Malditas visiones paralelas

Las paralelas son dos o más líneas o planos equidistantes entre sí y que por más que se prolonguen no pueden encontrarse. Trazando algunos paralelismos, se podría decir que en la Argentina, en general, y en Tucumán, en particular, estamos viviendo en mundos donde todo corre por carriles enfrentados, que marchan juntos, pero que no se cruzan.

La movilización del 8N ratificó la existencia de ese muro virtual que parte por el medio a la sociedad. Pudo verse a cientos de miles de personas quejándose del modelo K. Al menos en Tucumán, las personas que acudieron fueron notoriamente de clase media, con abundancia de familias y en especial de jóvenes. También hubo movilizados por partidos políticos, como los jóvenes boinas blanca del radicalismo. Pero la cuestión de fondo no es si la marcha fue orquestada por la oposición o si fue absolutamente espontánea: de uno u otro modo, miles y miles de personas se mostraron claramente y en la calle en contra de esta administración nacional. Las consignas fueron de las más diversas: desde pedidos de respeto por la Constitución y de los jueces hasta verdaderas muestras de intolerancia, como las de personas con afiches defenestrando el matrimonio igualitario. De todas formas, los que salieron a la calle forman parte de aquella "mitad menos uno" que no está a favor del kirchnerismo.

En la otra punta, la supuesta "mitad más uno" que avala a CFK se ubicó en posturas igual de radicales que la del hombre con el cartel con un dibujo de dos personas del mismo sexo, tomados de la mano y tachados con una cruz: no aceptan bajo ningún punto de vista la posibilidad de que haya una porción de la sociedad que no esté de acuerdo con el movimiento político gobernante. Ambas partes parecen bien tozudas. Por eso, son paralelas que no son capaces de cruzarse para entender qué siente cada parte y qué razón o virtud poseen unos y otros. Que los K no reconozcan que hay problemas reales y que los anti-K no vean virtudes es como el fanatismo propio de la irracionalidad del fútbol que plantea que Brasil o Argentina (según la nacionalidad) poseen malos equipos sólo por el hecho de pertenecer al opuesto.

También hay paralelas en San Miguel de Tucumán. En este caso, lo que corre por sendas que no se tocan es la administración municipal. El escándalo del Sutrappa, con venta de licencias truchas y otras irregularidades, ya había mostrado la existencia de un grupo paramunicipal. Ahora se detectaron agentes municipales de la Dirección de Producción y Saneamiento (Dipsa) que estafaban por igual al municipio y a empresas privadas. Los hombres hacían cobros y daban permisos, pero truchos. Ahora, un fiscal quiere cruzar esas municipalidades paralelas e investiga los contactos de los imputados con otros agentes de otras reparticiones, como la Dirección de Ingresos Municipales. Con este tipo de hechos, la duda es si existe un aval entre las cúpulas de las diferentes esferas de la administración para que durante tantos años persista este paralelismo. O si el intendente actual o sus antecesores nunca quisieron que esas "rectas" se cruzaran. Otra vez, el mundo de los paralelos se muestra dañino.

En el palacio de vidrios oscuros también hay dos facciones que van juntas y, como vías de tren, llevan hacia adelante la misma locomotora. Pero, como buenas paralelas, tampoco se unen. En el bloque oficialista de la Legislatura, experimentados y jóvenes se concentran en pelear por espacios de poder y con ello relegan decisiones importantes. Lo demostraron con el debate por la inconstitucional ley de contravenciones y con el de la impopular e ineficaz ley de 4AM. En ambos casos, los aportes para que haya más seguridad ciudadana son tan escasos como abundantes las diferencias internas.

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