02 Febrero 2013 Seguir en 

En los últimos años, la municipalidad de San Miguel de Tucumán encaró el remodelamiento de algunas de las principales plazas de la capital, saldando parcialmente una deuda que tiene con la comunidad, y que es la falta de "pulmones", de espacios verdes, en una ciudad cada vez más ahogada por el cemento y la edificación en alturas. En 2012, la reapertura de la plaza Belgrano mostró con creces esa avidez de naturaleza que tienen los tucumanos: todos los fines de semana (y también durante el resto de la semana, aunque en menor medida), multitudes de vecinos de todas las edades y sectores sociales se apropian de ese espacio público, ahora revalorizado. Ese vecindario es el que se resiste a perder ese otro "pulmón" verde del barrio sur que es la plazoleta Sarmiento, ubicada a la altura de Alberdi al 800. Como ha informado LA GACETA en estos últimos días, esa plazoleta, que había sido emplazada sobre un terreno que al parecer sería privado, ha sido puesta en venta. Algo parecido había ocurrido el año pasado con otra plazoleta del mismo barrio, la Eladio Pache. Se entiende que, si esos predios son efectivamente privados, sus propietarios tienen derechos de usar esos terrenos según su conveniencia. Pero el hecho es que la ciudad pierde núcleos verdes y de esparcimiento, y no nacen espacios públicos nuevos que los reemplacen. Más aún, si bien es innegable que la "nueva" plaza Belgrano sólo merece elogios, hay un detalle que, con seguridad, a las autoridades municipales no les ha pasado inadvertido: hay días en que la plaza está saturada; y, como ha señalado LA GACETA en reiteradas ocasiones, el equipamiento, que apenas tiene meses, ya muestra señales de deterioro, producto en la mayoría de los casos de la falta de cultura ciudadana de la gente. Los ejemplos más visibles son las roturas en la obra que hizo la artista Florencia Vivas en homenaje a Belgrano y en los dispositivos de la fuente luminosa, que ha sido adoptada como "ducha pública". Las conclusiones sobre este tema son que la plaza Belgrano necesita más vigilancia, y que la gente se ha volcado masivamente a ese espacio porque no tiene acceso a otros en la zona.
Sin embargo, al parecer las autoridades no han tomado nota de esa avidez de espacios verdes; o lo han hecho en forma parcial. Sólo así se entiende la decisión de avanzar con la idea de cortar un tramo del parque Avellaneda para generar una nueva conexión vial que lleve al centro de la ciudad o a la zona del Abasto, como se ha dicho cuando comenzó la obra de prolongación de la calle Lucas Córdoba. Como han coincidido diversos urbanistas consultados por nuestro diario, ese tajo en el parque Avellaneda carece de sentido, tanto por motivos patrimoniales como ambientales. Sobre el primer aspecto se han expedido dos arquitectas que integran la Comisión de Patrimonio de la Provincia, que señalan que la ley 7.535 incluye al Avellaneda en el listado de los inmuebles declarados como bienes de patrimonio cultural. Desde la perspectiva ambiental, un experto en Planeamiento urbano señala que la eventual apertura de la Lucas Córdoba estimulará el flujo vehicular hacia el centro, cuando todos los estudios sobre las áreas metropolitanas indican que hay que sacar el parque automotor de los centros históricos. Con sus cuestionamientos a la obra en el parque Avellaneda, los expertos en patrimonio también han recordado que los estándares internacionales indican que en una ciudad debe haber como mínimo 14 metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Y que en Tucumán se calculan apenas cinco.
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