El encargo de funciones que requieren confianza

08 Febrero 2013
Como lo informamos, la Policía ha difundido sus últimas conclusiones en la investigación del asesinato de una conocida pianista tucumana, hecho que conmovió a la opinión pública. Según esas afirmaciones, el autor del delito habría sido un hombre que, como empleado tiempo atrás en una mensajería cuyos servicios usaba con frecuencia la víctima, conocía su casa y sus movimientos.

Más allá de que todo esto termine -o no- debidamente confirmado en sede judicial, el tema plantea una cuestión sobre la que parece adecuado detenerse. Es sabido que, en estos últimos años, el crecimiento de la ciudad y las nuevas exigencias de una vida cotidiana cada vez más complicada, han difundido la utilización de cadetes -a los que el público suele llamar "servimotos"- para llevar y traer mensajes o paquetes, así como para la realización de pagos y trámites diversos.

Es decir que se les encomienda tareas de gran confianza. Cabe preguntarse si, en todos los casos, las empresas que envían cadetes a pedido han verificado los antecedentes de los "servimotos", con la detención que corresponde. No nos referimos únicamente a solicitarles un "certificado de buena conducta", sino a algo mucho más importante. Esto es, vigilar con cuidado su desempeño, efectuando, por ejemplo, consultas sobre el mismo a las personas a quienes han prestado un servicio.

Hay que recordar que ese servicio los hace entrar, en cierta escala, dentro de la intimidad de los domicilios; y que la índole confiada de muchos clientes hace aún más profundo el conocimiento de aquella. Hay que convenir que, si carecen de valores de integridad personal, es posible que cometan delitos; ya por sí mismos, o por medio de cómplices a quienes pueden suministrarles los datos adecuados.

Vivimos tiempos de inseguridad. Pero, necesariamente, la vida nos lleva a confiar en una buena cantidad de personas cuya integridad descontamos. El reciente caso del robo a domicilios de Las Yungas, se vincula de algún modo con el tema que venimos tocando.

¿Quién custodia los custodios? ¿Tenemos real garantía de que personas que teóricamente van a resguardarnos del delito no sean delincuentes en potencia? Si es frecuente el caso de policías que han actuado como criminales y por ello fueron debidamente procesados, queda claro que el desempeño de funciones de confianza no conlleva siempre la posesión de la calidad moral para desempeñarlas.

Nos parece que tanto las empresas de mensajería como las de seguridad debieran replantearse los esquemas que han utilizado hasta ahora sobre la integridad del personal que emplean. Hablamos de poner el más extremo cuidado a la hora de contratar a alguien y, sobre todo, ejercer sobre su desempeño un contralor permanente. Este debe extenderse a sus amistades y sus modalidades de vida, ya que el entorno de una persona y sus costumbres proporcionan los indicadores más valiosos a la hora de calibrarla.

Por cierto que siempre existirán los imponderables y los casos que no pudieron preverse. Pero estamos seguros de que es necesario manejarse, en este terreno, de una manera diferente a la que parece usual hasta hoy. En la apacible Tucumán de hace medio siglo, nada de esto parecía necesario. Pero la ciudad de la segunda década del siglo XXI ofrece un panorama totalmente distinto, frente al cual son necesarias nuevas estrategias de prevención. Conviene no olvidarlo.

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