Los muertos que viven

Por Álvaro José Aurane 06 Diciembre 2012
El miércoles comenzó con un asado de martes que se hizo madrugada con debates. ¿Cómo manejarse con los rumores?, fue la discusión más intensa. Alguien evocó a Rodolfo Walsh y su olfato. Porque a él, respecto de los fusilamientos en José León Suárez en 1956, en plena Revolución Libertadora (o más bien Fusiladora), le llegó el rumor más inverosímil: hay un muerto que vive. Y él lo investigó, encontró víctimas que habían sobrevivido, sacó a la luz un capítulo oscuro de la historia contemporánea nacional ("Operación Masacre"), e imprimió una página brillante del periodismo argentino. Por la tarde, el tema de la tapa de hoy elegido por los mal dormidos editores fue una denuncia penal: ocho tucumanos afirman que, Sutrappa mediante, les hicieron comprar licencias de taxis a personas que estaban muertas. No son circunstancias equiparables, ni remotamente. Pero fue imposible no reparar en el factor común entre el rumor del excepcional horror de ayer y el hecho de la administrativa cotidianidad de hoy. Desquicio, que le dicen.

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