El silencio es salud

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 16 Noviembre 2012
Pocas cosas molestan más que las palabras vacías. Aquellas que se dicen solo para quedar bien y que, en realidad, no tienen ningún sentido. Muchas, muchísimas veces, uno piensa que tan importante es esa famosa frase: "El silencio es salud".

El problema se agrava cuando esas palabras salen de la boca de un funcionario. De alguien que, en los papeles, debería estar preparado para saber cuándo abrir la boca y sobre todo, saber qué decir. No suena muy convincente, en medio de un anuncio que debería haber alegrado el 98% de los trabajadores, que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se despache con un "siempre me he sentido muy orgullosa de ser parte de esa formidable clase media argentina", cuando todos, inclusos los ultra K, saben que desde hace tiempo que la familia gobernante (tanto la actual como las anteriores) lejos está de ser parte de la clase media. Pero el poder parece ser razón suficiente para decir cualquier cosa. Y si no, el ejemplo de la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, no puede ser más paradigmático. En Tucumán, el martes, aseguró que los índices del delito han aumentado por situaciones como la exclusión social y el crecimiento desmesurado de los centros urbanos. Casi al mismo tiempo, a Bárbara Flores, la cara de la desnutrición en Tucumán, sus propios vecinos la atacaron ya que el Gobierno, en otra muestra de especulación, decidió ayudarla a ella luego de una de las últimas tormentas, y se olvidó de que en el barrio ATE viven decenas de familias con las mismas o peores necesidades que los Flores. Así se intentó apagar con nafta un incendio generado justamente por la falta de políticas sociales concretas.

Garré cometió un error garrafal, al que nos tienen acostumbrados los funcionarios de los tres poderes del Estado. Se metió, y de lleno, en la decisión que deben tomar los tres jueces a los que les tocó dirigir el juicio por la desaparición de Marita Verón. La ministra no puede dejar de saber que sus palabras van a ser tomadas como un elemento de presión. No es lo mismo, en este caso, que Susana Trimarco pida condenas ejemplares para los acusados, que haga lo mismo quien tiene a su cargo nada menos que la seguridad del país. Trimarco es la madre de Marita, es parte en el juicio. ¿Con qué argumento la ministra hace votos para que se tenga una sentencia ejemplar? ¿Qué sucederá si los jueces, actuando a Derecho, deciden que no hay elementos para sostener esa "sentencia ejemplar" que augura Garré? Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Eduardo Romero Lascano vienen escuchando testimonios desde hace ocho meses y de pronto ven cómo una de las más importantes ministras del gabinete nacional aconseja que se envíe a los acusados a la cárcel. ¿Y si los jueces consideran que no hay pruebas? ¿Y si ellos deciden que se debe profundizar la investigación y que ninguno de los que hoy están sentados en el banquillo de los acusados tuvo que ver con la desaparición de Marita? ¿Cuál será la reacción social contra esos magistrados, teniendo en cuenta que Garré, desde 1.300 kilómetros de Tucumán, considera que debe haber una sentencia ejemplar? Para peor, su opinión tuvo el correlato, como no podía ser de otra forma, del ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, quien ya dio por juzgados a los acusados al tildarlos de secuestradores y abusadores.

Garré, luego del 8N, admitió sentir "cierta culpa" por no poder revertir la "sensación de inseguridad" que, según su visión, instalan los medios de comunicación. Es en casos como estos cuando la máxima peronista se debiera volver carne: "mejor que decir es hacer". Y en consecuencia hacerle una oda al silencio.

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