El miércoles comenzó con un asado de martes que se hizo madrugada con debates. ¿Cómo manejarse con los rumores?, fue la discusión más intensa. Alguien evocó a Rodolfo Walsh y su olfato. Porque a él, respecto de los fusilamientos en José León Suárez en 1956, en plena Revolución Libertadora (o más bien Fusiladora), le llegó el rumor más inverosímil: hay un muerto que vive. Y él lo investigó, encontró víctimas que habían sobrevivido, sacó a la luz un capítulo oscuro de la historia contemporánea nacional ("Operación Masacre"), e imprimió una página brillante del periodismo argentino. Por la tarde, el tema de la tapa de hoy elegido por los mal dormidos editores fue una denuncia penal: ocho tucumanos afirman que, Sutrappa mediante, les hicieron comprar licencias de taxis a personas que estaban muertas. No son circunstancias equiparables, ni remotamente. Pero fue imposible no reparar en el factor común entre el rumor del excepcional horror de ayer y el hecho de la administrativa cotidianidad de hoy. Desquicio, que le dicen.








