ENTRANDO EN CALOR. A las 10 del sábado arrancó la Fiesta del Yerbiao, con actividades de corral, doma y desfiles de agrupaciones gauchas. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA
28 Enero 2013 Seguir en 

Por favor, a la gente de la organización, si podrían ser tan amables de poner un machao más fresco, porque este que tenemos acá ya lleva como dos días...
Una vez más resuena en el cerro la voz de Truquía Gutiérrez, inconfundible, amo y señor del micrófono en las fiestas locales. Se la escucha de lejos, justo cuando la montura pide a gritos que termine el viaje de tres horas y media por senderos escondidos en la montaña desde Tafí del Valle. Se oye y también se ve: una infinidad de sombreros, caballos y ponchos están reunidos alrededor de un corral en el medio de la nada, confirmando que llegamos a destino.
Ahí empieza la búsqueda del yerbiao, la infusión a base de yerba mate, yuyos y alcohol Frau que le da nombre a esta fiesta que, al menos por unas horas, le devuelve la vida a un desierto verde en el que casi ha desaparecido la población. "Es que no hay trabajo", dirán al unísono todos los "emigrantes", la mayoría asentados en Tafí para vivir de la administración pública o del turismo.
Pero hoy no hay lugar para lamentos: La Ciénaga hoy es pura alegría gaucha y algunos se lo tomaron bien a pecho, llegando desde los cerros vecinos el viernes a la noche y con vistas de quedarse hasta el domingo o hasta que el cuerpo diga basta.
La enorme mayoría son vallistos. No es que el veraneante no haya sido invitado, todo lo contrario, pero el color y el sabor de esta fiesta son lugareños. En todo caso, los turistas -más que nunca les cabe esa condición- disfrutan de lo pintoresco de la festividad desde arriba de sus impecables caballos, dignos de un desfile de moda equina.
¡Uy dio! Si a ustedes los vieran los de Jesús María, muchachos, los meterían a todos presos.
Truquía se encarga de relatar la doma y de hacerles bromas a los concursantes. Los llama por el nombre, porque los conoce a todos: "Cuchi maniao", "Lengua", "Cabecha", "Pelé", son algunos miembros del plantel de domadores. De vez en cuando lubrica la garganta con el yerbiao que le acerca Alejandra Chaile, la cebadora oficial, y él responde con ¡ujujujuju! que le provoca el trago. Truquía, además, da indicaciones por micrófono acerca de cómo debe ser la cincha del caballo para la doma y se enoja cuando suben "a la persona tomada" arriba del caballo. Es que algunos no se terminaron de subir y ya están en el suelo, más producto de los reflejos cortos que del brío de los corceles. De hecho, son tan mansos algunos animales que alguno del público grita: "volvelo a la calesita".
"Vuelven todos"
Los festivaleros "tomados" no estarán en condiciones de domar pero sí de montar. Tal vez si se bajan del caballo no puedan dar un paso más, pero arriba tienen un equilibrio que desconcierta. Así como están se volverán a San José de Chasquivil, a Anfama, a Mala Mala, a Tafí... La variedad de procedencias muestra la escencia de la fiesta: volver a reunir a los vallistos en uno de los paisajes más impactantes de Tucumán. Junto con la Fiesta de la Chuscha, la del Yerbiao busca reflotarse después de años que estuvo apagada. "Acá en La Ciénega (los lugareños la nombran con dos "e") se ha ido mucha gente, pero cuando se trata del yerbiao vuelven todos", dice Rogelio Ayalla, organizador de la segunda edición desde esta remake de la tradicional fiesta y dueño de los dos porongos de yerbiao que circularon por más de 500 manos.
Son las 19 y Sofía Ayala, hija de Rogelio, vuelve a las ollas. Está preparando el segundo locro de la jornada, porque el baile acaba de empezar en la escuela. La doma y el desfile gaucho que arrancaron a las 10 de la mañana ya son pasado y lo único que queda es bailar al ritmo del acordeón. Truquía ahora tiene el rol de bombisto en el minipatio de la escuela de la Ciénega, la que este año no abrirá sus puertas por falta de matrícula.
La luna llena, afuera, alumbra mucho más que los focos alimentados a energía solar. No hay mujeres casi, y es el motivo por el que algunos deciden abandonar el barco y volver a sus casa. El baile, entonces, será entre gauchos solos adobados en "yerbiado".
Una vez más resuena en el cerro la voz de Truquía Gutiérrez, inconfundible, amo y señor del micrófono en las fiestas locales. Se la escucha de lejos, justo cuando la montura pide a gritos que termine el viaje de tres horas y media por senderos escondidos en la montaña desde Tafí del Valle. Se oye y también se ve: una infinidad de sombreros, caballos y ponchos están reunidos alrededor de un corral en el medio de la nada, confirmando que llegamos a destino.
Ahí empieza la búsqueda del yerbiao, la infusión a base de yerba mate, yuyos y alcohol Frau que le da nombre a esta fiesta que, al menos por unas horas, le devuelve la vida a un desierto verde en el que casi ha desaparecido la población. "Es que no hay trabajo", dirán al unísono todos los "emigrantes", la mayoría asentados en Tafí para vivir de la administración pública o del turismo.
Pero hoy no hay lugar para lamentos: La Ciénaga hoy es pura alegría gaucha y algunos se lo tomaron bien a pecho, llegando desde los cerros vecinos el viernes a la noche y con vistas de quedarse hasta el domingo o hasta que el cuerpo diga basta.
La enorme mayoría son vallistos. No es que el veraneante no haya sido invitado, todo lo contrario, pero el color y el sabor de esta fiesta son lugareños. En todo caso, los turistas -más que nunca les cabe esa condición- disfrutan de lo pintoresco de la festividad desde arriba de sus impecables caballos, dignos de un desfile de moda equina.
¡Uy dio! Si a ustedes los vieran los de Jesús María, muchachos, los meterían a todos presos.
Truquía se encarga de relatar la doma y de hacerles bromas a los concursantes. Los llama por el nombre, porque los conoce a todos: "Cuchi maniao", "Lengua", "Cabecha", "Pelé", son algunos miembros del plantel de domadores. De vez en cuando lubrica la garganta con el yerbiao que le acerca Alejandra Chaile, la cebadora oficial, y él responde con ¡ujujujuju! que le provoca el trago. Truquía, además, da indicaciones por micrófono acerca de cómo debe ser la cincha del caballo para la doma y se enoja cuando suben "a la persona tomada" arriba del caballo. Es que algunos no se terminaron de subir y ya están en el suelo, más producto de los reflejos cortos que del brío de los corceles. De hecho, son tan mansos algunos animales que alguno del público grita: "volvelo a la calesita".
"Vuelven todos"
Los festivaleros "tomados" no estarán en condiciones de domar pero sí de montar. Tal vez si se bajan del caballo no puedan dar un paso más, pero arriba tienen un equilibrio que desconcierta. Así como están se volverán a San José de Chasquivil, a Anfama, a Mala Mala, a Tafí... La variedad de procedencias muestra la escencia de la fiesta: volver a reunir a los vallistos en uno de los paisajes más impactantes de Tucumán. Junto con la Fiesta de la Chuscha, la del Yerbiao busca reflotarse después de años que estuvo apagada. "Acá en La Ciénega (los lugareños la nombran con dos "e") se ha ido mucha gente, pero cuando se trata del yerbiao vuelven todos", dice Rogelio Ayalla, organizador de la segunda edición desde esta remake de la tradicional fiesta y dueño de los dos porongos de yerbiao que circularon por más de 500 manos.
Son las 19 y Sofía Ayala, hija de Rogelio, vuelve a las ollas. Está preparando el segundo locro de la jornada, porque el baile acaba de empezar en la escuela. La doma y el desfile gaucho que arrancaron a las 10 de la mañana ya son pasado y lo único que queda es bailar al ritmo del acordeón. Truquía ahora tiene el rol de bombisto en el minipatio de la escuela de la Ciénega, la que este año no abrirá sus puertas por falta de matrícula.
La luna llena, afuera, alumbra mucho más que los focos alimentados a energía solar. No hay mujeres casi, y es el motivo por el que algunos deciden abandonar el barco y volver a sus casa. El baile, entonces, será entre gauchos solos adobados en "yerbiado".
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