La galería de "Goyo" ...Y el valle se puso a conversar

La galería de "Goyo" ...Y el valle se puso a conversar

Una sociedad heterogénea encontró su refugio en la casa de un criollo de ley. En esa entrañable confraternización no faltaban ni el vaso de vino ni los naipes ni los dados.

LA GALERÍA HOY. Aquí todavía retumban las voces de los enamorados del Valle. LA GALERÍA HOY. Aquí todavía retumban las voces de los enamorados del Valle.
09 Enero 2013

MERCEDES CHENAUT

TAFINISTA

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La sociedad que puebla el valle es sin duda heterogénea: varios grupos, de diferente origen y antigüedad, comparten el mismo ámbito. Los primeros habitantes sedentarios fueron los aborígenes de la llamada Cultura Tafí (300 años antes de Cristo hasta el siglo IX), cuyo legado más impactante son los menhires. Los diaguitas calchaquíes desarrollaron su cultura a partir del siglo XI. Los incas llegarían a incorporarlos a su vasto imperio -el Tahuantinsuyo- en el siglo XV. Esa mixtura diaguita-inca es la que encontraron los conquistadores españoles cuando sentaron sus reales aquí, a partir del siglo XVII.

Tal vez no queden descendientes puros de los primeros habitantes del valle. La gran mayoría de la población nativa es mestiza: reconoce ancestros tanto en habitantes originarios como en españoles. Las familias dueñas de las estancias tafinistas, que descienden de los que compraron la tierra tras la partida de los jesuitas en el siglo XVIII, son de origen europeo. Llegaron a América hace siglos y se arraigaron a Tafí con un afecto entrañable.

La mayoría de los comerciantes y veraneantes, de distinto origen, irrumpieron en el valle a partir de 1943, cuando fue inaugurado el camino y el auto pudo subir a Tafí. De esa época es el grupo de inmigrantes que huyeron de la Segunda Guerra Mundial. En muchos casos, estos "extranjeros" parquizaron sus predios y plantaron árboles exóticos recreando quizá los paisajes que habían dejado atrás para siempre.

Durante décadas, representantes de todos los grupos mencionados se reunieron en un almacén de altanera galería mirando al Este, donde se confraternizaba con un vaso de vino, naipes, dados o simple conversación de por medio. Al principio, éste fue un sitio casi exclusivo para hombres; con el tiempo, también acogió a mujeres y hasta a niños.

Así era la galería de don "Goyo" González, espléndido criollo de definido perfil, que vivió y murió con las botas puestas. Y esto es literal.

Recuerdo el relato de mi padre cuando regresó del largo y fastuoso velorio de Goyo: lo describió acostado en su catre, elegantísimo. Alguien tuvo la precaución de cortarle los tacos de las botas para evitar que "espantara" cada vez que volviese a recorrer los lugares amados. El crecimiento vertiginoso del valle, dejó atrás muchas cosas, incluida la galería de Goyo. Pero el espíritu de coincidencia permanece vigente, aún en medio de los inevitables desencuentros. Sin duda hay algo que nos une, lima asperezas y permite que nos reconozcamos con una simple mirada: Tafí mismo y el amor infinito que por él experimentamos.

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