La mujer y el aprendizaje más difícil

Por Miguel Velardez 04 Diciembre 2012
Indignación, impotencia, rabia, vergüenza ajena... todo eso provocaba ver las imágenes en las que podía verse a un hombre golpeando a su novia en la plaza de Aguilares. Había tanta brutalidad, que el video se difundió en los canales locales, se "viralizó" en la web y repercutió en los canales de Buenos Aires. Así fue que la violencia de género sumó un caso más, pero esta vez el agresor había quedado registrado por las cámaras de seguridad de la Policía y fue detenido en una celda de la comisaría. Sin embargo, el encierro no duró mucho tiempo.

La Policía hizo lo que tenía que hacer: detectó el incidente y, después se llevó detenido al agresor esa misma noche. El hecho no es reciente (ocurrió el 4 de noviembre), pero comenzó a difundirse el viernes y se extendió durante el fin de semana. La violencia contra la mujer parece una cuestión cultural. Se transmite de generación en generación. Esa es la raíz del problema. Cuando una niña observa que su padre golpea a su madre, crece con la idea de que es algo natural. Lo mismo ocurre cuando un niño ve al padre golpeando a su madre. Ese niño se convierte en un mayor golpeador. La violencia se transmite con el mal ejemplo. Aguilares es una ciudad donde este tipo de hechos aumentó en los últimos seis meses. Actualmente, la comisaría de esa ciudad tiene apostados seis domicilios con custodia para resguardar la seguridad de mujeres que padecieron la agresión física de sus maridos y así lo denunciaron en la Justicia.

Las tragedias

Lo peor de todo es que en Argentina, entre una y dos mujeres son víctimas de un caso de femicidio cada tres días. En Tucumán, dos hechos trágicos se registraron la semana anterior con muertes en Lules y en Las Talitas. Así la violencia se repite en todo el país. En Buenos Aires, el ministerio de Salud, presentó las estadísticas provisionales sobre la violencia de género en esa provincia. El informe arrojó números que ya no alarman, sino que provocan miedo. El 46% de las mujeres víctimas convive con su agresor. En el 50% de los casos, el agresor es la propia pareja y en el 27,8% es un familiar. Otro dato relevante es que las agresiones se producen, en su mayoría, cuando las víctimas tienen entre los 15 y 34 años.

La violencia de género seguirá creciendo mientras se mantenga el silencio de las víctimas. Las mujeres deben aprender a denunciar y a no temer a represalias. No parece una tarea fácil, porque la agresión, muchas veces, es psicológica. El grado de sometimiento es tan fuerte que la mujer busca excusas para justificar y "perdonar" los ataques recibidos.

Los expertos advierten sobre las tres etapas de la violencia contra la mujer. La primera es la "acumulación de tensión", que se manifiesta con insultos, burlas, prohibiciones, humillaciones, entre otros. La segunda etapa se denomina "episodio agudo", en la que se desata la violencia física de menor a mayor escala. En la tercera fase, llamada "luna de miel", el agresor se arrepiente y promete cambiar, pero reincide y el ciclo reinicia.

El caso de Aguilares, registrado en el video que recorrió todo el país, quedó en la nada. La mujer nunca se presentó a efectuar la denuncia contra su novio. La Policía lo detuvo por "desorden en la vía pública" y a los cinco días salió en libertad para reencontrarse con su novia, la misma chica que supo golpear en una plaza, cuando pensaba que nade lo veía. Otra vez, la rueda comienza a girar y todo vuelve a empezar. Esto también provoca indignación, impotencia, rabia, pero hay que apostar a la educación para que las víctimas asuman el problema y aprendan a decir ¡BASTA!.

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