Ahora sí podemos creer en los unicornios

Por Gustavo Martinelli 06 Diciembre 2012
En "El libro de los seres imaginarios", Jorge Luis Borges sostiene que el unicornio es uno de los cuatro animales de buen agüero. Los otros son el dragón, el fénix y la tortuga. Pero el unicornio, que en chino se escribe k'i-lin, es el primero de los animales cuadrúpedos. Claro que, según la mitología oriental, este ser que se le perdió a Silvio Rodríguez es bastante distinto a ese caballo blanco (o azul, en el caso del trovador cubano), que tiene un gran cuerno en la frente. Es más bien un animal imposible de clasificar. O, a lo sumo, anómalo. Dice Borges: "el unicornio tiene cuerpo de ciervo, cola de buey y cascos de caballo; el cuerno que le crece en la frente está hecho de carne; el pelaje del lomo es de cinco colores y, el del vientre, pardo o amarillo. Nunca pisa el pasto verde y no hace mal a ninguna criatura". Cuentan los dignos de fe que su aparición es presagio del nacimiento de un rey virtuoso; por eso es de mala suerte que lo hieran o que hallen su cadáver. Entonces... ¿son estas descripciones desvaríos de un viejito demasiado alucinado por la realidad? Ni tanto, ni tan poco. Al parecer los unicornios existieron y acompañaron a la humanidad hasta los inicios de nuestra era. Por lo menos eso es lo que afirman los arqueólogos del Instituto de Historia de Corea del Norte, quienes aseguran haber dado con la guarida de uno de ellos. Se trataría del unicornio del rey Tongmyong, que fundó Koguryo, el antiguo reino de Corea. La cueva está cerca del templo de Tongmyong. Allí, días atrás, se encontró una roca que tiene grabadas las palabras "Guarida del unicornio". Semejante revelación no puede menos que subyugarnos ya que, de ser cierta, reconcilia el mundo de estos seres míticos con el nuestro, mucho más chato y material. Después de todo, la magia y las leyendas no son más que la otra cara de la realidad. ¿O no?

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