Roban los relojes a los taxistas y los venden en el mercado negro a un tercio de su valor
Los propietarios de los vehículos o los choferes se ven obligados a adquirir rápidamente un taxímetro para continuar trabajando. Piden que el municipio los homologue y los controle. Al menos dos taxistas son asaltados por día en el Gran San Miguel.
Un pasajero hace señas en una esquina. Sube al auto e indica el destino. Durante el viaje charla con el conductor sobre el clima o el tráfico. Algunos optan por el silencio. Al llegar, abona lo que indica el reloj taxímetro. Esa es la tarea de los choferes de taxi. Pero a veces, la última parte de esta rutina cambia drásticamente, cuando el pasajero resulta ser en realidad un ladrón, que además de la recaudación se lleva el reloj.
"Estamos expuestos", afirmó el taxista José Luis Zuco, que puso una jaula dentro de su auto para protegerse de los robos. El problema para los choferes de taxi se agrava cuando les sacan el reloj taxímetro. Sin ese elemento no pueden trabajar, y tienen que recurrir a créditos para poder adquirir uno nuevo.
Carlos Romano, un comerciante que desde hace 41 años vende relojes taxímetro, comentó que en lo que va del año 38 taxistas llegaron hasta su comercio para adquirir nuevos aparatos, ya que fueron víctimas de un robo. Uno de los problemas, dijo, es que los relojes son vendidos en el mercado negro a un tercio de su valor, lo que fomenta los asaltos para obtenerlos.
"Un taxímetro común, que no da ticket, cuesta como mínimo $600. En algunos lugares los podes conseguir, sin factura, a $ 80 o $ 100", manifestó Miguel (43), un taxista. "Por eso se roban los relojes. Un chofer no maneja mucho dinero por día; la diferencia más importante es la que consiguen con los relojes, en el mercado negro", agregó el hombre.
La propietaria de otra empresa dedicada a la venta y reparación de relojes taxímetros comentó que los dueños de los autos buscan muchas veces los más baratos, y que les aseguren más seguridad. "Buscan que se los pueda atar con cadenas o que se los pueda soldar", manifestó.
Los precios de los relojes varían. Los comerciantes comentaron que los básicos oscilan entre $ 500 a $ 1200. Los más sofisticados, que entregan comprobante, están entre $ 2000 a $ 2600. El monto aumenta si le agregan sensores en los asientos, para que se activen apenas suba un pasajero. "El problema es el mercado negro. Hay locales que no están registrados, y adquieren los relojes a los ladrones, los arreglan y después los venden a un precio bajo. Es un círculo vicioso, porque los taxistas los necesitan para trabajar", explicó Romano.
Los más sofisticados pueden adquirirse, en el mercado negro, por $ 800, según dijeron taxistas y comerciantes.
Homologados
Carlos Pizarro, titular del sindicato que nuclea a los taxistas, reconoció que el mercado negro de relojes existe, y que es necesario cambiar el sistema de control.
"La municipalidad debería homologarlos y poner un código que sea inviolable. Así, cuando se realice la verificación técnica vehicular, comparar el número de serie de los relojes", propuso Pizarro.
Ese registro permitiría, según el gremialista, reducir el robo de los relojes. "Para los ladrones ya no tendría sentido robarlos", agregó. "Por los costos, si un chofer o un propietario pueden conseguir uno más barato, lo van a comprar. Pero si hay un control cambiará. Si ponemos un tope sobre eso, el ladrón ya no va a robar el reloj", manifestó Pizarro.
Dos veces por mes, representantes del sindicato se reúnen con la Policía para coordinar medidas que brinden más seguridad a los taxistas. Sucede que hay zonas que se volvieron peligrosas para los autos de alquiler. "Estamos concientizando a los compañeros de no meterse en zonas rojas, y que si ven algo sospechoso se paren en los controles", dijo el titular del gremio.
El taxista Zuco contó que los ladrones adoptan distintas modalidades para asaltarlos. "A la noche, cuando se ve a más de un joven haciendo señas, directamente no paramos. Pero son ingeniosos, y muchas veces son mujeres las que sirven de señuelo", explicó.
Miguel describió la última modalidad utilizada: el pasajero indica una esquina de la periferia de la ciudad, y cuando supuestamente está por pagar el viaje, aparecen dos personas más y los asaltan. "Se van comunicando por mensajes de texto", añadió.
"Todos los días roban a un taxista, lo que pasa que hay hechos que no salen a la luz y que tampoco se denuncian, porque termina siendo un trámite que termina en nada y el chofer tiene que seguir trabajando", manifestó Pizarro. La estimación mínima indica que al menos dos taxistas son asaltados por día en el Gran San Miguel de Tucumán.
"Desde febrero vamos a exigir que todos los taxis tengan el botón de pánico. Nosotros siempre le vamos a exigir más a la Policía para poder trabajar seguros", afirmó el gremialista.








