DE COLECCIÓN. Silva encontró una reliquia para su colección de anécdotas.
28 Enero 2013 Seguir en 

Hace 28 años Marcelo Silva fue a la primera edición de la Fiesta del Yerbiao y a partir de ahí no se la perdió nunca. Cuenta que iba con su grupo de amigos: "nos largábamos el viernes y volvíamos recién el domingo a la noche, pero compuestos ¿eh?: volvíamos tal cual habíamos venido", se cura en sano.
Después de varios años de silencio -nadie puede precisar cuántos-, Silva volvió a zapatear en la fiesta de La Ciénaga, pero esta vez asistió con su señora y con sus hijas. También aprovechó para reencontrarse con la familia Nieva, de San José de Chasquivil, con quienes compartieron la carpa para pasar la noche del sábado bien cerquita de la escuela, centro del baile.
Silva no puede evitar revivir la película de su juventud: se acuerda de algunos personajes, de algunos amigos y también del veraneante que durante una travesía a caballo dejó embarazada a una joven de La Ciénaga, hace muchos años: "el hijo salió rubio, y bueno, todo el mundo se dio cuenta de lo que había pasado", recuerda.
Pero si la montaña es un manantial de sorpresas, en este viaje Silva se llevó el premio mayor. Entre las piedras que removió la Municipalidad para componer los senderos en vistas a la fiesta, salió a la luz un pedazo de su historia. "Venía por el camino y me encontré una tapa de Crestón, el vino que tomábamos en mi juventud cuando veníamos a la Fiesta del Yerbiao. Como estaba enterrada, se conservó intacta. Me acuerdo que el equipo de fútbol de Los Cuartos, en mi época, se llamaba justamente Los Crestones, porque eran todos tomadores".
Entre historias, recuerdos de guitarreros de Mala Mala y aventuras en las serranías, Silva hizo más corta la espera por la cena: en una pequeña parrilla entre las piedras cocinó un corderito que la señora Nieva llevó desde San José de Chasquivil.
Después de varios años de silencio -nadie puede precisar cuántos-, Silva volvió a zapatear en la fiesta de La Ciénaga, pero esta vez asistió con su señora y con sus hijas. También aprovechó para reencontrarse con la familia Nieva, de San José de Chasquivil, con quienes compartieron la carpa para pasar la noche del sábado bien cerquita de la escuela, centro del baile.
Silva no puede evitar revivir la película de su juventud: se acuerda de algunos personajes, de algunos amigos y también del veraneante que durante una travesía a caballo dejó embarazada a una joven de La Ciénaga, hace muchos años: "el hijo salió rubio, y bueno, todo el mundo se dio cuenta de lo que había pasado", recuerda.
Pero si la montaña es un manantial de sorpresas, en este viaje Silva se llevó el premio mayor. Entre las piedras que removió la Municipalidad para componer los senderos en vistas a la fiesta, salió a la luz un pedazo de su historia. "Venía por el camino y me encontré una tapa de Crestón, el vino que tomábamos en mi juventud cuando veníamos a la Fiesta del Yerbiao. Como estaba enterrada, se conservó intacta. Me acuerdo que el equipo de fútbol de Los Cuartos, en mi época, se llamaba justamente Los Crestones, porque eran todos tomadores".
Entre historias, recuerdos de guitarreros de Mala Mala y aventuras en las serranías, Silva hizo más corta la espera por la cena: en una pequeña parrilla entre las piedras cocinó un corderito que la señora Nieva llevó desde San José de Chasquivil.
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