento en popa, aunque confían en que Lavagna no ejecutará el Presupuesto más allá del tope de gastos aprobados. Para abrir el paraguas, ponen el acento sobre no considerar "para siempre" los precios internacionales de la soja que hoy aportan 50 % de los ingresos fiscales por retenciones.
Otro punto que es motivo de duda en el exterior es que son conscientes de que las decisiones de inversión (imprescindible en un país que hoy sólo cubre 80% de su desgaste en máquinas y equipos) deberán a comenzar a madurar en el año próximo, si desean efectivizarlas durante el 2005. En este aspecto, la potente señal que dio Kirchner comienza a aclarar las reglas de juego, aunque por ahora impacte más en los locales que hacia afuera. (DyN)







