Una barriada, entre el progreso y el delito

20 Noviembre 2012
Discriminación, compromiso, estigmatización, fe, delincuencia, dignidad, felicidad, desigualdad, esperanza. Todo ello surge de las notas que un grupo de jóvenes que viven en el Barrio Juan XXIII, conocido como "La Bombilla", y asisten a la escuela "Solidaridad y Paz", escribieron en nuestro suplemento "Nosotros lo hacemos".

A través de las encuestas y entrevistas, los alumnos fueron extrayendo algunas conclusiones, tales como que muchos jóvenes del barrio desean estudiar, conseguir trabajo y realizarse pero a la hora de buscar un empleo se encuentran siempre con el mismo problema, cuando les preguntan donde viven. "¿Sos de La Bombilla? No, mirá no tenemos trabajo para vos", les contestan. Tampoco los taxistas y las ambulancias entran al barrio por miedo a los asaltos. Sostienen que casi el 70% de los vecinos padece algún tipo de enfermedad, desde respiratoria hasta más graves y terminales y se ven en problemas cuando deben ser llevado a un centro asistencial y no disponen de movilidad. A muchos de sus padres les han negado préstamos personales por vivir en esa "zona roja". Para ayudar a la subsistencia del hogar, chicos de entre 6 y 18 años limpian parabrisas en los semáforos

La fama de la barriada, por cierto, no es gratuita. Según la Policía, se producen entre 10 y 50 delitos diarios; los más comunes son robo, asalto y homicidio. Algunos vecinos afirman que si los agentes patrullaran durante las 24 horas podrían mejorarse muchas cosas. Se quejan de la falta de iluminación en los pasajes Chile y Murga, en la calle Thames y en otros sectores. Contaron que cuando se produce un hecho delictivo, los policías aparecen después de varias horas y afirmaron que los agentes son violentos con las mujeres, en particular cuando quieren realizar un allanamiento y no tienen la orden del juez.

Pero también hay cosas positivas como la labor educativa y social que lleva adelante Gioconda Perrini, mentora de "Solidaridad y Paz", de un jardín de infantes y del CAPS, el cual está siendo ampliado. También la orquesta surgida del taller de Música Esperanza, movimiento creado por el pianista tucumano Miguel Ángel Estrella. "Gracias a ella nos sentimos valorados y no discriminados... La música nos hace muy felices, porque nos hace sentir bien como personas y que hacemos algo positivo por la sociedad", dijeron los chicos. Una labor similar cumple la murga "Los tocafondo". La mayoría de estos jóvenes rechazan los planes sociales y proponen que ese dinero se destine a mejorar la educación.

Este pantallazo de los alumnos está mostrando cuál es el camino para poder salir de la marginalidad, de la delincuencia y de la droga en que se hallan otros sectores como La Costanera, El Sifón o Trulalá. La educación, la salud, la música -pueden ser también las otras artes-, el pavimento, la luz le han permitido a una buena parte de la comunidad del Barrio Juan XXVIII ir construyendo la esperanza con esfuerzo y acciones concretas. Y aunque el delito está aún lejos de ser derrotado, existe el deseo de erradicarlo con el progreso. Esta realidad está indicando que el Estado debería involucrarse a fondo en un trabajo social, impulsar talleres artísticos, centros deportivos, alfabetizar a chicos y adultos. "También hay gente buena y honrada, que vive de su trabajo. ¡Sobre todo, los chicos que estudian como nosotros!", sostienen con orgullo jóvenes de La Bombilla.

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