Hay periodistas obsesivos con sus textos y dan tranquilidad a los encargados de la edición. Otros son más displicentes y no se acuerdan de releer lo que han escrito. A veces es la urgencia, otras el cansancio, y así sus notas tienen pequeños y grandes errores: los editores asumen que una parte importante de su tarea es luchar contra esas erratas.
Como Argos, los que editan vigilan páginas, títulos, textos, leyendas y créditos. Leen todo en voz alta. Aseveran que cultivan un sentido especial para detectar problemas y equivocaciones. Y pocas veces se acuerdan de reclamar por los textos que llegan "sucios" a la revisión final de la página.
Todo bien, hasta que descubren que toda su parafernalia fue un dique de papel frente a la marea y el mundo parece derrumbarse. Nuestra tapa de ayer tiene un sumario que dice "El intendente Javier confirmó..." (faltaba el apellido Pucharras, del jefe municipal de Tafí Viejo) y en la página 6 el infograma de ingresos en provincias por habitante repite hasta el espanto "$ 15.000... Tierra del Fuego... $ 15.000... Tierra del Fuego". Argos se durmió, y no hay cómo explicar esto a los lectores.
Como Argos, los que editan vigilan páginas, títulos, textos, leyendas y créditos. Leen todo en voz alta. Aseveran que cultivan un sentido especial para detectar problemas y equivocaciones. Y pocas veces se acuerdan de reclamar por los textos que llegan "sucios" a la revisión final de la página.
Todo bien, hasta que descubren que toda su parafernalia fue un dique de papel frente a la marea y el mundo parece derrumbarse. Nuestra tapa de ayer tiene un sumario que dice "El intendente Javier confirmó..." (faltaba el apellido Pucharras, del jefe municipal de Tafí Viejo) y en la página 6 el infograma de ingresos en provincias por habitante repite hasta el espanto "$ 15.000... Tierra del Fuego... $ 15.000... Tierra del Fuego". Argos se durmió, y no hay cómo explicar esto a los lectores.








