Falta de numeración en las fachadas urbanas

06 Febrero 2013
Hace exactamente 143 años, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán dispuso -por decreto del 31 de mayo de 1870- que las calles de la ciudad debían tener nombres, y que se numerase la puerta de cada edificio. Se consideraba que la ciudad había crecido, y que ya no era posible que las direcciones se indicaran del modo casero e impreciso que era habitual hasta entonces.

Poco después, se estableció que la nomenclatura y la numeración se fijarían en "tablillas" de porcelana azul con números blancos. En otro momento, los nombres de las calles se indicaron también con pesadas placas de hierro fundido, empotradas en las ochavas. Nuestros museos conservan algunas de ellas.

Lo que importa del asunto es marcar la antigüedad que registra la exigencia de numerar cada inmueble. Justamente, se dispuso implantarla en los años que precedieron la llegada del ferrocarril, cuyo tendido se desarrolló de 1872 a 1876, y que marcaría los cambios más profundos en la vida de la ciudad. Que las calles tuvieran su nombre y las casas su número, se consideraba elemento imprescindible en una capital adecuada a la marcha de los tiempos.

Resulta curioso que, a más de un siglo y medio de la adopción de tan acertadas medidas, encontremos que en Tucumán, en una cantidad muy notoria de casos, la disposición de numerar los inmuebles ha dejado de cumplirse.

Basta recorrer cualquier calle para notar que esa identificación falta, y que para encontrar una dirección determinada hay que deducirla de las vecinas.

Esto causa una serie de obvios y fastidiosos inconvenientes a quien busca un domicilio, inconvenientes que recorren una amplia gama. Ella va desde crear dificultades en la entrega de la correspondencia y de las facturas de servicios, hasta perturbar seriamente la precisión de las notificaciones judiciales.

Nos parece que no es posible admitir una infracción de esta naturaleza, y que la autoridad municipal debiera adoptar las medidas que tiendan a corregirla de un modo inmediato. La fijación de severas multas a los propietarios de inmuebles que omitan la numeración, sería sin duda un recurso eficaz.

Si esta situación ocurre con frecuencia en San Miguel de Tucumán, en la ciudad de Yerba Buena es prácticamente la regla general. La inmensa mayoría de los domicilios instalados en esa jurisdicción, no tienen numeración en la puerta, y la única indicación del nombre de la arteria es la que está sobre la avenida.

Quien busque un domicilio en Yerba Buena, debe realizar una verdadera tarea de investigación, compuesta por deducciones y por molestias al vecindario, única manera de encontrar lo que se busca, incluso en estos tiempos en que hasta se puede utilizar aparatos de GPS para seguimiento satelital. Ni los taxistas de la "Ciudad Jardín" pueden encontrar ciertas direcciones.

Hemos señalado, en otras ocasiones, que no requeriría gastos significativos remediar el problema. Bastaría acudir al recurso de pintar los números sobre cada frente, y el nombre de cada arteria en las esquinas.

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