La Cámpora ya está de campaña

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 14 Noviembre 2012
El cristinismo decidió ir a las bases. Y, en Tucumán, las bases pueden ser los municipios y las comunas rurales. La Cámpora, la coraza juvenil en la que se envolvió Cristina Fernández desde la muerte de su esposo, Néstor Kirchner, le pidió prestada la Casa de Gobierno a José Alperovich. Fue el lunes, en reuniones consecutivas convocadas en el antedespacho del mandatario tucumano. Lo curioso de las reuniones es que los jóvenes técnicos que envió la Casa Rosada para explicar el plan de obras no fueron precisos en cuanto a la manera en que girarán la plata; tampoco si ese dinero se repartirá de acuerdo con los índices de coparticipación. Más bien el criterio para usar unos $ 12.000 millones para pequeñas obras públicas de gran capitalización electoral en todo el país tal vez sea discrecional o, como ellos lo expusieron, un sistema en el que el más ordenado en presentar las carpetas se quede con el financiamiento federal.

La Cámpora ya está de campaña en Tucumán. El mismo lunes reveló que a la provincia le quedarán, líquidos, unos $ 450 millones. No es poca plata; equivale a la mitad de un plan de obras públicas anual o bien al esquema de financiamiento del Fondo Federal Solidario, el que surge del reparto un 30% de los recursos que se obtienen por las retenciones a la soja.

El programa "Más Cerca: Más Municipio, Mejor País, Más Patria" con el que se ejecutarán trabajos de cordón cuneta, pavimento, obras hídricas y arreglos de calles, entre otros, se financiará con una ingeniería presupuestaria que los jóvenes economistas que asesoran a la presidenta de la Nación redistribuirán de distintas partidas presupuestarias. Se extenderá, por lo menos, hasta días previos a las elecciones que se harán dentro de un año. El programa estará, sin embargo, bajo la órbita del Ministerio de Planificación.

El mensaje político de la Nación es claro: ganar las elecciones por amplio margen y con la idea de que el cristinismo tenga más que la simple mayoría en el Congreso. Huele a reelección. Pero también a gobernabilidad. No es lo mismo gestionar con menos poder parlamentario, sobre todo cuando se están agotando las fuentes de financiamiento nacional. Un interrogante también sobrevuela la sede del Ejecutivo. ¿Por qué la Nación decidió hacer un "per saltum" a Alperovich y decidir a quién le da la plata para obras? En Buenos Aires observan con cierta mirada de desconfianza los viajes al exterior del gobernador, particularmente porque no está a tono con el eslogan oficial de descansar dentro de las fronteras del país, al ritmo de la pesificación compulsiva en la economía.

El oficialismo intenta disipar rápidamente el fenómeno social denominado 8N. Aún más, camporistas y alperovichistas coinciden en su análisis que el 8N no puede tener el mismo efecto electoral que tuvo, por ejemplo, la famosa 125 (retenciones móviles) de 2009, cuando el Gobierno se enfrentó al campo. "Este 8N está muy lejos de las urnas", exclama un alperovichista de la primera hora. Demasiado optimismo para una gestión que está decidida a seguir enfrentada con la clase media tradicional y que aún no ha mostrado signos de acercamiento con medidas que tiendan a recuperar la imagen presidencial.

Mientras tanto, Alperovich trata de cerrar el año sin grandes contratiempos. Él también espera que el efecto "revalúo" se disipe cuanto antes, hasta marzo del año que viene. Las anteriores experiencias le han dado ese resultado. La ola recaudatoria tanto de diciembre como de enero puede llegar hasta marzo. Luego pueden venir los problemas por el lado de las paritarias estatales. No es poca cosa si se toma en cuenta que los años electorales siempre amplifican los reclamos. Y también los lamentos políticos.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios