Justicia bajo presión

Al oficialismo no le gustan los controles.

04 Octubre 2003
Por Roberto Delgado

La oportunidad era única. Con el escándalo de las camionetas 4x4, la imagen de la Justicia tucumana está por el piso. Sus integrantes son mirados con curiosidad, inquietud y, en algunos casos, con sospecha. Al poder político, que quiere prepararse para la próxima administración, le venía bien este momento. Y lo aprovechó.
Hace un año, la Legislatura mirandista había querido enjuiciar al ministro fiscal Luis de Mitri como una forma de acotar el poder del entonces fiscal anticorrupción (que investigaba a los legisladores). Ahora logró acotar las facultades de De Mitri y devolverle el poder a la Corte Suprema. También volvió a crear una sola cámara de Apelaciones, con lo cual la decisión sobre todas las causas (entre ellas, muchas de las 450 investigaciones entabladas por el ex fiscal anticorrupción) deberían ser decididas por tres jueces y no por 21, como ocurría hasta ahora. Si alguien pudiera influir sobre esos jueces tendría un poder enorme sobre la Justicia. Aunque la reforma haya sido inocente, el sentido común indica que es peligrosa. Se atacó precisamente la independencia del ministro fiscal para poder presionar a los fiscales de Instrucción y evitar futuros dolores de cabeza y sofocones como los que pasaron muchos miembros del gobierno de Julio Miranda y del futuro gobierno de José Alperovich con las investigaciones anticorrupción de Esteban Jerez. Hacia eso, precisamente, está dirigida sobre todo esta reforma: se limita al jefe de los fiscales y se presiona para tener manejo de la Cámara de Apelaciones, a la que irán las causas judiciales.
No es la primera vez que se da esta tentación hegemónica en el Poder Ejecutivo. La tuvo y la disfrutó Ramón Ortega, que recibió un Poder Judicial recién acomodado por la intervención federal (y sin Fiscalía anticorrupción). También tuvo la tentación Antonio Bussi, pero no pudo embestir a la Justicia porque no le daban los números en la Legislatura. Julio Miranda, por su parte, creyó que como los miembros del Poder Judicial habían sido elegidos en tiempos peronistas, podría atravesar sin problemas su mandato y hasta se dio el lujo de crear la Fiscalía anticorrupción. Mucho se arrepintió cuando sus funcionarios y sus legisladores le generaron un sinfín de causas judiciales. Por eso es que ahora elige como quiere a los candidatos a la Justicia y pisotea al CAM, que es el órgano creado para seleccionarlos.
Hay que decir que el oficialismo no es tonto. Parte del hecho de que una gran parte de los integrantes de este Poder Judicial ha sido elegida por un minúsculo grupo de poder (no según la selección del CAM) y por ello tiene flancos débiles. Por ello no podía dejar pasar la oportunidad de sojuzgar más a la Justicia. Argumentos tendrá de sobra para justificar lo que los críticos han llamado "unicato", aunque la imagen de la misma Corte (muchas veces acusada de estar demasiado politizada) quede por el piso.
¿Cómo hará una Justicia presionada al extremo para controlar al poder político, si este se excede? La gravedad institucional de estas reformas hechas por conveniencias políticas es terrible. Afecta más a la Justicia que el escándalo de las 4x4, porque corta las amarras de la poca contención legal frente a la arbitrariedad y a la impunidad. Aunque el futuro gobierno tenga muy buenas intenciones y promueva las mejores iniciativas, si no propicia controles adecuados, siempre habrá riesgos para la comunidad.
Si algo tienen de ejemplar los EE.UU. es la independencia de su Justicia. Desde hace más de 200 años. Nosotros vamos retrocediendo cada vez más, y no nos damos cuenta de cómo esto afecta a las instituciones. Es más: la gente salió a reclamar en las calles por su dinero atrapado en el corralito, pero nadie gritó fuerte frente a cada nueva pisoteada del Gobierno a la independencia judicial. ¿A quién pedirá Justicia en el futuro? ¿Al nuevo gobernador?

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