28 Septiembre 2003 Seguir en 
Extenuados pero satisfechos. Así terminaron ayer más de 1.400 aspirantes a ingresar a la Policía el curso intensivo al que fueron sometidos durante 17 días. Ahora sólo resta organizar las calificaciones de cada uno para designar a los 518 hombres y las 58 mujeres que, en las próximas semanas, empezarán a vestir el uniforme azul.
Adentro de un círculo formado por los oficiales instructores, los aspirantes tuvieron que correr varias veces en derredor de una granada de gas lacrimógeno. Tragaron tierra en los ejercicios físicos; aprendieron a formarse; a cuadrarse; a poner esposas; a hacer operativos y a obedecer. También tuvieron que dedicarle varias horas a la lectura y prestar atención a las clases teóricas."Estamos conformes porque en poco tiempo pudimos cumplir con los programas trazados y se hizo un muy buen trabajo", aseguró el comisario inspector Luis Leal, director de la Escuela de Agentes y responsable del adiestramiento de los aspirantes."Fue duro, pero me gusta esto y me lo banqué, a pesar de ser gordita", dijo Andrea González, de 20 años. Su compañera Flavia Jerez, casada y madre de dos hijos, destacó en posición de firme que con el curso pudo fortalecer su carácter y su personalidad. "Fue una experiencia hermosa, y, aunque no entré a la fuerza, este curso me resultó muy útil", dijo.Los varones, que fueron divididos en 22 compañías, hicieron una especie de competencia. "En la 9 no hubo ni una deserción y todos aprobamos todas las materias", se jactó Carlos Lazarte.
Descanso desesperado
Pasadas las 13.30, algunas de las compañías empezaron a tener breves recreos. Los aspirantes aprovecharon para comprar sándwiches y gaseosas a los ambulantes que aguardaban ansiosos afuera del arsenal Miguel de Azcuénaga. Luego, muchos pudieron descansar un rato a la sombra de un árbol, para recuperar fuerzas y hacer el último esfuerzo físico antes de que los instructores empiecen a trabajar sobre las calificaciones. No se estableció aún la fecha de ingreso de los mejores.
Adentro de un círculo formado por los oficiales instructores, los aspirantes tuvieron que correr varias veces en derredor de una granada de gas lacrimógeno. Tragaron tierra en los ejercicios físicos; aprendieron a formarse; a cuadrarse; a poner esposas; a hacer operativos y a obedecer. También tuvieron que dedicarle varias horas a la lectura y prestar atención a las clases teóricas."Estamos conformes porque en poco tiempo pudimos cumplir con los programas trazados y se hizo un muy buen trabajo", aseguró el comisario inspector Luis Leal, director de la Escuela de Agentes y responsable del adiestramiento de los aspirantes."Fue duro, pero me gusta esto y me lo banqué, a pesar de ser gordita", dijo Andrea González, de 20 años. Su compañera Flavia Jerez, casada y madre de dos hijos, destacó en posición de firme que con el curso pudo fortalecer su carácter y su personalidad. "Fue una experiencia hermosa, y, aunque no entré a la fuerza, este curso me resultó muy útil", dijo.Los varones, que fueron divididos en 22 compañías, hicieron una especie de competencia. "En la 9 no hubo ni una deserción y todos aprobamos todas las materias", se jactó Carlos Lazarte.
Descanso desesperado
Pasadas las 13.30, algunas de las compañías empezaron a tener breves recreos. Los aspirantes aprovecharon para comprar sándwiches y gaseosas a los ambulantes que aguardaban ansiosos afuera del arsenal Miguel de Azcuénaga. Luego, muchos pudieron descansar un rato a la sombra de un árbol, para recuperar fuerzas y hacer el último esfuerzo físico antes de que los instructores empiecen a trabajar sobre las calificaciones. No se estableció aún la fecha de ingreso de los mejores.
Lo más popular







