29 Noviembre 2012 Seguir en 

Cualquier ciudad que desee promover el turismo y, en particular, las llamadas "históricas" se ocupa de que sus accesos estén siempre en condiciones. De ese modo, quien llega a un lugar por vez primera se lleva una buena impresión desde que pone el pie en la tierra. San Miguel de Tucumán no se caracteriza justamente por el cuidado y la higiene. Aquel que llega por vía aérea suele encontrarse con un paisaje de bolsas, papeles y botellas de plástico en gran parte del trayecto entre la estación aérea y la capital. Otro tanto le sucede al que arriba por ómnibus a la terminal.
Al salir de la estación, el visitante se encuentra con un tránsito caótico. En nuestra edición de ayer, dimos cuenta de algunos de los muchos problemas que afectan a esa zona. La avenida Brígido Terán es una de las más difíciles de cruzar en las horas pico por la cantidad de vehículos que por allí circulan. La mayoría de los automovilistas giran a la izquierda -pese a hay carteles que indican la prohibición- para ingresar a la terminal. Una vecina comentó que el control es escaso y se quejó por la falta de vigilancia policial. Los que viven en la manzana que se ubica entre Brígido Terán y los pasajes García, Díaz Vélez y Santa Cruz viven atormentados por las aceleraciones de los autos, que a veces circulan en contramano.
Hace pocas semanas, en nuestra sección de Cartas, una lectora señalaba que intentar cruzar la Brígido Terán al 300, esquina Domingo García, generaba peligros para el peatón. Indicaba que si este se hallaba en la vereda oeste, tenía que mirar a la izquierda para sortear los vehículos que circulaban hacia el sur; debía mirar hacia el frente, pues salen colectivos de la terminal de ómnibus, algunos hacia el norte y otros por calle Domingo García. Debía también estar atento a los vehículos del carril contrario de la avenida (sur-norte), porque al llegar a esa intersección, los vehículos giran impunemente en "U" para dirigirse hacia el centro. Una vez que ha logrado llegar a la platabanda, debe conservar la serenidad para enfrentar los vehículos que se dirigen hacia el norte. En esa esquina se hallan "dos instituciones educativas: la escuela Virgen de la Merced -secundaria de manualidades- y el Conservatorio Provincial de Música, cuyos alumnos con sus mochilas, netbooks e instrumentos a cuestas -guitarras, bombos, violines, chelos- esperan pacientemente salir indemnes de esta situación", comentaba la lectora.
A este caos que tal vez podría solucionarse con semáforos especialmente en el ingreso y el egreso de la terminal se suma la basura y el deplorable estado de las veredas y de los frentes de algunas viviendas. En la nocturnidad, la zona se vuelve más peligrosa. Deambulan a menudo personas alcoholizadas. En el sector de la vieja terminal la sensación de desprotección no es menor. Los precarios puestos ambulantes sobre la calle Charcas y la suciedad dan un permanente mal aspecto.
Da la impresión de que las autoridades municipales y turísticas no acostumbran recorrer la avenida Brígido Terán o quizás la suciedad y el caos del tránsito está tan naturalizado que no lo registran. La estación central de ómnibus que se encuentra a unas ocho cuadras de la plaza Independencia, es la principal puerta a la ciudad; a diario recibe a miles de personas. No sólo se debería recibir dignamente al visitante de una ciudad histórica, sino también -sobre todo- evitar que el caos gobierne la vida de los habitantes del barrio.
Al salir de la estación, el visitante se encuentra con un tránsito caótico. En nuestra edición de ayer, dimos cuenta de algunos de los muchos problemas que afectan a esa zona. La avenida Brígido Terán es una de las más difíciles de cruzar en las horas pico por la cantidad de vehículos que por allí circulan. La mayoría de los automovilistas giran a la izquierda -pese a hay carteles que indican la prohibición- para ingresar a la terminal. Una vecina comentó que el control es escaso y se quejó por la falta de vigilancia policial. Los que viven en la manzana que se ubica entre Brígido Terán y los pasajes García, Díaz Vélez y Santa Cruz viven atormentados por las aceleraciones de los autos, que a veces circulan en contramano.
Hace pocas semanas, en nuestra sección de Cartas, una lectora señalaba que intentar cruzar la Brígido Terán al 300, esquina Domingo García, generaba peligros para el peatón. Indicaba que si este se hallaba en la vereda oeste, tenía que mirar a la izquierda para sortear los vehículos que circulaban hacia el sur; debía mirar hacia el frente, pues salen colectivos de la terminal de ómnibus, algunos hacia el norte y otros por calle Domingo García. Debía también estar atento a los vehículos del carril contrario de la avenida (sur-norte), porque al llegar a esa intersección, los vehículos giran impunemente en "U" para dirigirse hacia el centro. Una vez que ha logrado llegar a la platabanda, debe conservar la serenidad para enfrentar los vehículos que se dirigen hacia el norte. En esa esquina se hallan "dos instituciones educativas: la escuela Virgen de la Merced -secundaria de manualidades- y el Conservatorio Provincial de Música, cuyos alumnos con sus mochilas, netbooks e instrumentos a cuestas -guitarras, bombos, violines, chelos- esperan pacientemente salir indemnes de esta situación", comentaba la lectora.
A este caos que tal vez podría solucionarse con semáforos especialmente en el ingreso y el egreso de la terminal se suma la basura y el deplorable estado de las veredas y de los frentes de algunas viviendas. En la nocturnidad, la zona se vuelve más peligrosa. Deambulan a menudo personas alcoholizadas. En el sector de la vieja terminal la sensación de desprotección no es menor. Los precarios puestos ambulantes sobre la calle Charcas y la suciedad dan un permanente mal aspecto.
Da la impresión de que las autoridades municipales y turísticas no acostumbran recorrer la avenida Brígido Terán o quizás la suciedad y el caos del tránsito está tan naturalizado que no lo registran. La estación central de ómnibus que se encuentra a unas ocho cuadras de la plaza Independencia, es la principal puerta a la ciudad; a diario recibe a miles de personas. No sólo se debería recibir dignamente al visitante de una ciudad histórica, sino también -sobre todo- evitar que el caos gobierne la vida de los habitantes del barrio.






