23 Noviembre 2012 Seguir en 

Desde tiempos remotos, la juventud tuvo mala prensa, pese a que se la considera una de la etapas más hermosas del hombre y a la que se anhela regresar cuando se peinan canas. "Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y les faltan al respeto a sus maestros", afirmaba el filósofo griego Sócrates (470-399 a. C). En el Siglo de Oro español, el poeta Francisco de Quevedo sostenía que "lo que en la juventud se aprende, toda la vida dura" y ya en el siglo XX, el pintor español Pablo Picasso decía: "El camino de la juventud lleva toda una vida". Y pese que a menudo los adultos sostienen que los chicos viven en una burbuja, muchos de ellos son conscientes de los problemas que tienen y su mirada sobre la realidad suele ser más espontánea.
En la última edición del nuestro suplemento "Nosotros lo hicimos", alumnos de la escuela parroquial Nuestra Señora de las Mercedes, de Simoca, reflexionaron, entre otras cosas, acerca del descontrol juvenil en el consumo del alcohol antes y luego del ingreso a los locales bailables. Es una situación que se repite los fines de semana y que genera un peligro posterior porque muchos chicos se movilizan en motocicletas y automóviles. Contaron que los menores alteran su documento de identidad para poder ingresar a los boliches. Los estudiantes atribuyeron parte de la responsabilidad a los comerciantes inescrupulosos de la movida nocturna, que sólo buscan ganancia económica sin importarles los menores o el consumo de alcohol, realidad que también ocurre en las fiestas en viviendas particulares.
Otra parte de la responsabilidad la tienen el Estado y los padres, encargados de concientizar a sus hijos sobre los riesgos de conducir alcoholizados, así como de acompañarlos y contenerlos. Las alumnas entrevistaron a un compañero de 16 años que se accidentó en septiembre pasado, cuando circulaba con un amigo de 14 años en una moto sin casco en la que efectuaban picadas. El muchacho se mostró arrepentido y les dijo que si hubiera sido más prudente y hubiese usado casco no se habría accidentado. Una policía les informó que la mayoría de los accidentes tienen por protagonistas a menores y a la ingesta de alcohol; se registran aproximadamente cinco percances de tránsito por mes.
Los alumnos simoqueños han reflejado un problema que afecta a los jóvenes no sólo de su ciudad, sino de toda la provincia. En ese sentido, sería importante una actitud más activa por parte del Estado, no sólo en el control, sino también en materia de prevención. Mostrarse, por ejemplo, inflexible a la hora de otorgar licencias de conducir a menores. Para manejar un vehículo se necesita básicamente madurez emocional y plena conciencia de que una irresponsabilidad puede llevar a una persona a atentar contra la vida del prójimo y la propia.
En varias oportunidades, en esta columna hemos sugerido que un modo de crear conciencia entre los jóvenes de la secundaria es que recorran los hospitales recogiendo testimonios de víctimas viales que han quedado con discapacidades o entrevistar a fumadores que necesitan de un tubo de oxígeno para sobrevivir o a drogadictos recuperados con sus familiares. Como afirman estos chicos de Simoca, con educación, y el trabajo mancomunado del Estado y de los padres, se pueden combatir con mayor efectividad los flagelos que ponen en riesgo la vida y el futuro de la juventud.
En la última edición del nuestro suplemento "Nosotros lo hicimos", alumnos de la escuela parroquial Nuestra Señora de las Mercedes, de Simoca, reflexionaron, entre otras cosas, acerca del descontrol juvenil en el consumo del alcohol antes y luego del ingreso a los locales bailables. Es una situación que se repite los fines de semana y que genera un peligro posterior porque muchos chicos se movilizan en motocicletas y automóviles. Contaron que los menores alteran su documento de identidad para poder ingresar a los boliches. Los estudiantes atribuyeron parte de la responsabilidad a los comerciantes inescrupulosos de la movida nocturna, que sólo buscan ganancia económica sin importarles los menores o el consumo de alcohol, realidad que también ocurre en las fiestas en viviendas particulares.
Otra parte de la responsabilidad la tienen el Estado y los padres, encargados de concientizar a sus hijos sobre los riesgos de conducir alcoholizados, así como de acompañarlos y contenerlos. Las alumnas entrevistaron a un compañero de 16 años que se accidentó en septiembre pasado, cuando circulaba con un amigo de 14 años en una moto sin casco en la que efectuaban picadas. El muchacho se mostró arrepentido y les dijo que si hubiera sido más prudente y hubiese usado casco no se habría accidentado. Una policía les informó que la mayoría de los accidentes tienen por protagonistas a menores y a la ingesta de alcohol; se registran aproximadamente cinco percances de tránsito por mes.
Los alumnos simoqueños han reflejado un problema que afecta a los jóvenes no sólo de su ciudad, sino de toda la provincia. En ese sentido, sería importante una actitud más activa por parte del Estado, no sólo en el control, sino también en materia de prevención. Mostrarse, por ejemplo, inflexible a la hora de otorgar licencias de conducir a menores. Para manejar un vehículo se necesita básicamente madurez emocional y plena conciencia de que una irresponsabilidad puede llevar a una persona a atentar contra la vida del prójimo y la propia.
En varias oportunidades, en esta columna hemos sugerido que un modo de crear conciencia entre los jóvenes de la secundaria es que recorran los hospitales recogiendo testimonios de víctimas viales que han quedado con discapacidades o entrevistar a fumadores que necesitan de un tubo de oxígeno para sobrevivir o a drogadictos recuperados con sus familiares. Como afirman estos chicos de Simoca, con educación, y el trabajo mancomunado del Estado y de los padres, se pueden combatir con mayor efectividad los flagelos que ponen en riesgo la vida y el futuro de la juventud.







