LO INCREÍBLE. La osamenta animal, a un lado de los escombros, la basura domiciliaria y otros desperdicios. LA GACETA / FOTOS DE OSCAR FERRONATO
12 Enero 2013 Seguir en 

Comúnmente, se los llama "clandestinos". Pero ese adjetivo, según la Real Academia Española, le cabe a aquello que reviste la condición de "secreto, oculto, y especialmente hecho o dicho secretamente por temor a la ley o para eludirla". Y este no es enteramente ese caso. Porque el basural que nació, creció y sigue alimentándose en la calle Padre Petit de Murat está a la vista de todos. De modo que es un basural impune ilegal, que está contra la ley. Y, por lo mismo, es un basural impune: no hay castigo contra los responsables, que no son otros más que los tucumanos. Los que arrojan sus desperdicios allí, como en tantos otros puntos de la capital (la Municipalidad tenía, a inicios de esta semana, un listado de 22 sitios por sanear), ya sea personalmente o por carro previamente contratado.
La génesis del basural de la calle Petit de Murat no es muy distinta a la de otros vaciaderos ilegales: nació de la desaprensión vecinal. Los pocos vecinos de la zona que se animan a hablar, no sin antes pedir que ser reserve sus nombres, dan cuenta de los sospechosos de siempre: la falta de vigilancia, el calor del verano, los carros que van y vienen, las moscas y las alimañas, algunas camionetas que descargan inmundicias, el olor insoportable en las cercanías.
Pero hay un agravante, advertido por el cronista y registrado por el fotógrafo de LA GACETA. Por increíble que parezca, hay huesos de animales faenados tirados en el lugar.
Es decir, el basural cuenta con bolsas con residuos domiciliarios, con escombros de obras de construcción y hasta con restos de plantas, producto de tareas de jardinería. Pero además de esos testimonios de la inconducta ciudadana, hay osamentas de ganado arrojadas sin ninguna clase de consideración.
Márgenes
La calle Padre Petit de Murat es de trazado reciente en San Miguel de Tucumán. De hecho, fue inaugurada oficialmente el 8 de octubre de 2007 por el gobernador, José Alperovich, y el intendente, Domingo Amaya. Del corte de cinta participaron, además, autoridades de la Secretaría de Obras Públicas y de la Dirección Provincial de Vialidad.
Corre paralela al Camino del Perú (en sentido de sur a norte para el tráfico vehicular), del que está separada por el canal de desagüe. En los hechos, fue un ensanchamiento de ese tramo de la Ruta 315 (su traza original, entre Belgrano y Mate de Luna, quedó de una sola mano y corre de norte a sur desde aquella fecha), por lo que muchos automovilistas llaman Camino del Perú a la calle Petit de Murat.
Durante el acto de inauguración, las autoridades tucumanas destacaron dos cuestiones centrales. La primera: la obra se hizo para solucionar la congestión vehicular del sector oeste de la capital, desde donde acceden hacia el Este casi 7.000 rodados por día. La segunda: la construcción no es otra cosa más que el primer tramo de la avenida de Circunvalación.
En consecuencia, el basural ilegal que corona esta área es una carta de presentación, para los que vienen o se van de la capital, como así también para los que llegan o abandonan Yerba Buena, o para quienes se dirigen a Cebil Redondo y a Tafí Viejo.
El vaciadero impune con restos de animales faenados se encuentra en esa transitada frontera del Gran San Miguel de Tucumán. Infesta esos márgenes, de manera lamentablemente coherente. Porque que haya tucumanos dispuestos a ensuciar su hábitat de esa manera, no es más que la marginalidad misma de la ciudadanía.
La génesis del basural de la calle Petit de Murat no es muy distinta a la de otros vaciaderos ilegales: nació de la desaprensión vecinal. Los pocos vecinos de la zona que se animan a hablar, no sin antes pedir que ser reserve sus nombres, dan cuenta de los sospechosos de siempre: la falta de vigilancia, el calor del verano, los carros que van y vienen, las moscas y las alimañas, algunas camionetas que descargan inmundicias, el olor insoportable en las cercanías.
Pero hay un agravante, advertido por el cronista y registrado por el fotógrafo de LA GACETA. Por increíble que parezca, hay huesos de animales faenados tirados en el lugar.
Es decir, el basural cuenta con bolsas con residuos domiciliarios, con escombros de obras de construcción y hasta con restos de plantas, producto de tareas de jardinería. Pero además de esos testimonios de la inconducta ciudadana, hay osamentas de ganado arrojadas sin ninguna clase de consideración.
Márgenes
La calle Padre Petit de Murat es de trazado reciente en San Miguel de Tucumán. De hecho, fue inaugurada oficialmente el 8 de octubre de 2007 por el gobernador, José Alperovich, y el intendente, Domingo Amaya. Del corte de cinta participaron, además, autoridades de la Secretaría de Obras Públicas y de la Dirección Provincial de Vialidad.
Corre paralela al Camino del Perú (en sentido de sur a norte para el tráfico vehicular), del que está separada por el canal de desagüe. En los hechos, fue un ensanchamiento de ese tramo de la Ruta 315 (su traza original, entre Belgrano y Mate de Luna, quedó de una sola mano y corre de norte a sur desde aquella fecha), por lo que muchos automovilistas llaman Camino del Perú a la calle Petit de Murat.
Durante el acto de inauguración, las autoridades tucumanas destacaron dos cuestiones centrales. La primera: la obra se hizo para solucionar la congestión vehicular del sector oeste de la capital, desde donde acceden hacia el Este casi 7.000 rodados por día. La segunda: la construcción no es otra cosa más que el primer tramo de la avenida de Circunvalación.
En consecuencia, el basural ilegal que corona esta área es una carta de presentación, para los que vienen o se van de la capital, como así también para los que llegan o abandonan Yerba Buena, o para quienes se dirigen a Cebil Redondo y a Tafí Viejo.
El vaciadero impune con restos de animales faenados se encuentra en esa transitada frontera del Gran San Miguel de Tucumán. Infesta esos márgenes, de manera lamentablemente coherente. Porque que haya tucumanos dispuestos a ensuciar su hábitat de esa manera, no es más que la marginalidad misma de la ciudadanía.







